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Reseña [Manga]: Inugami

2014/04/12 3 comentarios
 Autor: Hideo Yamamoto  Revista: Young Sunday  Lanzamiento: 1992  Géneros: Drama, psicológico  Demografía: Seinen  Tomos: 1

  Autor:  Masaya Hokazono
  Revista: Afternoon
  Lanzamiento: 1997
  Géneros: Sobrenatural, psicológico, ..gore, folclore, thriller
  Demografía: Seinen
  Tomos: 14

Según el folclore japonés para dar vida a un Inugami, perro divino, se debe enterrar a un perro doméstico al hasta el cuello, y colocar comida y agua a una distancia cercana, pero no lo suficiente como para que pueda alcanzarla. Cuando, después de un largo tiempo de sufrimiento y agonía, el animal está a punto de fallecer, enloquecido por alucinaciones, se le debe dar muerte y cortar la cabeza. Posteriormente, ésta debe enterrarse en una calle especialmente ruidosa y bulliciosa. Pasado un tiempo, la cabeza – o la cabeza y el cuerpo, según otras versiones – debe ser colocada en un santuario preparado al efecto. A partir de ese momento, el Inugami puede ser invocado.

Otra versión nos habla de que debemos reunir varios perros y encerrarlos a todos en la misma habitación sin agua ni comida. Una vez que solo quede uno de los perros que ha sido encerrados, se debe tomar a este y cortarle la cabeza. De esta forma queda sellada la creación del perro divino.

Con este ritual conseguimos sacar el lado maligno de los perros y convertirlos en Yokais, ya sea por la rabia contenida de no poder alcanzar el alimento o por la desesperación y rabia de tener que enfrentarse contra sus congéneres. El humano que creaba un Inugami era llamado Inugami-mochi (poseedor de Inugami) y eran etiquetados como brujos. Hubo una época que la creación de Inugamis era muy extendida ya que son seres con grandes poderes y están al servicio de los humanos.  Si bien el uso de estos espíritus-perro podía proporcionar buena fortuna y riqueza a sus osados invocadores, sobre todo, eran usados como instrumentos sobrenaturales para venganzas, asesinatos y otros actos de maldad.

Sinopsis

Fumiki Shimazaki, un estudiante de instituto, tiene un sueño de vida: convertirse en un poeta. Pasando más tiempo dedicado a sus poemas que atendiendo sus menesteres escolares, es reñido tanto por sus profesores como por su mejor amiga, Mika… Para escapar de su entorno, el encuentra refugio en una antigua fabrica abandona.

En ella, Fumiki encuentra a un misterioso y enorme perro. Un perro que es capaz de entender el lenguaje humano y que además tiene la espeluznante capacidad de poder sacar afiladas cuchillas de su frente. En una de sus orejas este extraño animal tiene marcado el número “23”. Y pese a que existen muchas interrogantes la amistad entre Fumiki y el misterioso perro es forjada rápidamente. Sin embargo, lo que Fumiki no sabe, es que este encuentro está muy lejos de ser algo meramente fortuito, y que la conexión entre ambos va mucho más allá, y que existe una misteriosa organización que desea obtener los secretos de “23”, y aspirar al control del Tokoyonokuni, la tierra más allá del océano de la muerte, los ancestros y el alma humana. El paraíso de la vida eterna.

La furia de los Inugami

Inugami representó mi tercer encuentro con Masaya Hokazono. Aunque quizá sería más correcto decir que es un segundo y medio encuentro, ya que después de Emerging —que represento la primera ocasión en que leí algo de su autoría—, la segunda ocasión en que confluimos no fue en un manga en entero de su mente y manos, ya que fue Girlfriend, en donde Hokazono participa únicamente con la historia y guión, delegando la responsabilidad del arte al educado y hermosísimo trazo de Court Betten. Lo que sí, es que Inugami, por voces que había escuchado a través de la vasta red, simbolizaba mi más esperado encuentro con dicho autor, y con el cual esperaba llenara el vacío que Emerging me había dejado.

Independientemente del nivel de calidad de Inugami, este es un manga que se encuentra dentro de ese selecto y singular grupo de obras que poseen de forma innata la capacidad para despertar interés en el lector e incluso llegar a hechizarlo con tan sólo leer la idea general, degustar el arte que da vida a su portada y recorrer unas cuantas páginas. Y es que no es para menos, las credenciales con las que se presenta este manga forman una bizarra y enigmática mezcla que inequívocamente levanta mucha expectación para cualquier asiduo lector de Seinen: elementos del folclore japonés como tema central, violencia y gore, magia negra, elementos de thriller, organizaciones secretas, personajes desequilibrados y con delirios de grandeza, un dibujo prolijo y descriptivo, entre otros elementos que vienen a cerrar este atrayente círculo temático.

La trama de Inugami, cobijada por el corpus de temas y elementos antes descritos, no tiene necesidad de empezar de a poco, de llevar un ritmo cauto e ir desarrollando poco a poco un tema como ocurre en obras que no se erigen sobre una diversidad temática. Dicha situación se encuentra perfectamente presente en las ideas de su creador,  que sin pestañear, y prácticamente desde el primer capítulo, nos deja ver que estamos ante un manga nacido para circular a un ritmo voraz y ser narrado de una forma salvaje y poderosamente visual. Hokazono abre la puerta hacía su historia apoyándose en el gore, usando esta violencia gráfica para estimularnos visualmente y acelerar nuestros sentidos de modo que estemos en la sitonía perfecta con el ritmo de narración. En este aspecto las relaciones más directas y esenciales no tardan mucho en ser entabladas, y de forma muy apremiante para el lector desde muy temprano se empiezan a tejer los elementos fundamentales del manga. Aunque claro, sin tampoco ir demasiado de prisa ni filtrar demasiada información, sino sólo la necesaria para mantener el ritmo ágil y voraz, a la par que se involucra al aficionado a formular sus conjeturas y relacionarse más con el trasfondo.

Inugami Thu

La potencia visual de Hokazono  proyectada a través de los Inugami.

Durante casi todo lo que comprende la primera mitad —que vienen siendo siete tomos—, Inugami mantiene una curva creciente en todo su conjunto, y especialmente en los elementos temáticas, que se van abordando a buen ritmo y, especialmente, poseen un sentido, hasta ese momento, claro y digerible. Sin embargo, a medida que la obra va pasando de su etapa de desarrollo y se va haciendo adulta, se comienza a percibir que algunos elementos principales comienzan a perder credibilidad dentro de la medida en que estamos hablando de un manga que cimenta sus argumentos en elementos de mitología y elementos sobrenaturales. Ello viene originado consecuencia de que el autor intenta evolucionar demasiado sus argumentos, los toca demasiado a lo largo del recorrido que los distorsiona y los lleva a niveles desproporcionados que para nada son agradables para cualquier paladar que guste de argumentos sólidos y que evolucionen en forma coherente.

Cuando se esta en este mundo del cómic japonés por un buen tiempo y de una forma completamente seria, el nombre de un autor pasa de ser simplemente algo que acompaña a la portada, para convertirse en el más claro referente sobre que tipo de manga y que características tendrán más allá de los elementos puramente temáticos. Y son estos detalles lo que, por supuesto, lleva a que exista una complicidad entre un autor y un grupo de lectores, no olvidando que la mayoría de las veces este tipo de detalles aportan cosas ciertamente favorables para cualquier historia. Sin embargo, esto no siempre fluye en sentido positivo tal como en lo que respecta a Hokazono, quien como más tarde lo confirmaría con Emerging, tiene una fijación muy marcada por los lazos afectivos y situaciones tendencia romántica. Si bien en Inugami estos elementos no son los que dan el cerrojazo a la historia, como si lo son en Emerging, su aparición mina casi pro completo la atmósfera salvaje y despiadada que el autor había creado, además de que no sacan de ese estado de exaltación e intensidad en que es inevitable caer página a página. La incursión de este profundo sentimentalismo en una obra con mucha violencia visual, evidentemente es una prueba de que una obra puede echarse a perder de forma inconsciente a medida que las ideas más personales del autor rebasan su control sobre la historia y sus elementos.

El apartado visual con el que Hokazono cobija a su argumento es claramente un punto que se encuentra libre de estos vaivenes que terminan convirtiéndose en nocivos para la salud del manga; este consiste en una extraña mezcla entre un estilo tranquilo y sobrio, y por otro lado nos encontramos con un dibujo de alto impacto, altamente detallado y cargado hacia la violencia. A lo largo de los catorce tomos que la componen, asistimos a un magistral espectáculo de domino de los tiempos narrativos en donde no podemos más que quedar extasiados al presenciar esta alternancia entre ambos estilos que vienen a dar vida a la situación actual de la historia. Dentro del apartado técnico otro elemento que se maneja con maestría es la utilización de las sombras, iluminaciones y los fondos detalladísimos, y no olvidar lo bien que los personajes proyectan los sentimientos que están viviendo, especialmente la angustia y el terror. Quizá lo único que podría empañar la construcción visual es si vemos a esto en conjunto con la trama, lo cual convierte al espectáculo de violencia y muerte, en gore completamente gratuito, ya que el naufragio que sufre la historia en la segunda mitad no justifica esta oda a los desmembramientos que supuestamente obedece al plan de exterminación humana.

En definitiva, Inugami es como esta reseña: en primera instancia levanta mucha expectación, presenta cosas y fórmulas muy interesantes y originales; más sin embargo, a medida que la cosa se va haciendo adulta, empezamos a presenciar un cambio completo de guión que niega todo lo bueno que lo precedió. Lo que inicia como una historia de múltiples matices y vértices muy frescos y estimulantes, termina por convertirse en una burbuja que crece sin sentido y sin control. Es una obra de esas que decepcionan enormemente, y no por ser simplemente humo o no tener pies cabeza, sino por perder el piso e ilusionar con algo de gran magnitud. Un manga completamente agridulce… aunque eso sí, completamente estimulante visualmente.

Lo mejor:

  • La mayor parte del manga se lee con una velocidad ágil y constante. No hay mucho diálogo innecesario.
  • Satisface los más básicos gustos de cualquier fanático del gore. E incluso puede llegar a provocar más.
  • El autor arma un experimento visual con la mezcla de estilo bastante interesante y gratificante.

Lo peor:

  • La historia se infla demasiado, tomando proporciones insanas que distorsionan todo sentido.
  • Hokazono deja que su sentir más profundo invada la temática de la obra.
  • Levanta muchas expectativas y a final de cuentas no cumple la mayoría de ellas… especialmente el desarrollo de la historia.
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Perfiles (V): Junji Ito

Junji Ito Cabecera

El horror, a diferencia de otros géneros los cuales buscan comunicar a su audiencia múltiples emociones y diversos mensajes, es un género sumamente sencillo en donde la meta única y fundamental es provocar una de las sensaciones más básicas del ser humano: el miedo. Pero aunque el objetivo es sólo uno, la tarea de llevarlo a cabo no siempre resulta sencilla, e incluso el género ha pasado por momentos muy sombríos como lo fue casi toda la última década del siglo pasado. Pero sería aún durante el dichoso siglo —más específicamente en 1998— que con la cinta The Ring, dirigida por Hideo Nakata y adaptando la novela escrita por Koji Suzuki, que la industria cinematográfica vio la luz al final del túnel, y nosotros… Bueno, nosotros fuimos testigos por primera vez de la especial mística que poseen los japoneses para ponerlos los pelos de punta y la piel chinita.

Este asalto de los nipones sobre el cine de horror, hizo que todos los fanáticos del género volteáramos hacía el país del sol naciente en búsqueda de más contenido, y ello nos llevo a darnos cuenta que no sólo el séptimo arte japonés podíamos encontrar este contenido tan embrujador, sino que la industria del manga, la colosal industria del manga, es un nicho boyante para degustar este estilo de los japoneses  en donde se mezclan la infinidad de leyendas urbanas y la parte sobrenatural que componen su  folclore. Aún así, no son muchos los artistas abocados a dicho género que han alcanzado una relevancia que va mucho más allá del círculo de aficionados especializados, y de entre ellos, el nombre más conocido el de Junji Ito, autor que con sus historias excéntricas a más no poder y un estilo de dibujo al que llamar bizarro es quedarse corto, ha no sólo conquistado a lectores de manga a nivel mundial, sino también a la industria cinematográfica nipona.

Espirales, espirales everywhere...

Espirales, espirales everywhere…

Junji Ito nació el 31 de julio de 1963 en la prefectura de Gifu, perteneciente a la región de Chûbu. Desde una etapa muy temprana de su vida, Ito comenzó a recibir la influencia del manga y del horror, ello debido a los dibujos que realizaba su hermana mayor, así como el arte de los primeros trabajos de Umezu Kazuo, el clásico mangaka conocido por ser el “padre del manga de horror”. Y pese a que en 1987 Ito ganó una mención honorifica en los prestigiados premios Umezu Kazuo, por una historia corta que él envío a la revista mensual especializada en horror, Gekkan Hallowen, él aún continuaba alternando entre el manga y su carrera como odontólogo, de la cual se licenció en la Universidad de Nagoya.

La llegada de Junji Ito a terreno profesional fue todo lo que cualquiera que se quiera dedicar al mundo del manga desearía. A través de las páginas de la revista Nekumi, Ito empezó a publicar Tomie (misma historia que le ganó la mención honorifica Umezu Kazuo), un manga compuesto en forma de historias cortas que giran alrededor de Tomie, una escolar de belleza sin igual capaz de hipnotizar a cualquiera caballero y convertirlo en una mera voluntad de cumplir cualquier deseo. La aura maldita que rodea a la hermosa Tomie lleva a actos de completa brutalidad: los hombres que caen bajo su embrujo terminan por matarse unos a otros, y las chicas, movidas por los celos, tienen destinos similares. Pero Tomie no se encuentra libre de estos destinos, y a lo largo de las páginas ella es asesinada una y otra vez, sólo para volver a renacer y mantener viva la espiral de brutalidad. Este primer trabajo de Ito se extendería desde 1987 hasta 2001, y le valdría para ganarse el reconocimiento de toda la industria, a la par que se convertiría en su trabajo más representativo y de mayor éxito, al ser adaptado en nada menos que 9 ocasiones a Live Action, siendo la última de ellas en el 2011.

En 1998 Ito comenzaría, en la revista Big Comic Spirit, la publicación de Uzumaki, un manga que a la postre se convertiría en el punto de inflexión de su carrera. En Uzumaki (que literalmente se traduce como “La Espiral”) se nos traslada a Kurôzu-cho, un pequeño pueblo que se ubica en una lejanía muy dentro de las montañas, en donde extraños y paranormales sucesos han comenzados a presentarse, y todos ellos se encuentran relacionados con una forma: la espiral. Pese a que la historia comienza con historias un tanto inconexas, de a poco el autor vamos dejando entrever una línea narrativa principal, y con 3 volúmenes en total, Uzumaki representa, en términos de progresión histórica, el trabajo más extenso que ha desarrollado hasta el día de hoy. A su vez, a través del retorcido y bizarro argumento, Ito plasma la obsesión que posee por las deformaciones corporales, siendo esto uno el principal ingrediente para sobresaltar al lector. Considerado por sus seguidores como el mejor trabajo que ha realizado, la insólita historia tuvo el mismo destino que Tomie, y en el año 2000 recibió una adaptación a Live Action.

Jaws versión Ito.

Jaws versión Ito.

Continuando su relación con la Big Comic Spirit de Shōgakukan, del 28 de febrero de 2002 al 30 de mayo de ese mismo año, Ito sorprendería a propios y extraños con su manga más excéntrico: Gyo. Compuesta por 20 capítulos distribuidos en 2 tomos, Gyo pone de manifiesto que Ito es un autor completamente personal (como el mismo lo reveló en una entrevista para Japanorama), que dibuja lo que al le satisface sin pensar en su receptor. De esta forma de pensar es que nace este triunfo de lo bizarro, en donde lo impensado es la forma básica de la historia, y lo impensado son peces con partes mecánicas y que despiden un hedor insoportable. El éxito de este manga le valdría a para atraer la mirada del medio hermano, y recibir una adaptación en formato de OVA que fue lanzada en 2012. En 2005 lanzó un tomo único de nombre Hellstar Remina, manga en cuyo ceno este gran maestro del género experimenta con temas como la ficción apocalíptica, el horror cósmico, la extinción de la raza humana e incluso se da el tiempo para reflexionar sobre los instintos primitivos del hombre ante un panorama de destrucción y desconcierto.

En 2008 Junji Ito decidió continuar diversificándose como artista, y a través de la revista Magazine-Z, lanzó Ito Junji’s Cat Diary, que representó la hasta hoy única incursión del autor en el género “gag”; sin embargo, y fiel al estilo de su creador, este no es un “gag manga” cualquiera, y si bien no se encuentra clasificado dentro del horror, tiende a generar en el lector esta sensación inquietante que provocan sus otros trabajos. El último trabajo en el cual ha participado es Yuukoku no Rasputin, un manga que adapta la novela semi-biográfica, Kokka no Wana, de Masaru Satou, y en el cual Ito se encargó de poner la ilustración, mientras que el guión corrió a cargo de Takashi Nagasaki. Resaltar que a lo largo de su carrera ha existido una serie de mangas bajo el título de The Horror World of Junji, en los cuales se recopilan las historias cortas que ha ido creando durante su carrera. Por último mencionar que si bien Umezu Kazuo fue su principal influencia, Hideshi Hino, Koga Shinsaku, Yasutaka Tsutsui e incluso H.P. Lovecraft han formado parte de sus influencias, según lo reveló él mismo.

Reseña [Manga]: Noramimi

Autor: Hideo Yamamoto  Revista: Young Sunday  Lanzamiento: 1992  Géneros: Drama, psicológico  Demografía: Seinen  Tomos: 1

  Autor: Kazuo Hara
  Revista: Ikki
  Lanzamiento: 2003
  Géneros: Comedia, Slice of life
  Demografía: Seinen
  Tomos: 8

Si hay algo que no ha caracterizado a la publicación de reseñas —que aunque muy esporádicas, forma el corazón de este espacio—, es el reflejar la última obra que he consumido, o al menos una de los más recientes. No existe un factor específico para no recurrir seguidamente al último manga leído o al último título de anime cada vez que me da por realizar una reseña. De igual modo, tampoco ha existido una razón máxima o determinante en las ocasiones que he roto con este patrón, y que no han sido muchas: Densha Otoko, Baby Face, Beijing Chronicles… y ya. Si en su momento las reseñe, una vez habiéndolas terminado, no fue sino por simples azares del destino, y no por realmente querer manifestar algo a través de dichas obras. Sin embargo, esta ocasión es diferente, ya que apelo a mi última lectura, Noramimi, con el claro objetivo de expresar un punto, que si bien es inherente a cualquier lectura de manga, y es un tema del cual se habla casi con total seguridad cuando se opina sobre una obra en cuestión, vale la pena traerlo como tema de apertura para esta reseña, ya que es algo que invariablemente nos ayuda a ver desde otros ojos la diversidad del cómic japonés.

Ya lo hemos puntualizado en varias ocasiones, he incluso a servido para iniciar una que otra reseña: el mundo del manga es extenso y muy diverso. Y para hablar de dicha diversidad, que convierte a este en un medio fuertemente incluyente, solemos referirnos a géneros, temáticos y demográficos. Tanto demografías como temáticas conforman el librito bajo el cual se catalogan los títulos, y que irrefutablemente es muy beneficioso para decantarnos por uno u otro manga. Pero si bien estas dos clasificaciones son la esencia para discernir entre títulos, leyendo Noramimi me di cuenta que es muy valido, y muchas veces necesario, referirnos a ciertos mangas por la forma en que resulta conveniente leerlo por producto de su construcción. Por ejemplo, como no hablar de esos mangas que una vez inicias no se pueden dejar hasta terminarlos; o de aquellos que por su argumento y trasfondo debemos leer minuciosamente para no perder idea; están, por otro lado, aquellos que ameritan una lectura apacible en una buena tarde.  Pero también tenemos aquellos, que al igual que Noramimi, fueron creados para complementar la lectura de otras obras: mangas que no requieren ser el pato principal en la dieta de un buen lector, y que tampoco deben serlo, sino que por su naturaleza se disfrutan mucho más yendo poco a poco, llenando esos huecos libres que todos tenemos en nuestro día a día.

Sinopsis

En el universo de Noramimi, la mayoría de las familias tiene su propia mascota. Esas extrañas y divertidas criaturas, que viven junto a las familias, sirven de acompañantes para los pequeñines hasta que, un determinado día, deben decir adiós a su pequeño amigo y buscar otra familia con la cual convivir. Para ayudar en este proceso existen las agencias de mascotas, quienes apoyadas en sus completas bases de datos facilitan a las mascotas el localizar a la familia más idónea para su tipo.

Noramimi es una de esas criaturas, desafortunadamente para él, el ser una mascota tipo ogro no lo hace precisamente popular entre los pequeñines, lo cual lo mantiene fuera del mercado. Pero en lugar de esto ser un problema, Noramimi encuentra en este hecho una oportunidad única para ser algo diferente, para vivir según sus propios gustos… eso si, ayudando a las labores de la agencia de mascotas en la cual vive y trabaja.

Y tú, ¿qué tipo de mascota estas buscando?

Aunque todos hemos oído en más de una ocasión la famosa frase de «no juzgues un libro por su portada», apriori a su lectura es muy complicado no empezar a formularnos ideas y juicios adelantados, que pueden varían en cantidad y fuerza según el título y lo poco que sabemos de él. ¿Un manga sobre convivencia entre mascotas y niños? ¿Agencias de mascotas? ¿Valdrá la pena, ya que seguramente es una comedia sin más? ¿En verdad es un Seinen? Estos pueden ser algunos de los cuestionamientos que posiblemente venga a la mente de los lectores con ciertas intenciones de darle la oportunidad, además de formulaciones sobre como es su contenido. Y no es para menos, la carta de presentación de este trabajo de Kazuo Hara fomenta la construcción de pensamientos de esta índole. Pero, dejando fuera estas cuestiones, el manga nos recibe, precisamente, con la frase antes mencionada al descubrir que no es absolutamente nada de aquello que nos habíamos planteado con anterioridad.

Dottari conociendo a su nueva familia.

Dottari conociendo a su nueva familia.

Kazuo Hara nos pone ante una caja, una muy grande caja, de sorpresas. Mismas que como lo adelantamos, comienzan a surgir prácticamente desde que nuestras ideas preconcebidas son tiradas por la borda y nos encontramos en casi total predisposición para asimilar el contenido que se nos presente. Si bien en esta caja de sorpresas entran desde la personalidad de los personajes, hasta elementos como el ritmo de lectura y el formato de la comedia, también es muy cierto que la caja se vacía casi de inmediato. ¿A qué me refiero con esto? Me refiero a que Hara prácticamente juega todas sus cartas desde muy temprano en la contienda —considerando que estamos ante una obra que se compone de 8 volúmenes—, y guarda muy pocos cartuchos para, si bien no reinventar su creación, darle unos pequeños empujoncitos de alivio. Pero aquí es donde caemos a lo que argumentamos en la introducción de esta entrada: si nos volcamos con voracidad sobre Noramimi, seguramente terminemos aborreciendolo hasta cierto punto. De aquí que es vital, para nuestra dieta lectora, ir poco a poco con este manga, porque una vez arranca y nos metemos de lleno con su peculiar mundo, difícilmente encontraremos elementos diferentes que rompan la narración en torno al día a día de las mascotas. Afortunadamente su autor acertadamente previo esto, y la construcción en forma de historias autoconclusivas nos encamina a ir poco a poco con su lectura, a limitarnos en cantidad e ir descubriendo día a día nuevas historias.

Pero vamos, no sólo es cosa de tratarse de historias autoconclusivas el motivo por el que este manga se degusta mejor yendo con mesura, sino que el formato de historias cortas se nutre no sólo con un inmenso reparto de personajes (mayormente mascotas, pero también tenemos a los encargados de la agencia), sino que además, Hara, se encarga de construir un universo en forma muy detallada, precisa y con un sentido del humor bastante particular. Es completamente elogiable el esfuerzo puesto para brindarle sentido a toda la mecánica que rige al universo del manga, y ya quisieran muchas obras respaldar sus acontecimientos en medios ambientes tan específicos y acertados. Los detalles no son pocos, primeramente tenemos lo más importante: existe un gran interés y empeño para describir como funciona todo el sistema de mascotas (que no es muy complejo pero se aplaude el gesto), destacando muchas de las páginas finales complementarias, en las cuales se describen formalmente muchas de las situaciones por las cuales atraviesan las mascotas para poder encontrar su nueva familia. Además, a medida que transcurre la historia en torno al mercado de mascotas, tenemos múltiples guiños en donde se extrapolan las estrategias de mercado actual, al presentado en el manga, y no olvidar que existe una que otra sátira presente.

El tema de los personajes es la parte medular de la obra, es corazón, alma y sustento, para que la fórmula de un manga relativamente largo, en el cual no puede existir un desarrollo de personajes ni un argumento creciente sea completamente funcional. No es para nada sencillo entrar en el terreno del Seinen y presentar a lectores una creación que no forma su base en un fuerte desarrollo de los personajes y los temas que pone sobre la mesa, cuando ellos se refugian en ésta demografía precisamente buscando eso; sin embargo, echando mano de un maratónico desfile de personajes logra contrarrestar dichos impedimentos, y forma una sinergia perfecta con el formato de historias. Esto se logra gracias a que el extenso cuerpo de mascotas se encuentra perfecta mente definido. Todas y cada una de estas interesantes criaturas son diferentes entre si, desde los tipos de las mismas, pasando por el estilo visual y terminando con lo más importante: la diversidad de personalidades. Así es, el punto clave son las “personalidades”, aquí la intención no es cimentar una narrativa en torno a simples acompañantes de juegos, sino es presentar a cada mascota como un verdadero, y bien construido, personaje. A través de cada capítulo se van vertebrando relatos en donde el eje fundamental es trascender más allá de las apariencias, para adentrarnos en las problemáticas y disyuntivas a las que deben hacer frente, y como estas afectan su forma de relacionarse con sus familias, con otras mascotas e, inclusive, con ellos mismo.

Noramimi se toma muy en serio su trabajo... quizá demasiado en serio.

Noramimi se toma muy en serio su trabajo… quizá demasiado en serio.

Aunque casi en cada capítulo se nos recibe con una nueva mascota, y una nueva historia que contar, existe una serie de mascotas que toman un rol un poco más central y forma, a menudo, parte de la dinámica de las agencias, o compartiendo escenario con otras mascotas y acompañándolas a solucionar o agravar sus problemas. Sin embargo, existe una abismal diferencia entre el carisma de todas ellas —exceptuando una— con respecto a la figura central de Noramimi. La figura central es con creces lo más destacado, es una figura con mucho ángel, con una personalidad completamente desenfadad que brinda frescura y diversión, y con ciertos problemas para obedecer la autoridad. Así que no es de extrañar porque el manga lleva su nombre. Sin embargo, la historia nos regala a Dottari, una mascota tipo duende, de la cual no podríamos decir que la inteligencia es una de sus virtudes, sino todo lo contrario. Dottari es, como diría nuestro pequeño ogro, un completo retardado y olvidadizo, pero es un retardado desaforadamente genial que se convierte en el principal referente cómico a medida que se embarca en titánicas tareas, tales como ir a la tienda intentando no olvidarlo en el trayecto.

El apartado gráfico con el cual Hara sella esta caja de agradables sorpresas, no podía estar más adoc con el tipo de argumento. El concepto visual es, en términos generales, simplistas, divertido y despreocupado. El diseño de personajes se encuentra muy cargado hacia lo caricaturesco con cuerpos exageradamente redondeados y expresiones muy marcadas, tanto faciales como corporales. En esto se nota un juego en el que ingeniosamente se simula un manga puramente infantil. Concluyendo, creo que a través de la plumilla es como su autor nos demuestra no sólo sus dotes como artistas, si no más que nada su irrefutable ingenio.

En suma: Noramimi es un manga de esos que son lectura casi obligada para cualquier fanático, ya que se adapta a todo tipo de paladares, sin contar que es un excelente antídoto para combatir esos diminutos tiempos libres los cuales, muchas de las veces, no sabemos en que ocuparlos. Es una obra que fácilmente te puede hacer el día con las peculiares y divertidas andanzas del amplío y diverso reparto. Además, destacar que estamos ante una obra que representa un experimento llevado a buen puerto, y que logra colarse con gran tino como una de las obras atípicas y casi ajenas de la demografía.

Lo mejor:

  • Una manga sin muchas pretensiones, sencillo y muy agradable.
  • A más de uno le hará evocar los momentos más felices de su infancia.
  • Un apartado visual tan simple como atractivo y divertido.
  • Se puede leer prácticamente en cualquier momento y situación. Además de que puede servir como complemento para lecturas más principales.

Lo peor:

  • En ocasiones existe un exceso de diálogos considerable.
  • Algunas historias poseen menos carisma que otras.

Reseña [Manga]: Human Clock

 Autor: Hideo Yamamoto  Revista: Young Sunday  Lanzamiento: 1992  Géneros: Drama, psicológico  Demografía: Seinen  Tomos: 1

  Autor: Seiichirô Tokunan
  Revista: N/A
  Lanzamiento: 1962
  Géneros: Psicológico
  Demografía: Seinen
  Tomos: 1

En la actualidad Japón posee la industria de cómic más grande del mundo, y el repertorio que la compone es uno que satisface todos los paladares no sólo existentes en el pueblo nipón, sino más allá de las barreras geográficas y los rasgos culturales. Sin embargo, esto no siempre fue así, y si bien Osamu Tezuka fue la figura determinante para el vertiginoso ascenso del manga como un medio comercial rentable, es gracias a que, a través del sistema de bibliotecas públicas de Osaka, se gestó, a finales de los años 50’s, una corriente que se contraponía al manga infantil que acaparaba las páginas de todas las revistas y del cual Tezuka era la cabeza.

Dicha corriente , bautizada como Gekiga por Yoshihiro Tatsumi, representaba una poderosa transición hacía un tipo de historias mucho más elaboradas, dirigidas al público adulto, y en donde los temas fueran mucho más diversos y profundos apoyados por una narrativa visual enfocada al realismo anatómico y estético. Pero a través de esta corriente, que alcanzó su apogeo en los años 70’s, la industria no sólo se fortaleció por la llega a las páginas de temas como la sexualidad, la crítica social, la política y economía, los conflictos bélicos, el horror, etc., sino que fue gracias a los autores Gekiga que el cómic japonés empezó a nutrirse de influencias externas por parte de medios como la literatura, el cine, la música, etc. Esto terminó por convertir al cómic nipón en algo más que un mero entretenimiento… permitió proyectarlo como un medio artístico.

Sinopsis

Narra la historia de un joven, que vive con sus padres, los cuales se dedican al negocio de la relojería, un día nuestro protagonista sufre un accidente en su trayecto a casa, desde ese momento su vida comienza a cambiar, comienza a observar más los relojes que le rodean hasta que gradualmente se convierte en uno de ellos.

El Expresionismo en viñetas

Si me pidieran describir a Human Clock en una sola frase, no dudaría en definirla como “un golpe a la conciencia”. Apelo a esta frase por que no deja de resultarme completamente paradójico como una industria tan fuerte y consolidada como el manga, y que se ha nutrido de la naciente era digital para traspasar fronteras de una manera bestial ha engendrado una legión de aficionados, que pese a la diversidad temática que se encuentra ante ellos, aún la siguen pensando como una exclusivamente dedicada a brindar simple y llano entretenimiento.

Desde que leí Human Clock he tenido la oportunidad de toparme con comentarios sobre dicha obra tales como: “no quiero decirlo, pero este es el peor manga que he leído…” o “no sé que demonios acabo de leer…”. Especialmente con el último comentario es que se ratifica mi pensar sobre que, como un único conjunto de aficionados fuera del país del sol naciente, se nos ha formado bajo una idea muy rígida de lo que puede o, mejor dicho, ofrece el cómic nipón. Esto invariablemente lleva a que, en contadas ocasiones, no encontremos en la penosa situación de no saber como afrontar una determinada obra, o bajo que parámetros ponderarla o apreciarla, y pasamos a considerarla una creación penosa y un cero a la izquierda dentro de nuestro camino.

Existen ocasiones en que para entender, disfrutar y apreciar una obra es necesario conocer el contexto o coyuntura que las engendro; para otras, como en este caso, es necesario entender la influencia que motivo al artista para dar vida a su creación. No se necesita indagar mucho en esta añeja obra de  Seiichirô Tokunan para darnos cuenta que estamos ante una rareza tanto para su época como para la nuestra. Aunque sea un manga casi único en su tipo, la fuente que inspiró semejante creación no es difícil de rastrear, y evidentemente no se encuentra en el cómic. Human Clock es una pieza claramente intima y personal, en donde los sentimientos y sensaciones que a lo largo de su lectura se generan en el lector son el elemento fundamental para conectarnos con lo más intimo de su creador, y en donde la historia o el sentido lógico de los acontecimientos carecen de completa importancia. Con esto queda más que claro que una de las fuentes de las que Tokunan bebió para construir tan sensorial primicia es el Expresionismo; la otra, por supuesto, es la filosofía materialista y mecanisista de Julien Offray de La Mettrie, aunque nos centraremos exclusivamente en la primera.

La sorpresa de Seiichirô Takunan

El miedo de Seiichirô Tokunan.

A grandes rasgos la corriente artística bautizada como Expresionismo, y surgida en la Alemania de inicios del siglo XX, se define como aquella en la cual el autor busca fervientemente plasmar su sentir interior anteponiéndolo a la realidad objetiva. Para ello los artistas del movimiento Expresionista se caracterizaron por realizar obras con formas distorsionadas, contornos bruscos y colores contrastados exagerando la magnitud de los temas. Y aunque en el panorama mundial del cómic, Human Clock no es ni de lejos la única que ha recurrido a dicho sustento, si es de los pocos trabajos que denotan una influencia tan marcada y evidente hacía dicha corriente.

La primera serie de páginas, todas ellas a color, innegablemente simbolizan un tributo a la pintura del movimiento Expresionista de la República de Weimar. En ellas nos encontramos con las composiciones de colores agresivas y muy contrastadas, con formas y sombras completamente deformadas, expresiones faciales alteradas y con ciertas facciones muy destacadas y fondos confusos que forman un ambiente de desorientación. En el momento en que entramos en el terreno de la narración manga, es decir, en las páginas a blanco y negro, la influencia deviene más específicamente del cine; el discurso estético tiene como motor a la angustia existencial que persigue al personaje protagonista. A lo largo de estas páginas abundan los personajes de rostros cadavéricos, las anatomías son deformadas de una página a otra, los fondos son casi inexistentes y se limitan casi por completo a mostrar el constaste total entre negro y blanco.  Además, el autor echa mano de escenas surrealistas y altamente bizarras como elemento para acrecentar el tormento y la angustia del protagonista. Con dicho mar de elementos se formula una atmósfera muy opresiva, completamente desconcertante que evoca sensaciones indeseables e incomodas en los lectores. Y toda esta realidad deformada, o carente de lógica y sentido, es reforzada por detalles como las alteraciones ortográficas que se presentan a lo largo de la obra,  o los personajes con psicología distorsionada o paranoide, y no digamos de las posiciones corporales imposibles en las que se presenta por ocasiones a los personajes.

Con todo este repertorio de elementos gráficos y sensoriales, Tokunan logra exteriorizar esta tragedia interior que se gesta viñeta a viñeta y que se compone de miedos, fantasías, sueños, deseos, angustias, etc., e impactar con gran fuerza en los sentidos del espectador. Sentidos y sentires que quizá cambien de lector a lector, pero que innegablemente son despertados gracias al poder de la imagen.

La base para el surgimiento del movimiento Expresionismo fue la decadencia moral, política y social que sufrió la Alemania de posguerra, y aunque para la época en que fue lanzado este trabajo Japón se encontraba en los albores del llamado “milagro económico”, quizá no es tan descabellado en pensar a esta obra como un elemento para plasmar esa cruda posguerra que el pueblo japonés tuvo que pasar a finales de los años 40’s.

En definitiva, y simple y llanamente, Human Clock es un arte… una bella y profunda obra de arte. Una prueba que pese a su longevidad se presenta como latente para comunicar que el manga puede engendrar trabajos de carácter totalmente artístico.

Lo mejor:

  • Una obra que pese a sus años resulta una experiencia única y sensorial, la cual muy pocas ocasiones podemos disfrutar.
  •  Pone de manifiesto que el manga también puede ser arte.
  • Por el carácter de la obra su autor no se excede en el número de páginas y todo queda perfecto.

Lo peor:

  • No ser apreciada en la forma que se debería.

Reseña [Manga]: Densha Otoko

  Historia: Hitori Nakano
  Arte: Hidenori Hara
  Revista: Young Sunday
  Lanzamiento: 2006
  Géneros: Drama, romance
  Demografía: Seinen
  Tomos: 3

Es bien sabido por todos ustedes que el inagotable carrusel de obras que van formando el mundo del manga, y que representan un buen porcentaje de la producción editorial japonesa, da la pauta para que tanto niños de jardín, como altos empresarios, encuentren una obra a su medida e intereses. Y gracias a la inmensidad y solides de la industria, es que esta se convierte en un nicho atractivo y fértil para plasmar historias fuera de lo habitual, ya sean desde las más experimentales y retorcidas, hasta aquellas que simplemente son peculiares.

Mi gusto por leer obras que en determinada medida rompan con las temáticas y narrativas imperantes, y que permitan redondear un círculo de intereses principal, fue lo que me llevo como misil tele-dirigido a las páginas de Densha Otoko, manga que en su momento y por la singularidad que existe tras la historia que da le da vida, se convirtió en un fenómeno social en el país del sol naciente, y que debo admitir me era desconocido por completo. El secreto tras esta gran fiebre que dio lugar a cuatro obras de manga, una novela, así como una serie de televisión y una producción cinematográfica, se encuentra en que lo plasmado en este conjunto de creaciones es la narración directa de acontecimientos verídicos construidos a partir de una colección de mensajes publicados por un otaku en un popular foro japonés. Aunque es preciso mencionar que hasta el día de hoy no se ha logrado comprobar la completa veracidad de los acontecimientos, e incluso se han logrado encontrar inconsistencia de los mismos a través de la lectura de los mensajes originales.

Sinopsis

El 14 de marzo de 2004, a las 9:55 pm, un usuario anónimo abrió un tema en el popular foro 2channel; en su primer mensaje el usuario, quien posteriormente será apodado “Densha Otoko” narra como hizo frente a un ebrio que molestaba a una hermosa chica en el tren. Además explica como ella le pidió su dirección para poder agradecerle con algún presente en el futuro.

A partir de ese simple mensaje sobre las vivencias de un otaku común y corriente, una serie de usuarios del mismo foro se interesan por lo acontecido y piden a Densha que invite a salir a la chica tras haber recibido el presente. De esta forma, y durante cada noche, el foro de 2channel se convierte en un perfecto consultorio del amor, en donde Densha posteara su día a día, y el grupo de interesados aportarán experiencias, ánimos y consejos para que todo salga a la perfección en este peregrinar romántico y desconocido para nuestro protagonista.

Abandonando la vida Otaku

Densha Otoko es uno de esos mangas que para apreciarlos en su totalidad no sólo debemos limitarnos a lo que se narra en cada viñeta. Esto porque no es un manga común y corriente, y no me estoy refiriendo a aspectos subjetivos, sino porque como ya lo he dicho, la obra nace de hechos verídicos. Es vital tener esto muy presente ya que de ser así, a medida que la obra va caminando, estamos asistiendo a un experimento narrativo, experimento que tiene su centro en como el mangaka hace una construcción gráfica a partir de una colección de conversaciones por diversos, y que poco a poco va tomando forma y sentido. Haciendo caso a esto Densha se vuelve una lectura más rica y gratificante. Pero tampoco debemos encajonarnos por completo en ello, porque de esa forma estamos ante una historia que no nació como tal para encajar o no encajar en los estándares actuales que existen en el mercado para trabajos de corte semejante.

El elemento más sencillo de pillar y que sin dudarlo es el que ha hecho optar por esta lectura a la mayoría de las personas, no es otro que ese lado romántico que se extiende de principio a fin, y que representa el hilo conductor y sentido de todo lo acontecido. En esta  oda al amor, a ese amor sincero y transparente que se impone por encima de estratos sociales, de intereses diversos y apariencias físicas, nos encontramos con una narrativa ligera, noble y sencilla que se deslinda de muchas otras historias semejantes al no llevarnos a un mundo de sentimientos exacerbados, de sentimentalismos desaforados y situaciones en extremo melosas. Esto hace que incluso aquellos lectores que no son muy afines a este tipo de temáticas puedan sin mayores problemas avanzar a paso firme por las páginas de este manga, sin tener que sufrir con situaciones empalagosas que hacen titubear a más de uno.

Densha empieza a sucumbir ante sus propios cuestionamientos

Densha empieza a sucumbir ante sus propios cuestionamientos

Si bien la fórmula de abordar la vida de los Otakus se ha convertido, con el paso de los años, en un tema que causa cada vez menos interés a causa de que se ha tocado en demasía, el que Densha sea una adaptación de eventos reales, a priori jala muchos lectores interesados seriamente en todo aquello que les describa como opera la sociedad nipona en realidad. Pero entonces aquí la cuestión es la siguiente: ¿a qué se debe toda esta fiebre? Bueno, se debe de que a diferencia de otros trabajos este no busca hablar sobre como es la vida de los otakus, y como se vive desde adentro, sino que es, a todas luces, un aliciente muy fuerte para invitarlos a reintegrarse a la dinámica social que consideramos común y saludable. Y aunque también se ha hablado mucho y con muy buenos ojos sobre la habilidad que muestran para desenvolverse como pez en el agua a través de los medios electrónicos, y que contrasta con lo introvertidos y reservados que son físicamente, más que puntos positivos o para alegrarse, considero que esto conlleva más puntos preocupantes e inquietantes considerando que la obra refleja la realidad.

A lo largo de la obra se tocan dos temas fundamentales sobre la red: la no privacidad, y la carencia de controles adecuados que nos permitan evitar que las cosas se salgan de proporciones a medida que gente comienza a congregarse y que tal vez no posean intenciones adecuadas. Otro punto, y que llamo mi atención por completo, fue ver como casi todos los participantes del hilo van creándose una dependencia exagera a las publicaciones, y peor aún es que prácticamente intentan vivir a través de Densha y sus logros amorosos. De igual manera Densha Otoko también representa la total conversión no sólo interior sino exterior, prueba de ello es como nuestro chico empieza a gastarse cantidades importantes para impresionar a la chica, apodada por los usuarios como Hermes; esta adopción de los hábitos de consumo actuales son lo que termina por redondear la incitación para salir si bien no por completo de la antipatía, sino busca hacer reflexionar a las personas sobre sus costumbres y nos muestra la importancia de la interacción social para una mejor salud interior. Porque a fin de cuentas somos series sociales, y el vivir aislado no sólo nos perjudica a nosotros mismos, sino que también a los que nos rodean y a la sociedad como tal.

De las versiones existentes sobre la historia de “El Hombre del Tren”, la guionizada por Hitori Nakano y dibujada por Hidenori Hara fue la que capturo mi atención no tanto por haberla encontrado bajo la cobija de seinen, sino gracias a su particular y distintivo estilo de dibujo. Y esta decisión se respalda gratamente con la atinada forma de presentar la interacción entre los foreros, y su experimento para narrar la publicación de los mensajes. En más el diseño no es fastuoso o muy detallado, pero su simpleza impacta y agrada. En suma un manga para un público muy amplio; una obra ligerita de leer, pero sobre temas no tan ligeros de digerir.

Lo mejor:

  • Sirve bastante bien para aprender más sobre la sociedad japonesa.
  • Es encomiable que existan trabajos que intenten servir como puente para alentar a las personas a relaciones socialmente.
  • Muchos lectores se sentirán profundamente conectados con la situación del protagonista.

Lo peor:

  • Puede leerse como si la vida otaku, incluso en su mínima expresión, no puede subsistir con la vida de pareja.
  • Habrá a quien lo ahuyente el tema por ser algo demasiado tocado.

Reseña [Anime]: Tokyo Godfhaters

2012/12/23 2 comentarios

  Director: Satoshi Kon
  Estudio: Madhouse
  Lanzamiento: 2003
 Géneros: Drama, comedia, slice of ..life
  Demografía: Seinen
  Tipo: Película

Por encima de rasgos físicos, estatus sociales y económicos, y demás cosas materiales y mundanas, todos somos iguales y compartimos los mismos derechos; sin embargo, muchas de las veces nos empeñamos como especie en vanagloriarnos y sentirnos superiores de algunos de nuestros congéneres, todo ello hasta que la muerte, que no distingue entre unos y otros, nos hace ver la realidad: “todos somos iguales”.

La muerte es uno de los signos que pone de manifiesto nuestra igualdad como seres humanos, y es innegable que el dolor que ella conlleva siempre estará presente, como bien lo retrata el escritor y moralista francés, Jean de la Bruyére, con su frase: «La muerte no llega más que una vez, pero se hace sentir en todos los momentos de la vida». Pero a esta frase sería correcto añadir, que este terrible sufrimiento, no siempre es el mismo: algunas muertes —especialmente las de aquellos con quienes estamos fuertemente unidos— dejan un dolor más intenso y con una marca más profunda.

El 24 de agosto del pasado 2010, el mundo de la animación japonesa fue embargado por  una gran pena… Satoshi Kon había muerto a sus 46 años. Había muerto el celebré director del estudio Madhouse, aquel gran estandarte de la animación comprometida y realista. Y el vacío que dejo en el mundo del anime es amplío y profundo… imposible de llenar. Su obra estuvo siempre bañada por una fuerte carga social; fue un director comprometido con narrar las problemáticas, las paranoias, las preocupaciones y los temas oscuros que aquejan a la sociedad japonesa contemporánea. Pero a la par del realismo de su trasfondo, barnizo sus obras en un profundo e hipnótico onirismo.

Sinopsis

Es Navidad y la nieve cubre la ciudad de Tokio con su blanco manto. En algún lugar de Shinjuku encontramos a tres vagabundos: Gin, Hana y Miyuki. Una noche oyen unos lloros que salen de entre un montón basura y encuentran a un angelical bebé. Gin insiste en llevarlo a la policía y que ellos se encarguen de él. Sin embargo, Hana, que siempre ha tenido la ilusión de tener un bebé, no quiere dejárselo a nadie y que sean ellos mismos los que busquen a los padres. Así será como estos tres amigos se embarcan en la aventura de encontrar a la familia del bebé…

La importancia de los lazos afectivos y la paz interior

Muy amenudo, y más que nada por desconocimiento, se suele encajonar a Tokyo Godfathers como una cinta que representa un completo punto y aparte en la carrera del fallecido Satoshi Kon. Es verdad que para esta entrega Kon no echa mano de lo onírico, ni nos lleva a una paranoia limbótica que pone de manifiesto la delgada línea entre lo real y lo ficticio. Tampoco nos embriaga los sentidos con sus toques de surrealismo, ni mucho menos nos muestra su genio para fragmentar la linealidad temporal de una historia para postularnos a la vida como un rodaje continuo. Pero todos y cada uno de ellos son elementos que aderezan el trasfondo fundamental de toda su obra, que como dijimos en los párrafos iniciales, busca sacar una radiografía de la sociedad y como viven el día a día, lo cual es la base sobre la que se construye esta historia.

Satoshi Kon fue una de las personalidades del medio que más profundamente desmitifico a la sociedad japonesa. Mucho de lo que se cuenta sobre la sociedad nipona y sobre los que la conforman es totalmente cierto: son muy honestos, respetuosos, tienen valores muy arraigados, son organizados, son afables, atentos y demás virtudes. Sin embargo muchas veces idealizamos en demasía esta idea, y modelamos a los japoneses como gente perfecta, sin problemas personales ni laborales, y precisamente Kon se ha enfocado en demostrar lo contrario, y dejarnos ver que los japoneses tienen problemas como todo el mundo, incluso algunos de ellos muy serios y latentes.

Con Tokyo Godfathers, Satoshi Kon, se abre al mundo, ya no sólo hace un trabajo concebido para un público japonés y en donde narra la vida de los japoneses promedio. Y tal si fuera el gran maestro español Luis Buñuel, en su emblemática cinta Los Olvidados, el prodigio de Madhouse toma como inmejorable telón de fondo a la fastuosa e inmacula urbe de Tokyo, para contarnos, cara a cara, la universalidad de un problema como es la marginal vida de los indigentes, aquellas personas sin un hogar al que regresar cada noche y, aprovechando, romper los prejuicios que la sociedad ha implantado sobre las personas que lamentablemente se encuentran en esta situación. Pero esta no es sólo una cinta sobre la dura vida que tienen que enfrentar un trío de vagabundos completamente disfuncional, y fiel a su estilo de crítica social sin matices ni tapujos, es que elige precisamente tan relevante fecha para lo sociedad como es la comprendida entre del 24 de diciembre y el 1 de enero.

El niño que inicio del milagro

El niño que inicio del milagro

Cuando hoy en día pensamos en “Navidad y Año Nuevo”, pensamos, inmediatamente,  en lo material, en todos los regalos que hay que comprar para dar a aquellas personas cercanas a nosotros, y de quienes esperamos algo reciproco, es decir, que inviertan en algo material para complacernos. Pensamos, a su vez, en las fiestas, con su opulencia y sus toneladas de comida que al final termina sobrando. Y es que no lo podemos negar: nos hemos vuelto materialistas e interesados. Ahora somos adictos al consumo, somos cómplices del capitalismo voraz pregonado por los gringos, y nos sentimos muy orgullosos de seguir, como simples títeres, a la sociedad materialista que maquinalmente han formulado los americanos como símbolo de felicidad, y que tristemente se nos ha metido hasta por debajo de la lengua.

Son muy pocas las personas que hoy en día toman estas fechas como una época proclive para la celebración espiritual, para encontrarnos interiormente, para enmendar nuestros errores en la medida de lo posible y recomponer el camino, pero lo más importante: para estar en comunión con nuestros familiares y personas cercanas. Y a ello, a revivir este espíritu de paz y armonía, a abrazar el calor humano y rehabilitar los lazos afectivos con nuestros familiares y la sociedad para salir de esa burbuja de consumo, es a lo que se nos invita por medio del carrusel de emociones por el que pasan el entrañable trío protagonista.

El gesto humano que supone, no sólo por parte de un grupo de disfuncionales indigentes, sino de cualquier persona, el hacerse cargo de un bebé abandonado y darse a la titánica y loable tarea de seguir un conjunto de pistas para dar con el paradero de los padres, no sólo supone ser el eje central de la trama, sino que además todas las vicisitudes para completar la empresa aparentan contener todo el sentido del trasfondo que engendra esta joya de la animación. Pero si bien el pequeñín es el detonante para el progreso de la tierna y conmovedora narrativa, también él mismo es el que logra darle un segundo sentido al famoso viaje… un sentido no real, no físico, sino interior.

Desde que se encuentra al pequeño en el basurero, y a medida que se avanza en este largo y noble peregrinar, cada uno de los personajes emprende a su vez un viaje, un viaje personal, interior… Cada uno de ellos entra en un examen introspectivo que los lleva a darse cuenta de su actual realidad y de los errores que los han llevado a estar en tan lamentable situación, que no es de miseria económica, sino interior, personal y familiar. Y no todo se queda en simples lamentaciones sobre la pesadumbre y vacío de su ser, sino que el viaje es más que nada de expiación.

¿Y es verdad que sale una familia Latina? Así es, aquí la prueba

¿Y es verdad que sale una familia Latina? Así es, aquí la prueba

La idea de tener un personaje o grupo de personajes, que enmiendan sus errores para emprender un nuevo vuelo, no es nada del otro mundo, no es algo que jamás hayamos visto, pero lo que hace especial a esta cinta en lo referente a este tema, estriba en como se va construyendo todo el concepto y la gran sensibilidad con la cual se nos sumerge en las fibras más sensibles de los personajes, para acompañarlos en esta nueva etapa de reivindicación que late desde su interior. En estos aspectos se cuida bastante, incluso los diálogos están muy bien cuidados, en ningún momento están demasiado manipulados, sino que tienen mucha transparencia, reflejan fielmente la personalidad extrovertida y despreocupada que muestran los personajes la mayor parte del tiempo, pero que se tornan serios, directos y cargados de todo el sentimiento que los embriaga en los momentos determinantes y de encuentro.

Poder hablar libremente… es el alma del amor. (Hana)

Podemos continuar abundando en los personajes, su sentir, las relaciones que se vertebran en torno a ellos, o de como afrontan la tarea de familia temporal, pero no podemos olvidar que la producción cinematográfica que recibió el “Premio a la Excelencia” durante el Japan Media Arts Festival del año en que se estreno, tienen un protagonista extra, y que juega un rol relevante pero que pasa desapercibido para muchos: Tokyo. El concepto visual que compone a Tokyo Godfathers, visto desde la óptica actual, es bello, vistoso, atractivo… pero no algo novedoso, ya que vasta echar una mirada a las obras más actuales para darnos cuenta que la composición visual en donde confluye un diseño de personaje prolijo, detallado, pero muy representativo del 2D, con ambientes apuntando a lo 3D y con mucho realismo y fidelidad a la Tokyo real, es algo que cada vez se asienta con mayor fuerza. Por tal motivo que este es un trabajo que se debe visionar sin perder el año de lanzamiento esto, indudablemente, lleva a un deleite mucho mayor, ha apreciar el concepto y la estética, que sin duda es pionero. Pero el triunfo visual no sólo, o más bien, no está dado, a mi parecer, por el atrevimiento de mezclar técnicas contrastantes y proveerle al espectador una metrópolis detalladísima, sino más bien viene del lado del acertado empleo de las iluminaciones y los sitios elegidos. En su mayoría la obra transcurre en sitios muy oscuros, solitarios, un tanto desesperanzadores y fríos, formulados de esta forma para servir de reflejo del interior de los personajes y darle mayor fuerza y cuerpo a la narrativa. Y una particularidad que entraña este trabajo es el empleo de filtros estilo fotográfico en ciertos momentos, especialmente bajo colores cían, carmesí y púrpura acentuando el discurso visual.

El trabajo esta erigido sobre muchas buenas intenciones, pero no todos se reflejan únicamente en el mensaje que se comunica, y una de ellas es no relatarnos un cuento de navidad amargo, enteramente triste, y que nos ponga melancólicos y haga pesadas nuestras almas, y para ello, al mismo tiempo como complemente del carrusel de emociones, es que se incluye la comedia. La comedia, que parecería atropellada y un tanto negra,  sirve inmejorablemente para potenciar la desarticulación de arquetipos, y vuelve a la obra bastante jocosa y despreocupada, todo ello invitándonos a disfrutar de la felicidad de vivir.

Tokyo Godfathers es un cuento de navidad. Un cuento de navidad lleno de sensibilidad, valor humano y buenas intenciones;  con personajes de lo más entrañable, divertidos y transparentes, con los cuales conectamos a través de una narrativa sincera y delicada, apoyada firmemente por un discurso visual de contrastes y deliciosas mezclas. Pero tras la mascara de optimismo y redención, está también es una historia sobre las malas decisiones, y como a través de ellas podemos ir torciendo nuestro camino hasta emprender un viaje de difícil retorno, en el cual la culpa cobra inimaginable fuerza y poco a poco ira carcomiendo y desgastando una alma dispersa y confusa. Sin duda una pieza audiovisual que ni mandada a hacer para ver con otra mentalidad esta época del año

Lo mejor:

  • Una apuesta visual de magnitudes asombrosas, y calidad sublime.
  • Que aparezca una familia Latinoamericana en la cinta. Y mejor aún hablando en español. Lo menciono por que muchas veces hemos visto personajes de otras nacionalidades hablando perfectamente japonés.
  • La forma tan acertada en que se aborda todo el tema de la redención, de los pequeños lazos que nos unen como seres humanos, del perdón y la importancia de la familia.

Lo peor:

  • Son pocas, pero algunas veces los acontecimientos están muy tomados por los pelos.

Reseña [Manga]: Kirisuke and Johnny, The Slaying of 499

  Autor: Enomoto Shunji
  Revista: Afternoon
  Lanzamiento: 2010
  Géneros: Samurái
  Demografía: Seinen
  Tomos: N/A (One-Shot)

La mente creativa

El nombre de Enomoto Shunji estoy más que seguro es totalmente ajeno para muchos lectores de manga, y esto no es para menos, ya que no es ni de lejos un nombre que aparezca muy a menudo en el panorama que comprende los medios de difusión y recreación de esta afición, llámense revistas (impresas o digitales), foros, blogs, etc. Pero como en este espacio nos interesa de sobremanera dar a conocer autores que están muy fuera de los reflectores, es que aprovechando la ocasión y para matar 2 pájaros de un tiro(reseñar un manga y manifestar un nuevo mangaka), daremos un breve recorrido por la obra y trayectoria de este particular artista, a fin de encaminar y enriquecer la reseña.

Enomoto Shunji, nacido en la prefectura de Kanagawa (sí, esa a la que pertenece el equipo de Shohoku) en 1968, es un mangaka con más de 20 años de experiencia en el terreno profesional. Después de graduarse de la escuela de Cine de Yokohama, emprendió su carrera dentro de las viñetas; entre sus creaciones más conocidas se encuentran Golden Lucky (serializado en la Morning de 1989 a 1996), y su obra clave, Enomoto: New Elements that Shake the World, manga que estuvo en publicación de 1997 al 2003 con un total de 9 volúmenes a su espalda. Entre algunos otras de sus creaciones se encuentran la novela visual Curse of the Traitor, el manga de tomo único Enotic (1998), y el one-shot The Family Zoo. Lamentablemente ni sus nada despreciables años de transitar en el mundo del manga, ni el hecho de que algunos de sus trabajos han sido comentados en el famoso portal The Comics Journal, han bastado para acercarlo a los círculos más amplios de ávidos lectores, y ello se debe a que innegablemente, Enomoto, es un artistas concebido para las minorias, para aquellos que gustan de trabajos alternativos; la demencia, el humor sexual y escatológico, e incluso el voyeurismo y el exhibicionismo, son sus temáticas predilectas. Por esto no queda duda de que estamos ante un artistas muy poco asequible, que fácilmente puede impactar de manera negativa a aquellos que llegan a sus trabajos albergando un criterio totalmente cerrado.

El manga a diferencia del anime, es un medio que brinda muchas más facilidades para jugar con argumentos y temáticas, es así mismo un medio mucho más abierto y personal, razón por la cual es más fácil disfrutar de trabajos diferentes y con gran inventiva; y si bien gracias a ello existe manga para todas las edades, profesiones y estratos sociales, en cierta manera esta abundancia de contenido juega en su contra, ya que el ser tan amplio el abanico es fácil pasar por alto muchos títulos interesantes.

Sinopsis

Tras el secuestro de una mujer por un miembro de un grupo de bandidos, los representantes de la aldea a la que pertenece la fémina que ha sido privada de su libertad, lamentados por el hecho, contratan al dúo de ronins  (samuráis errantes) Kirisuke y Johnny para encargarse de la arriesgada y difícil empresa de arrebatarla de las manos de sus captores. Lo que se ignora es que la banda ostenta un número de 499 bandidos.

La hábil y violenta plumilla de Enomoto

Cuando buscamos consumir algún manga siempre rastreamos creaciones afines a nuestras preferencias, raramente salimos a terreno desconocido fuera de nuestro rango de habitual de acción, pero aún más escasamente es que solemos abandonar por un instante obras bajo los cánones y estructuras que han dado forma a esta arte secuencial. Kirisuke and Johnny, The Slaying of 499 es uno de esos trabajos poco alternativos, que rompen con muchos preceptos, principalmente narrativos (construcción de personajes, trasfondo, desarrollo de argumentos, etc.), para dar rienda suelta a la inventiva del artista y brindarnos un espectáculo muy personal e innovador, pero sin privarnos de pasar un agradable y ameno tiempo de lectura.

La mayoría de las ocasiones solemos hablar en términos generales para ir encaminando el terreno sobre el manga en cuestión, sin embargo por el estilo y en parte también por la cantidad de página (que es bastante mayor a la de los típicos one-shot), expresarnos a grandes rasgos sobre esta primicia de Enomoto Shunji, es prácticamente imposible, ya que el ritmo tal cual se nos presenta sin mayores reparos, dejándonos entrever las no intenciones de plasmar y resolver un historia en la medida de lo posible, o sorprendernos con alguna medida argumental; por tales motivos, tocar elementos generales o puntuales es exactamente lo mismo. De tal manera que hablar de Kirisuke and Johnny, The Slaying of 499, es remitirnos a un manga compuesto por un total y absoluto alarde visual de un estilo muy pocas veces desplegado en viñetas, pero encausado de magistral manera para llevarnos por una centelleante vorágine de sangre y muerte, por un vendaval de pericia con las mortales katanas, para brindarnos una amalgama perfecta entre sencillez y complejidad… Pero por encima de todo, es un manga formulado para sacar a flote una faceta completamente desconocida de tan interesante mangaka.

Dinamismo puro y muertes al por mayor, los ingredientes principales de esta inusual historia

En verdad digo que pocos, muy pocos trabajos alcanzan semejante plenitud y solidez dinámica dentro de las viñetas y en la transición de las mismas. Esto innegablemente lo convierte en un estimulo visual bastante importante, pero para aquellos que han tenido la oportunidad de leer a Enomoto en trabajos anteriores, más que el cambio de guión que lo aleja completamente de sus trabajos retorcidos, de un humor muy ofensivo, gamberro y hasta escatológico, lo que hace que este one-shot cobre mayor significación radica en el enorme contraste en el manejo de la plumilla. Enomoto Shunji nos había acostumbrado a un estilo de dibujo despreocupado, con personajes físicamente muy redondeados y con fondos jugando un rol mínimo, para dar vida a sus creaciones; sin embargo mediante este trabajo nos cambia por completo la pichada, dándonos una agradable sorpresa, que hace más elogiable el esfuerzo realizado para hacer converger de manera óptima la simpleza y sencillez de la mayoría de los personajes , con el atractivo de  los planos largos y la complejidad de la composición de las viñetas con vastas líneas de movimiento y un uso esplendido de las sombras. Sin duda una cinergia que no deja cabida para alguna duda sobre el gran oficio no sólo con la plumilla sino con la manera de diversificarse a si mismo.

Kirisuke and Johnny: The Slaying of 499 es en definitiva una lectura por la cual vale la pena invertir un poco de nuestro tiempo para deleitarnos la pupila y los sentidos con la brutal, vertiginosa y atrapante violencia de estos 2 ronins, que llevan hasta el límite las capacidades dinámicas que ofrece el cómic japonés. Por último es clave resaltar que la escencia del autor no se ve abandona por completo, y que si bien este trabajo es un guión completamente aparte de lo habitual, no se puede negar que en la personalidad exageradamente despreocupada, especialmente llegando a las páginas finales se hace presente regalándonos un momento de humor negro como el carbón.

Lo mejor:

  • Poder disfrutar plenamente de un trabajo de este corte y con una ejecución de esta índole.
  •  El tremendo oficio de Enomoto para embarcarse en un territorio totalmente ajeno y no sólo salir vivo con un trabajo de mediana calidad, sino concebir una pieza esplendida.
  • La tremenda sensación de movimiento y los gozadores planos largos.

Lo peor:

  •  No poder seguir acompañando a estos errantes samuráis.