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Posts Tagged ‘Slice of Life’

Lectura #6: Aruku Hito

Walking

Jirô Taniguchi | 1990 – 1991 | Seinen – Slice of life

¿Quién en estos días se toma el tiempo para subir a un árbol para bajar el juguete de un niño? ¿Quién se detiene a observar las aves? ¿Quién juega en los charcos después de la lluvia? ¿Quién se acerca al mar para regresar una pequeña concha? El Caminante lo hace mientras pasea por el Japón urbanizado —a menudo en silencio, a menudo solo— con sus sueños vívidos que permiten que el tiempo se detenga.

Aruku Hito (El Caminante), es un Seinen, pero a la vez una historia simple, que retrata algo que cualquiera haría, no hay acción, ni comedia, ni drama… No tiene una estructura de una historia común, pero es de la vida diaria… con un significado tan profundo y simple a la vez que sorprende. Quizá algunos piensen que es algo que se podría resumir en un capítulo, pero sé que no tendría el mismo significado que después de haber leído el tomo completo.

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Lectura #5: Aria

Aria

Kozue Amano | 2002 – 2008 | Shônen – Slice of life

Si jamás se ha experimentado ese tipo de manga conocido como “slice of life”, sí, esas historias donde lo cotidiano toma el papel central, la verdad es que te resultará casi imposible pensar que dichas historias puedan traspasar lo mundano y convertirse en obras tan entrañables como interesantes.

A lo largo de los años los artistas de manga, comandados por Jirō Taniguchi (1947-2017), se las han ingeniado para darle un nuevo significado a las historias de la vida diaria, así como a las costumbres de cada época, al punto de volverlas tan interesantes como la trama más elaborada. Pero no sólo de Taniguchi vive este tipo de manga. En 2002, de la mano de su Neo-Venecia ubicada en un Marte terraformado, Kozue Amano nos entregó Aria, una de las historias más cálidas y reconfortantes que uno puede llegar a leer no sólo dentro del género mismo, sino dentro de la industria en general.

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Reseña [Manga]: Noramimi

Autor: Hideo Yamamoto  Revista: Young Sunday  Lanzamiento: 1992  Géneros: Drama, psicológico  Demografía: Seinen  Tomos: 1

  Autor: Kazuo Hara
  Revista: Ikki
  Lanzamiento: 2003
  Géneros: Comedia, Slice of life
  Demografía: Seinen
  Tomos: 8

Si hay algo que no ha caracterizado a la publicación de reseñas —que aunque muy esporádicas, forma el corazón de este espacio—, es el reflejar la última obra que he consumido, o al menos una de los más recientes. No existe un factor específico para no recurrir seguidamente al último manga leído o al último título de anime cada vez que me da por realizar una reseña. De igual modo, tampoco ha existido una razón máxima o determinante en las ocasiones que he roto con este patrón, y que no han sido muchas: Densha Otoko, Baby Face, Beijing Chronicles… y ya. Si en su momento las reseñe, una vez habiéndolas terminado, no fue sino por simples azares del destino, y no por realmente querer manifestar algo a través de dichas obras. Sin embargo, esta ocasión es diferente, ya que apelo a mi última lectura, Noramimi, con el claro objetivo de expresar un punto, que si bien es inherente a cualquier lectura de manga, y es un tema del cual se habla casi con total seguridad cuando se opina sobre una obra en cuestión, vale la pena traerlo como tema de apertura para esta reseña, ya que es algo que invariablemente nos ayuda a ver desde otros ojos la diversidad del cómic japonés.

Ya lo hemos puntualizado en varias ocasiones, he incluso a servido para iniciar una que otra reseña: el mundo del manga es extenso y muy diverso. Y para hablar de dicha diversidad, que convierte a este en un medio fuertemente incluyente, solemos referirnos a géneros, temáticos y demográficos. Tanto demografías como temáticas conforman el librito bajo el cual se catalogan los títulos, y que irrefutablemente es muy beneficioso para decantarnos por uno u otro manga. Pero si bien estas dos clasificaciones son la esencia para discernir entre títulos, leyendo Noramimi me di cuenta que es muy valido, y muchas veces necesario, referirnos a ciertos mangas por la forma en que resulta conveniente leerlo por producto de su construcción. Por ejemplo, como no hablar de esos mangas que una vez inicias no se pueden dejar hasta terminarlos; o de aquellos que por su argumento y trasfondo debemos leer minuciosamente para no perder idea; están, por otro lado, aquellos que ameritan una lectura apacible en una buena tarde.  Pero también tenemos aquellos, que al igual que Noramimi, fueron creados para complementar la lectura de otras obras: mangas que no requieren ser el pato principal en la dieta de un buen lector, y que tampoco deben serlo, sino que por su naturaleza se disfrutan mucho más yendo poco a poco, llenando esos huecos libres que todos tenemos en nuestro día a día.

Sinopsis

En el universo de Noramimi, la mayoría de las familias tiene su propia mascota. Esas extrañas y divertidas criaturas, que viven junto a las familias, sirven de acompañantes para los pequeñines hasta que, un determinado día, deben decir adiós a su pequeño amigo y buscar otra familia con la cual convivir. Para ayudar en este proceso existen las agencias de mascotas, quienes apoyadas en sus completas bases de datos facilitan a las mascotas el localizar a la familia más idónea para su tipo.

Noramimi es una de esas criaturas, desafortunadamente para él, el ser una mascota tipo ogro no lo hace precisamente popular entre los pequeñines, lo cual lo mantiene fuera del mercado. Pero en lugar de esto ser un problema, Noramimi encuentra en este hecho una oportunidad única para ser algo diferente, para vivir según sus propios gustos… eso si, ayudando a las labores de la agencia de mascotas en la cual vive y trabaja.

Y tú, ¿qué tipo de mascota estas buscando?

Aunque todos hemos oído en más de una ocasión la famosa frase de «no juzgues un libro por su portada», apriori a su lectura es muy complicado no empezar a formularnos ideas y juicios adelantados, que pueden varían en cantidad y fuerza según el título y lo poco que sabemos de él. ¿Un manga sobre convivencia entre mascotas y niños? ¿Agencias de mascotas? ¿Valdrá la pena, ya que seguramente es una comedia sin más? ¿En verdad es un Seinen? Estos pueden ser algunos de los cuestionamientos que posiblemente venga a la mente de los lectores con ciertas intenciones de darle la oportunidad, además de formulaciones sobre como es su contenido. Y no es para menos, la carta de presentación de este trabajo de Kazuo Hara fomenta la construcción de pensamientos de esta índole. Pero, dejando fuera estas cuestiones, el manga nos recibe, precisamente, con la frase antes mencionada al descubrir que no es absolutamente nada de aquello que nos habíamos planteado con anterioridad.

Dottari conociendo a su nueva familia.

Dottari conociendo a su nueva familia.

Kazuo Hara nos pone ante una caja, una muy grande caja, de sorpresas. Mismas que como lo adelantamos, comienzan a surgir prácticamente desde que nuestras ideas preconcebidas son tiradas por la borda y nos encontramos en casi total predisposición para asimilar el contenido que se nos presente. Si bien en esta caja de sorpresas entran desde la personalidad de los personajes, hasta elementos como el ritmo de lectura y el formato de la comedia, también es muy cierto que la caja se vacía casi de inmediato. ¿A qué me refiero con esto? Me refiero a que Hara prácticamente juega todas sus cartas desde muy temprano en la contienda —considerando que estamos ante una obra que se compone de 8 volúmenes—, y guarda muy pocos cartuchos para, si bien no reinventar su creación, darle unos pequeños empujoncitos de alivio. Pero aquí es donde caemos a lo que argumentamos en la introducción de esta entrada: si nos volcamos con voracidad sobre Noramimi, seguramente terminemos aborreciendolo hasta cierto punto. De aquí que es vital, para nuestra dieta lectora, ir poco a poco con este manga, porque una vez arranca y nos metemos de lleno con su peculiar mundo, difícilmente encontraremos elementos diferentes que rompan la narración en torno al día a día de las mascotas. Afortunadamente su autor acertadamente previo esto, y la construcción en forma de historias autoconclusivas nos encamina a ir poco a poco con su lectura, a limitarnos en cantidad e ir descubriendo día a día nuevas historias.

Pero vamos, no sólo es cosa de tratarse de historias autoconclusivas el motivo por el que este manga se degusta mejor yendo con mesura, sino que el formato de historias cortas se nutre no sólo con un inmenso reparto de personajes (mayormente mascotas, pero también tenemos a los encargados de la agencia), sino que además, Hara, se encarga de construir un universo en forma muy detallada, precisa y con un sentido del humor bastante particular. Es completamente elogiable el esfuerzo puesto para brindarle sentido a toda la mecánica que rige al universo del manga, y ya quisieran muchas obras respaldar sus acontecimientos en medios ambientes tan específicos y acertados. Los detalles no son pocos, primeramente tenemos lo más importante: existe un gran interés y empeño para describir como funciona todo el sistema de mascotas (que no es muy complejo pero se aplaude el gesto), destacando muchas de las páginas finales complementarias, en las cuales se describen formalmente muchas de las situaciones por las cuales atraviesan las mascotas para poder encontrar su nueva familia. Además, a medida que transcurre la historia en torno al mercado de mascotas, tenemos múltiples guiños en donde se extrapolan las estrategias de mercado actual, al presentado en el manga, y no olvidar que existe una que otra sátira presente.

El tema de los personajes es la parte medular de la obra, es corazón, alma y sustento, para que la fórmula de un manga relativamente largo, en el cual no puede existir un desarrollo de personajes ni un argumento creciente sea completamente funcional. No es para nada sencillo entrar en el terreno del Seinen y presentar a lectores una creación que no forma su base en un fuerte desarrollo de los personajes y los temas que pone sobre la mesa, cuando ellos se refugian en ésta demografía precisamente buscando eso; sin embargo, echando mano de un maratónico desfile de personajes logra contrarrestar dichos impedimentos, y forma una sinergia perfecta con el formato de historias. Esto se logra gracias a que el extenso cuerpo de mascotas se encuentra perfecta mente definido. Todas y cada una de estas interesantes criaturas son diferentes entre si, desde los tipos de las mismas, pasando por el estilo visual y terminando con lo más importante: la diversidad de personalidades. Así es, el punto clave son las “personalidades”, aquí la intención no es cimentar una narrativa en torno a simples acompañantes de juegos, sino es presentar a cada mascota como un verdadero, y bien construido, personaje. A través de cada capítulo se van vertebrando relatos en donde el eje fundamental es trascender más allá de las apariencias, para adentrarnos en las problemáticas y disyuntivas a las que deben hacer frente, y como estas afectan su forma de relacionarse con sus familias, con otras mascotas e, inclusive, con ellos mismo.

Noramimi se toma muy en serio su trabajo... quizá demasiado en serio.

Noramimi se toma muy en serio su trabajo… quizá demasiado en serio.

Aunque casi en cada capítulo se nos recibe con una nueva mascota, y una nueva historia que contar, existe una serie de mascotas que toman un rol un poco más central y forma, a menudo, parte de la dinámica de las agencias, o compartiendo escenario con otras mascotas y acompañándolas a solucionar o agravar sus problemas. Sin embargo, existe una abismal diferencia entre el carisma de todas ellas —exceptuando una— con respecto a la figura central de Noramimi. La figura central es con creces lo más destacado, es una figura con mucho ángel, con una personalidad completamente desenfadad que brinda frescura y diversión, y con ciertos problemas para obedecer la autoridad. Así que no es de extrañar porque el manga lleva su nombre. Sin embargo, la historia nos regala a Dottari, una mascota tipo duende, de la cual no podríamos decir que la inteligencia es una de sus virtudes, sino todo lo contrario. Dottari es, como diría nuestro pequeño ogro, un completo retardado y olvidadizo, pero es un retardado desaforadamente genial que se convierte en el principal referente cómico a medida que se embarca en titánicas tareas, tales como ir a la tienda intentando no olvidarlo en el trayecto.

El apartado gráfico con el cual Hara sella esta caja de agradables sorpresas, no podía estar más adoc con el tipo de argumento. El concepto visual es, en términos generales, simplistas, divertido y despreocupado. El diseño de personajes se encuentra muy cargado hacia lo caricaturesco con cuerpos exageradamente redondeados y expresiones muy marcadas, tanto faciales como corporales. En esto se nota un juego en el que ingeniosamente se simula un manga puramente infantil. Concluyendo, creo que a través de la plumilla es como su autor nos demuestra no sólo sus dotes como artistas, si no más que nada su irrefutable ingenio.

En suma: Noramimi es un manga de esos que son lectura casi obligada para cualquier fanático, ya que se adapta a todo tipo de paladares, sin contar que es un excelente antídoto para combatir esos diminutos tiempos libres los cuales, muchas de las veces, no sabemos en que ocuparlos. Es una obra que fácilmente te puede hacer el día con las peculiares y divertidas andanzas del amplío y diverso reparto. Además, destacar que estamos ante una obra que representa un experimento llevado a buen puerto, y que logra colarse con gran tino como una de las obras atípicas y casi ajenas de la demografía.

Lo mejor:

  • Una manga sin muchas pretensiones, sencillo y muy agradable.
  • A más de uno le hará evocar los momentos más felices de su infancia.
  • Un apartado visual tan simple como atractivo y divertido.
  • Se puede leer prácticamente en cualquier momento y situación. Además de que puede servir como complemento para lecturas más principales.

Lo peor:

  • En ocasiones existe un exceso de diálogos considerable.
  • Algunas historias poseen menos carisma que otras.

Reseña [Manhua]: Beijing Chronicles

Autor: Hideo YamamotoRevista: Young Sunday  Lanzamiento: 1992  Géneros: Drama, psicológico  Demografía: Seinen  Tomos: 1

  Autor: Varios Artistas
  Revista: N/A
  Lanzamiento: 2008
  Géneros: Slice of Life
  Demografía: Seinen
  Tomos: 1

Cuando conocí la existencia de Beijing Chronicles, la justa olímpica de Londres 2012 estaba a no más de medio año de dar inicio, algo que la hacía vislumbrar relativamente cercana —teniendo en mente que las televisoras nos venden el evento 4 años antes—. Como fiel apasionado a los deportes, por supuesto que los juegos olímpicos son un evento que espero con muchas ansias. De tal manera que me fije el leer este cómic de origen Chino antes de que Londres 2012 diera inicio, y realizar su correspondiente reseña como preámbulo a la justa, o bien posterior a su terminación; sin embargo, y como casi siempre, otros intereses capturaron mi atención, y este pequeño proyecto ni siquiera se acerco a ser realizado. Y no ha sido sino hasta estas fechas que por fin le he otorgado un tiempo y lo he leído con gusto.

A través de la historia de los Juegos Olímpicos Modernos, estos no sólo se nos han presentado como la máxima justa deportiva que puede presenciar el ser humano, y en donde se congregan los mejores atletas de cada disciplina, sino que además también se nos presentan como un evento que sirve para fomentar la unión entre las naciones por encima de razas, credos, ideologías, idiomas, rasgos culturales, etc. Sin embargo la fastuosa y muy disputada justa, no sólo se limita a lo lúdico y al discurso de armonía y amistad. Las Olimpiadas representan un evento de enorme complejidad en donde se conjuran una cantidad importante de aspectos que se suman a los fundamentales en torno a la celebración. Estos aspectos a los que me refiero son encabezados inequívocamente por todo lo correspondiente a lo socioeconómico, y de ahí podemos seguir con la notoriedad mundial, el liderazgo político, el desarrollo urbanístico y de infraestructura deportiva, el fomento del turismo y la cultura, entre varios más. Pero no estamos aquí para abordar estos aspectos, no sólo porque representan un inmenso mar de contenido repleto de controversia y debate continuo, sino porque este es un espacio dedicado al manga y el anime; la razón por la cual he mencionado este grupo de aspectos e impactos es simplemente, y como en otras reseñas, para contextualizar la obra en cuestión y poder realizar un trabajo mucho más rico, ya que si algo busca esta obra es precisamente apartarnos de todo lo mencionado, y manifestar que incluso un evento de la envergadura de unos Juegos Olímpicos producen cambios muy pequeños en la sociedad de la ciudad sede.

Sinopsis

Surgido como una colaboración entre diversos artistas chinos, Beijing Chronicles plasma la visión de cada uno de ellos sobre la capital del país más grande del orbe, y cómo la justa olímpica celebrada en 2008 cambió la vida de los habitantes.

Los rostros de una ciudad

Tal como lo planteamos en la introducción, este Manhua (cómic de origen chino) tiene una dirección fácilmente perceptible: mostrarnos los pequeños-grandes cambios que los Juegos Olímpicos de Beijing causaron en ciertos sectores de la sociedad, para bien o para mal. Con una apuesta tan clara no parecería existir complicación alguna para abordarlo, sin embargo esto no es tan sencillo, y la cosa se complica un poco por el hecho de no estar ante un trabajo de una sola autoría, sino ante un trabajo colaborativo. Y aunque el hilo conductor es el mismo, en esencia, las perspectivas y los estilos son muy contrastantes.

Lo más sencillo para enfrentar esta disyuntiva, sin duda sería englobar todas las historias tratadas en este tomo único y concebir una generalización del hilo conductor. Pero si se dispone del tiempo y espacio suficiente, considero como un terrible error el generalizar este trabajo. Mezclar todas las historias para exponer una visión única no sólo diluye por completo la esencia que yace en cada pequeño relato, además nos priva de poder rendir el debido tributo a cada autor y expresar su forma de entender esta arte secuencial. De tal manera que lo más adecuado es ir avanzando capítulo a capítulo, historia a historia y artista a artista.

De todas las historias que forman este interesante cóctel  no pudo haber mejor mano para escoger aquella que sirve de puerta de entrada que la surgida de la mente y pluma de Ji’An. La obra de Ji’An es vacilante y fragmentaria: su concepto visual es todo armonía, mientras que su argumento refleja un choque cultural y generacional muy importante. La gran armonía que expresa el despliegue visual nace de su paleta de colores suaves y cálidos, con la cual se da vida a los personajes de trazo sencillo y agradable, así como al modesto pero vivaz vecindario que sirve de punto de reunión para los adultos mayores. El gran acierto del autor estriba en ponernos en los zapatos de los ancianos dentro de este mini-revolución cultural, porque no es secreto que son ese sector de la población los que más resienten cualquier tipo de cambio. Y todo ello nace de la propaganda del país sede que busca cambiar el orden social para dar la más digna impresión a los visitantes y postularse como un destino atractivo más allá de la justa. Otro aspecto que nos deja entrever este capítulo, es que el cubrir la demanda en infraestructura deportiva que la celebración exige sí, muchas veces sirve para darle una terminación a una ciudad que en su momento no dispuso del capital necesario, pero también esta el lado del desalojo de personas de sus viviendas para abrir espacio para los estadios.

The Box of Wishes

The Box of Wishes

Liang Yi es el autor que da vida a la segunda historia, The Box of Wishes, la cual nos lleva a la vida de un regordete adolescente que alguna vez tuvo el sueño de portar la antorcha olímpica. Sin duda uno de los trabajos entrañables que alberga este volumen, y además una historia que nos invita a reflexionar sobre el rumbo de nuestras vidas, y que sirve para alentarnos a no abandonar esos objetivos que una vez nos planteamos. En ella se refleja como la justa tiene un impacto preponderante y favorable en los jóvenes, principalmente fomentando la saludable práctica que es el deporte. Y la idea visual bebe de la misma copa, y con un trazo redondo y básico en abundancia de un filtro fotográfico muy colorido para conectar bien con los más pequeños.

Desde su título, Ha ha ha!, la visión Liu Wei nos dispone a leer algo diferente a los anteriores 2 relatos. En ella más bien nos habla de la multiculturalidad que surge de esta magna ceremonia, y que es un eje fundamental para promover la unión entre naciones a través de la interacción social. Se ocupa, por otra parte, del tema de la música, aunque muy por encimita y más que nada enfocándose en la sana competitividad.

Nie Jun y Fish, siguen la estela dejada por Liang Yi en la segunda historia, y vuelve a remitirnos al interés que es despertado en los pequeñines. Pero no nos echemos para atrás al contemplar esa primera página de un grafismo raro, quizá burdo y de trazo simplista y un tanto errático. No veamos con desdén a estas viñetas y pasemos de largo ante esta historia, porque tenemos ante nuestros ojos un poema visual, una narración plena y rebosante de vida que nos deleitará los sentidos y el espíritu. Fish no sólo afirma que las únicas restricciones para cumplir nuestros sueños son aquellas que nosotros mismos nos imponemos, sino que tras este mensaje existe la manifestación de un amor puro y sincero: el de un abuelo por su nieto, y el de un nieto por su abuelo. Al ver al pequeño nieto entrenar para ser un medallista olímpico de natación, colgándose de un árbol a través de una soga sujetada por su abuelo, es imposible no evocar a La Maison en Petit Cubes y Glassy Ocean, obras que, al igual que la emergida de la vivaz mente de Nie Jun, nos exhortan a disfrutar de las pequeñas cosas que están presentes en nuestra vida.

Line 104

Line 104, un experimento visual

«Para mí, el ping-pong no era sólo un deporte; era mi vida» es la frase con la que Cheng Cheng abre su participación. Creo que no existe frase más acertada y con mayor fuerza para reflejar lo que significa el ping-pong en el país más grande del mundo, y que lo ha llevado a ser la primera potencia mundial es ese deporte. Pero estas no son viñetas exclusivamente formular para hablarnos del gusto que el pueblo chino tiene hacia este deporte, y a diferencia de otros de las historias que también nos hablan sobre los sueños olímpicos, la escrita por Cheng hace especial hincapié en los obstáculos que surgen sin previo aviso y que pueden orillarnos a abandonar toda esperanza. Sin embargo, y esto lo deja muy en claro, la vida no ahorca por completo y siempre y cuando nosotros lo aceptemos, esta siempre nos brinda una segunda oportunidad. Otra particularidad es su estilo de dibujo totalmente a color, y el cual da un aire más occidental que oriental.

Beijing Pistols, es el nombre de la sexta historia. Interesante nombre, ¿no? Bueno, esta creación de Jian Yi no podemos ocultarlo, es de las más flojitas que nos ofrece la recopilación. Sin extenderme más la historia nos muestra que no es fácil forma parte del cuerpo de ayudantes, y menos cuando los prejuicios sociales están a la orden del día y tu eres miembro de una banda de rock. El sentido es precisamente ese: la discriminación escondida bajo la bandera de dar la mejor impresión posible, y por otro lado,el desahogo social.

Love Under the Moon of the Mid Autumn Festival, de Zou Jian, se despega del resto de las historias para llevarnos a territorios más duros. La historia nos acerca a Zao Yu, una chica cuya casi nula feminidad la hace parecer un varón, motivo que la hace sentirse completamente insegura al extremo de esconder, en lo posible, su rostro. Y su parecido a los varones no es sólo estético, sino también en fuerza física, y ello no le incomodaba tanto durante su infancia e incluso la llevo a ganar torneos de lucha olímpica. Pero ahora la cosa es diferente, y los aires olímpicos que rondan Beijing, martillan su cabeza con recuerdos de aquellos días que desea por completo olvidar. Una historia más pesada, más difícil de digerir, acompañada por un dibujo tanto pictórico y con toques melancólicos y decadentes.

De corte estético completamente vanguardista, Line 104, obra de Song Yang, es una apuesta visual delirante, con múltiples juegos visuales y con arriesgadas mezclas de colores y estilos gráficos. Para continuar redondeando las múltiples perspectivas, el capítulo se ocupa de sumergirnos en los retos que tuvieron que enfrentar los medios de transporte público para no dejar a su suerte a los visitantes extranjeros.

Hasta este punto, seguramente para muchos el tomo resulta en toda una experiencia visual, más por lo diferente que por el valor artístico. Bueno, The Jump de Lu Ming, sin duda hará que todos los lectores acostumbrados únicamente a mangas muy ortodoxos se sientan como en casa. De una calidad artística envidiable, y con un trazo altamente realista y estilizado, The Jump nos retorna a la narrativa visual en blanco y negro, haciendo especial enfoque en los contrastes que en ella se pueden lograr. Pero centrándonos en la visión que se nos proyecta, este trabajo resulta ser el más disperso de los 11 expuestos. La historia, solitaria y en tono depresivo, muestra un paralelismo entre el jubilo del pueblo que se rinde a la celebración olímpica, y el doloroso duelo de alguien que ha perdido a un ser querido.

No sólo las diferentes obras están creadas con el propósito de mostrar esos pequeños cambios que brotan en la sociedad con la llegada de tan magno evento, sino que buscan que veamos con otros ojos a este país asiático y ellos destrozar los prejuicios que se han cernido sobre su sociedad. Y si hay una obra que lo dice abiertamente, esa es Elephant. De la autoría de Wang Huan, Elephant, nos sitúa en la vida de un periodista deportivo de origen francés y la experiencia que vive en Beijing. Unas cuantas páginas que nos llevan por diferentes aspectos de la vida del pueblo chino y que nos invitan a conocerlos más a profundidad.

La promesa de volver a Bijing

Elephant y la promesa de volver a Beijing

Como colofón de las historias cortas, Song Yang, nos ofrece The People of Beijing, una mirada que clama por ver con igual dignidad a los llamados sectores marginales de la sociedad. Ligándola a la historia que da apertura a este compilado, The People of Beijing también se centra en los adultos mayores, pero en esta ocasión mostrándonos que si bien ellos sufren más con cualquier tipo de cambio por menor que este sea, así mismo existen aquellos que intentan adaptarse a la modernidad y los retos que ella conlleva. Una historia muy digna para cerrar este peregrinar por los diferentes sectores del pueblo chino.

En definitiva, un manhua que nos sumerge en el interior del país más grande del mundo, para desmitificar la idea de que una justa de magnitudes mundiales, no sólo viene acompañada de grandes cambios, sino que aún indirectamente puede influir de manera positiva o negativa en diferentes aspectos de la vida de las personas. Una convergencia de historias, de ideas, de personajes, de impactos, de sentimientos, de estilos visuales… y sobre todo, de formas de entender una arte como el cómic.

Lo mejor:

  • Buena diversidad de temas.
  • Una amalgama visual, una conjura de grafismos y discursos visuales para no dejar indiferente a  ningún lector que se jacte como gustoso de lo poco habitual.
  • Conocer un poco más de los alcances de los Juegos Olímpicos más allá de lo que ofrecen las televisoras.

Lo peor:

  • Si buscas algo que profundice en los micro impactos este manhua no es para ti.
  • Algunas historias son mucho más brillantes que otras.

Reseña [Anime]: Tokyo Godfhaters

2012/12/23 2 comentarios

  Director: Satoshi Kon
  Estudio: Madhouse
  Lanzamiento: 2003
 Géneros: Drama, comedia, slice of ..life
  Demografía: Seinen
  Tipo: Película

Por encima de rasgos físicos, estatus sociales y económicos, y demás cosas materiales y mundanas, todos somos iguales y compartimos los mismos derechos; sin embargo, muchas de las veces nos empeñamos como especie en vanagloriarnos y sentirnos superiores de algunos de nuestros congéneres, todo ello hasta que la muerte, que no distingue entre unos y otros, nos hace ver la realidad: “todos somos iguales”.

La muerte es uno de los signos que pone de manifiesto nuestra igualdad como seres humanos, y es innegable que el dolor que ella conlleva siempre estará presente, como bien lo retrata el escritor y moralista francés, Jean de la Bruyére, con su frase: «La muerte no llega más que una vez, pero se hace sentir en todos los momentos de la vida». Pero a esta frase sería correcto añadir, que este terrible sufrimiento, no siempre es el mismo: algunas muertes —especialmente las de aquellos con quienes estamos fuertemente unidos— dejan un dolor más intenso y con una marca más profunda.

El 24 de agosto del pasado 2010, el mundo de la animación japonesa fue embargado por  una gran pena… Satoshi Kon había muerto a sus 46 años. Había muerto el celebré director del estudio Madhouse, aquel gran estandarte de la animación comprometida y realista. Y el vacío que dejo en el mundo del anime es amplío y profundo… imposible de llenar. Su obra estuvo siempre bañada por una fuerte carga social; fue un director comprometido con narrar las problemáticas, las paranoias, las preocupaciones y los temas oscuros que aquejan a la sociedad japonesa contemporánea. Pero a la par del realismo de su trasfondo, barnizo sus obras en un profundo e hipnótico onirismo.

Sinopsis

Es Navidad y la nieve cubre la ciudad de Tokio con su blanco manto. En algún lugar de Shinjuku encontramos a tres vagabundos: Gin, Hana y Miyuki. Una noche oyen unos lloros que salen de entre un montón basura y encuentran a un angelical bebé. Gin insiste en llevarlo a la policía y que ellos se encarguen de él. Sin embargo, Hana, que siempre ha tenido la ilusión de tener un bebé, no quiere dejárselo a nadie y que sean ellos mismos los que busquen a los padres. Así será como estos tres amigos se embarcan en la aventura de encontrar a la familia del bebé…

La importancia de los lazos afectivos y la paz interior

Muy amenudo, y más que nada por desconocimiento, se suele encajonar a Tokyo Godfathers como una cinta que representa un completo punto y aparte en la carrera del fallecido Satoshi Kon. Es verdad que para esta entrega Kon no echa mano de lo onírico, ni nos lleva a una paranoia limbótica que pone de manifiesto la delgada línea entre lo real y lo ficticio. Tampoco nos embriaga los sentidos con sus toques de surrealismo, ni mucho menos nos muestra su genio para fragmentar la linealidad temporal de una historia para postularnos a la vida como un rodaje continuo. Pero todos y cada uno de ellos son elementos que aderezan el trasfondo fundamental de toda su obra, que como dijimos en los párrafos iniciales, busca sacar una radiografía de la sociedad y como viven el día a día, lo cual es la base sobre la que se construye esta historia.

Satoshi Kon fue una de las personalidades del medio que más profundamente desmitifico a la sociedad japonesa. Mucho de lo que se cuenta sobre la sociedad nipona y sobre los que la conforman es totalmente cierto: son muy honestos, respetuosos, tienen valores muy arraigados, son organizados, son afables, atentos y demás virtudes. Sin embargo muchas veces idealizamos en demasía esta idea, y modelamos a los japoneses como gente perfecta, sin problemas personales ni laborales, y precisamente Kon se ha enfocado en demostrar lo contrario, y dejarnos ver que los japoneses tienen problemas como todo el mundo, incluso algunos de ellos muy serios y latentes.

Con Tokyo Godfathers, Satoshi Kon, se abre al mundo, ya no sólo hace un trabajo concebido para un público japonés y en donde narra la vida de los japoneses promedio. Y tal si fuera el gran maestro español Luis Buñuel, en su emblemática cinta Los Olvidados, el prodigio de Madhouse toma como inmejorable telón de fondo a la fastuosa e inmacula urbe de Tokyo, para contarnos, cara a cara, la universalidad de un problema como es la marginal vida de los indigentes, aquellas personas sin un hogar al que regresar cada noche y, aprovechando, romper los prejuicios que la sociedad ha implantado sobre las personas que lamentablemente se encuentran en esta situación. Pero esta no es sólo una cinta sobre la dura vida que tienen que enfrentar un trío de vagabundos completamente disfuncional, y fiel a su estilo de crítica social sin matices ni tapujos, es que elige precisamente tan relevante fecha para lo sociedad como es la comprendida entre del 24 de diciembre y el 1 de enero.

El niño que inicio del milagro

El niño que inicio del milagro

Cuando hoy en día pensamos en “Navidad y Año Nuevo”, pensamos, inmediatamente,  en lo material, en todos los regalos que hay que comprar para dar a aquellas personas cercanas a nosotros, y de quienes esperamos algo reciproco, es decir, que inviertan en algo material para complacernos. Pensamos, a su vez, en las fiestas, con su opulencia y sus toneladas de comida que al final termina sobrando. Y es que no lo podemos negar: nos hemos vuelto materialistas e interesados. Ahora somos adictos al consumo, somos cómplices del capitalismo voraz pregonado por los gringos, y nos sentimos muy orgullosos de seguir, como simples títeres, a la sociedad materialista que maquinalmente han formulado los americanos como símbolo de felicidad, y que tristemente se nos ha metido hasta por debajo de la lengua.

Son muy pocas las personas que hoy en día toman estas fechas como una época proclive para la celebración espiritual, para encontrarnos interiormente, para enmendar nuestros errores en la medida de lo posible y recomponer el camino, pero lo más importante: para estar en comunión con nuestros familiares y personas cercanas. Y a ello, a revivir este espíritu de paz y armonía, a abrazar el calor humano y rehabilitar los lazos afectivos con nuestros familiares y la sociedad para salir de esa burbuja de consumo, es a lo que se nos invita por medio del carrusel de emociones por el que pasan el entrañable trío protagonista.

El gesto humano que supone, no sólo por parte de un grupo de disfuncionales indigentes, sino de cualquier persona, el hacerse cargo de un bebé abandonado y darse a la titánica y loable tarea de seguir un conjunto de pistas para dar con el paradero de los padres, no sólo supone ser el eje central de la trama, sino que además todas las vicisitudes para completar la empresa aparentan contener todo el sentido del trasfondo que engendra esta joya de la animación. Pero si bien el pequeñín es el detonante para el progreso de la tierna y conmovedora narrativa, también él mismo es el que logra darle un segundo sentido al famoso viaje… un sentido no real, no físico, sino interior.

Desde que se encuentra al pequeño en el basurero, y a medida que se avanza en este largo y noble peregrinar, cada uno de los personajes emprende a su vez un viaje, un viaje personal, interior… Cada uno de ellos entra en un examen introspectivo que los lleva a darse cuenta de su actual realidad y de los errores que los han llevado a estar en tan lamentable situación, que no es de miseria económica, sino interior, personal y familiar. Y no todo se queda en simples lamentaciones sobre la pesadumbre y vacío de su ser, sino que el viaje es más que nada de expiación.

¿Y es verdad que sale una familia Latina? Así es, aquí la prueba

¿Y es verdad que sale una familia Latina? Así es, aquí la prueba

La idea de tener un personaje o grupo de personajes, que enmiendan sus errores para emprender un nuevo vuelo, no es nada del otro mundo, no es algo que jamás hayamos visto, pero lo que hace especial a esta cinta en lo referente a este tema, estriba en como se va construyendo todo el concepto y la gran sensibilidad con la cual se nos sumerge en las fibras más sensibles de los personajes, para acompañarlos en esta nueva etapa de reivindicación que late desde su interior. En estos aspectos se cuida bastante, incluso los diálogos están muy bien cuidados, en ningún momento están demasiado manipulados, sino que tienen mucha transparencia, reflejan fielmente la personalidad extrovertida y despreocupada que muestran los personajes la mayor parte del tiempo, pero que se tornan serios, directos y cargados de todo el sentimiento que los embriaga en los momentos determinantes y de encuentro.

Poder hablar libremente… es el alma del amor. (Hana)

Podemos continuar abundando en los personajes, su sentir, las relaciones que se vertebran en torno a ellos, o de como afrontan la tarea de familia temporal, pero no podemos olvidar que la producción cinematográfica que recibió el “Premio a la Excelencia” durante el Japan Media Arts Festival del año en que se estreno, tienen un protagonista extra, y que juega un rol relevante pero que pasa desapercibido para muchos: Tokyo. El concepto visual que compone a Tokyo Godfathers, visto desde la óptica actual, es bello, vistoso, atractivo… pero no algo novedoso, ya que vasta echar una mirada a las obras más actuales para darnos cuenta que la composición visual en donde confluye un diseño de personaje prolijo, detallado, pero muy representativo del 2D, con ambientes apuntando a lo 3D y con mucho realismo y fidelidad a la Tokyo real, es algo que cada vez se asienta con mayor fuerza. Por tal motivo que este es un trabajo que se debe visionar sin perder el año de lanzamiento esto, indudablemente, lleva a un deleite mucho mayor, ha apreciar el concepto y la estética, que sin duda es pionero. Pero el triunfo visual no sólo, o más bien, no está dado, a mi parecer, por el atrevimiento de mezclar técnicas contrastantes y proveerle al espectador una metrópolis detalladísima, sino más bien viene del lado del acertado empleo de las iluminaciones y los sitios elegidos. En su mayoría la obra transcurre en sitios muy oscuros, solitarios, un tanto desesperanzadores y fríos, formulados de esta forma para servir de reflejo del interior de los personajes y darle mayor fuerza y cuerpo a la narrativa. Y una particularidad que entraña este trabajo es el empleo de filtros estilo fotográfico en ciertos momentos, especialmente bajo colores cían, carmesí y púrpura acentuando el discurso visual.

El trabajo esta erigido sobre muchas buenas intenciones, pero no todos se reflejan únicamente en el mensaje que se comunica, y una de ellas es no relatarnos un cuento de navidad amargo, enteramente triste, y que nos ponga melancólicos y haga pesadas nuestras almas, y para ello, al mismo tiempo como complemente del carrusel de emociones, es que se incluye la comedia. La comedia, que parecería atropellada y un tanto negra,  sirve inmejorablemente para potenciar la desarticulación de arquetipos, y vuelve a la obra bastante jocosa y despreocupada, todo ello invitándonos a disfrutar de la felicidad de vivir.

Tokyo Godfathers es un cuento de navidad. Un cuento de navidad lleno de sensibilidad, valor humano y buenas intenciones;  con personajes de lo más entrañable, divertidos y transparentes, con los cuales conectamos a través de una narrativa sincera y delicada, apoyada firmemente por un discurso visual de contrastes y deliciosas mezclas. Pero tras la mascara de optimismo y redención, está también es una historia sobre las malas decisiones, y como a través de ellas podemos ir torciendo nuestro camino hasta emprender un viaje de difícil retorno, en el cual la culpa cobra inimaginable fuerza y poco a poco ira carcomiendo y desgastando una alma dispersa y confusa. Sin duda una pieza audiovisual que ni mandada a hacer para ver con otra mentalidad esta época del año

Lo mejor:

  • Una apuesta visual de magnitudes asombrosas, y calidad sublime.
  • Que aparezca una familia Latinoamericana en la cinta. Y mejor aún hablando en español. Lo menciono por que muchas veces hemos visto personajes de otras nacionalidades hablando perfectamente japonés.
  • La forma tan acertada en que se aborda todo el tema de la redención, de los pequeños lazos que nos unen como seres humanos, del perdón y la importancia de la familia.

Lo peor:

  • Son pocas, pero algunas veces los acontecimientos están muy tomados por los pelos.

Reseña [Anime]: Bartender

2012/06/15 2 comentarios

  Director: Masaki Watanabe
  Estudio: Palm Studio
  Lanzamiento: 2006
  Géneros: Slice of Life
  Demografía: Seinen
  Tipo: Serie (11 capítulos)

Para quienes la palabra “Anime” es casi por completo ajena, pero que sin embargo en algún momento de su infancia visionaron una que otra serie japonesa, este mundo se limita a un mero medio de entretenimiento reservado para el público infantil y hasta cierto punto el juvenil. Y si bien es triste que existan estos prejuicios totalmente infundados, resulta más triste que debido al sendero por el que transita el anime actualmente, para muchos fanáticos el panorama de lo que la animación nipona puede ofrecernos se reduce a un número muy escaso de temáticas y situaciones. Para romper un poco con esta creencia, es que existen trabajos como el que por medio de esta entrada manifestamos —y que su servidor atesora significativamente—, los cuales nos hacen quitarnos una venda que poco a poco se nos ha ido amarrando producto de la preponderancia de obras dentro de un rango muy específico y limitado.

Bartender, surgida como adaptación del manga homónimo de Joh Araki, es una serie que emana frescura, que nos demuestra que el espectro temático que rige al anime, lejos de limitarse a un espacio bastante confinado, asfixiante y repleto de estereotipos, es amplio, abundante, e incluso boyante si es que se libera un poco de sus ataduras. Aún así, y que no se puede negar, es el hecho de que trabajos de estas características no están concebidos para llegar a un número amplio de fanáticos (quizá no precisamente la obra que estamos tratando, ya que ha tenido una acogida bastante favorable hasta donde sé), he incluso dentro de los círculos para los que fueron creadas, no siempre son bien recibidas.

Sinopsis

Bartender sigue la vida nocturna de Ryū Sasakura un prodigio entre los barman que tiene la fama de preparar los mejores cocteles que se puedan probar, por ello es conocido como Kami no Glass o Vaso de los Dioses. Sasakura pasa su tiempo en un pequeño bar llamado Eden Hall, escondido al fondo del distrito de Ginza en el centro de Tokio. Se dice que la gente normal no puede simplemente encontrar el bar y entrar, sino que deben ser “invitados” por el dueño.

Aligerando las penas 

Dejando de lado el impulso que obras de este tipo le brindan al panorama general del anime, en Bartender tenemos a un anime de gran valor emotivo y sentimental. Evidentemente (lo digo de propia experiencia) es fácil caer un tanto en el escepticismo sobre lo que puede ofrecer una historia enfocada en un Barman, y más aún cuando no se está dentro del radio de acción al que claramente apunta la primicia. Pero viéndola desde dentro del círculo, nos topamos con una serie muy bien definida en la apuesta de su trasfondo, una serie con bastante personalidad, que nos invita a sentarnos frente al monitor tal si fuera la barra de un bar y consumirla, no de manera voraz, sino tranquilamente y teniendo cuidado en degustarla poco a poco.

Con una animación poco sofisticada y más bien común —salvo el realismo que se le imprime a las botellas de vino y a la estantería al fondo—, la historia busca claramente llevarnos a un ambiente idóneo para el encuentro con nosotros mismo, de la misma forma que en el transcurso los “invitados” a tan especial Bar, aligeran un poco sus penas personales a través de los prodigiosos cócteles. Y si bien la combinación de las distintas bebidas es el tema central sobre el que parte toda la narrativa de inspección personal, el ritmo pausado y nostálgico (que estoy seguro ahuyento a más de uno) con que se conducen las diferentes historias que convergen en el Bar, resulta el elemento, o mejor dicho, el ingrediente, primordial de la mezcla para recrear de mejor manera toda la dinámica de encuentro y reflexión que se nos presentan.

Ryū Sasakura atendiendo con total interés a sus “invitados”. Nótese el realismo tanto en la barra como en las botellas

Movido por la festiva y alocada vida nocturna que predomina en la sociedad contemporánea, no es raro englobar este oficio en aquellos Barman acrobáticos y de grandes trucos con los vasos y botellas.  De aquí que Bartender busque revindicar el oficio y acercarnos a ese lado sobrio, personal, confidente y, por supuesto, clásico.

Por el simple hecho de su argumento, esta primicia comandada por Watanabe, resulta refrescante y novedosa, y si ha esto le sumamos el encombiable hecho de manifestar el lado primigenio de los Barman: “vivir para servir a los demás”, resulta una experiencia plena e interesante en múltiples maneras. Pero el elemento que le da un realce diferente a otras obras de igual corte, estriba en el interés que la serie muestra por ilustrar y encaminar al fanático en el arte de hacer y degustar cócteles. A lo largo de los 11 episodios que componen esta pieza y conforme vamos circulando y compenetrandonos el sentir del variado reparto, se nos ilustra sobre el origen de las distintas bebidas, e incluso al final de cada episodio se nos revela la receta exacta del cóctel que durante esos 23 minutos sirvió para aligerar la carga emocional del personaje en cuestión.

En resumen estamos ante una experiencia totalmente nueva, una de esas series que rara vez podemos consumir en el mundo del anime (no por esto en el manga, ya que de ese lado este tipo de argumento son, digamoslo… no tan aislados), una serie que apuesta por algo totalmente mundano y común, y que más sin embargo lo narra y lo molde de tal manera que se vuelve algo interesante de ver.

Lo mejor:

  • Es una obra sin mayores pretensiones que las de pasar un rato sumamente tranquilo y agradable.
  • 11 episodios para degustarlos durante 11 bellos días.
  • Pone de manifiesto que en el anime existe espacio para historias sobrias, pausadas y ajenas a temas predominantes.
  • Para quienes como su servidor son unos incultos en esto de los bares, el interés que se muestra por ilustrarnos acerca de los diferentes cócteles y todo lo que rodea a este interesante oficio,  hace que deseemos acabar con ese nulo contacto y salir directo a un apacible bar.

Lo peor:

  • Evidentemente está hecha para un público muy, pero muy reducido.
  • El ritmo lento y nostálgico causa pavor a muchos aficionados.
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Reseña [Anime]: Tsumiki no Ie

2012/04/29 2 comentarios

  Director: Kunio Kato
  Estudio: Robot
  Lanzamiento: 2008
  Géneros: Slice of Life, drama
  Demografía: Seinen
  Tipo: Película

Para muchos los tan mencionados Premios Oscar, siempre han sido en demasía “localistas” o “populistas”, no pasando casi nunca de premiar a obras muy apegadas a los cánones que ha autoimpuesto la propia industria Hollywoodense. Y de aquí se desprende que para muchos aficionados a los trabajos de origen Japonés, las obras más prestigiadas de los autores de esta procedencia no han sido bien ponderadas por los críticos.

Sería un tanto absurdo aseverar que el segundo de estos cuestionamientos fue resuelto cuando el afamado animador Hayao Miyazaki, del estudio Ghibli, se hizo con el galardón de Mejor Largometraje Animado por su obra, El Viaje de Chihiro, ya que en 2002 año en que fue premiada la cinta, la categoría acababa de ser creada un año atrás. En 2005 Miyazaki tendría una nueva incursión con, El Castillo Ambulante, que tristemente no pudo emparejar lo hecho tras años antes. Pero no sería sino hasta 2009 cuando no sólo el segundo cuestionamiento se olvidara de las mentes de los aficionados, sino también fue el año en que se disiparon un poco las dudas sobre la tendencia a premiar obras muy encajonadas dentro de ciertos esquemas, y el artífice no fue alguno de los miembros del mítico Ghibli, ni tampoco de algún otro afamado director nipón, sino que vino de la mente de un desconocido animador independiente llamado Kunio Kato. Tsumiki no Ie (La mansion en petit cubes), es el título de la creación con la cual Kato se convirtió en el segundo Japonés en ganar un Oscar por un trabajo de animación, y a diferencia de lo ocurrido en 2002 en esta ocasión fue en la categoría de Mejor Cortometraje.

Trabajos como el que se nos presenta mediante este cortometraje, son los que mantienen en nuestra memoria que cuando existe la imaginación y el amor por lo que se hace, no es necesario estar rodeado de un amplio grupo de trabajo para concebir una fantástica y conmovedora pieza de animación.

Sinopsis

Un anciano vive en una ciudad casi inundada; así que continuamente debe construir una planta más sobre su apartamento debido al incesante crecimiento del nivel del agua. Al realizar la última mudanza, se le cae su preciada pipa y decide bajar a rescatarla. Cuando logra recuperarla, inicia un viaje retrospectivo a través de los mejores momentos de su vida.

La poesía audiovisual de Kunio Kato

Rica, evocadora, entrañable, emotiva, pictórica, metafórica, sobria, melancólica… Podrías continuar acuñando calificativos y, aún así, resultaría infructuoso el intento por retratar en su totalidad esta magistral pieza de Kunio Kato que resulta fascinante y sumamente brillante en muchos aspectos. Podemos hablar de la maestría y naturalidad con que se manejan los hilos del flujo narrativo; podemos pregonar la armoniosa y delicada composición musical; nos podemos maravillar con el particular y revitalizante estilo de animación empleado para acompañar tan conmovedor relato. Pero sin restarle una pizca de importancia a ninguno de los aspectos anteriores, lo más extraordinario de este ganador del Oscar a Mejor Cortometraje Animado en 2009, estriba en la riqueza argumental que doblega las restricciones temporales que representan 12 minutos de animación. Dicho esto, partiremos de esa abundancia temática para adentrarnos a este pieza de arte.

La mansion en petit cubes, esta pequeña obra maestra, nos proyecta en las primeras tomas un muro, pero no un muro atiborrado de fotografías, sino un muro atiborrado de recuerdos… atiborrado de vida. Y es que los recuerdos siempre serán, para el ser humano, la más perfecta máquina del tiempo, la máquina que le permite revivir momentos que no pueden mas que ser añorados con eterna nostalgia. ¿Cuántas veces no hemos oido la frase que dice: “recordar es vivir”? Pues de estas sencillas palabras es que Kunio Kato se vale para brindarnos esta poesía visual, que nos invita entre muchas otras cosas, a reflexionar sobre los momentos verdaderamente importantes de nuestra vida, a la par que nos invita a disfrutar lo más posible de ellos y a atesorarlos con toda el alma; porque al igual que el personaje central de esta historia, nosotros. algún día, nos veremos en la triste situación de ver en los recuerdos nuestro último refugio.

Llegará un día en que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza. (Paul Géraldy)

Un aspecto envidiable del que goza este trabajo independiente, son lo ingeniosas y bien construidas de las metáforas que se emplean para comunicar múltiples intenciones. Ya que si bien Kunio Kato nos plantea en 12 minutos a los recuerdos como un tesoro de valor incalculable, y posible último vinculo con nuestros seres queridos antes de la inevitable partida, esto no nace fortuitamente, sino que viene antecedido de la metáfora sobre el inexorable paso del tiempo. Y siguiendo la línea del proceso de la vida, también nos topamos en este corto, con lo que a mi parecer es un eco imprevisto de una realidad tan latente y devastadora como lo es la soledad que embarga a la gran mayoría de los ancianos de nuestra sociedad, que pasan sus últimos días en el olvido de sus seres queridos, con el único confort de las remembranzas de lo que fue una vida llena de gratos momentos.

Hermoso y pictórico viaje a las profundidades de la memoria

El inquietante cambio climático en últimas fechas es un tema muy tocado en los diferentes medios de expresión artística, de aquí que gracias a la riqueza temática podemos fácilmente separar de la metáfora sobre el proceso de la vejez, otra sobre las consecuencias que este cambio ejerce sobre la vida de las personas. Y si este trabajo le valió a Kato unirse a Miyazaki como un ganador del Oscar, también esta metáfora audio visual nos hace recordar la versión más ambientalista del genio del estudio Ghibli.

La animación por su parte, también bebe de esa propuesta sobre las remembranzas del pasado, y lo hace llevando al espectador un estilo de animación que hace recordar a la clásico animación hecha con papel, tinta y una cámara fotográfica; resaltar a su vez el parentesco con la pintura al oleo. Aunque hay que dejar en claro que la animación está elaborada totalmente por ordenador, con lo cual esta incursión de estilos totalmente contrastantes con lo que habitualmente surge de las obras de ordenador, nos da una muestra de que el señor Kato tiene claro que una película es, por encima de los aspectos visuales, una historia que se comparte al espectador con gran intimismo. Y esta congruencia también se palpa en la narrativa y su total ausencia de diálogo, que permite a los sentimientos tocar fibras sensibles del espectador sencillamente a través de lo que evoca las secuencias de marcado valor artístico.

La mansion en petit cubes son 12 minutos que tocan con sutileza el lado más sensible del espectador; 12 minutos que nos deleitan con un ritmo narrativo cargado de un profundo valor sentimental, y que invita a reflexionar sobre la importancia de nuestros recuerdos; 12 minutos de metáforas ingeniosas y bellas; 12 minutos para adentramos en la triste soledad que algún día nos alcanzara; 12 minutos de una estética atiborrada de nostalgia; y, 12 minutos de los cuales es imposible prescindir.

Lo mejor:

  • Metáforas accesibles, hermosas, ingeniosas y tan reconfortantes como inquietantes.
  • Es un corto que nos hace voltear la mirada al pasado y darnos cuenta de los hermosos recuerdos que siempre estarán ahí para apacentar nuestra soledad.
  • Un estilo de animación poco usual, pero que resulta muy atractivo y refrescante, cuando hoy en día la animación gira en torno a personajes estilizados, tonos suaves y efectos 3D.
  • La banda sonora armoniza y aviva la compenetración entre el espectador y la triste y grata historia.
  • El personaje del anciano es totalmente entrañable.

Lo peor:

  • ¿Acaso hay algo malo? ¡ Díganmelo!