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Reseña [Manga]: Grey

2013/12/23 1 comentario
Autor: Hideo Yamamoto  Revista: Young Sunday  Lanzamiento: 1992  Géneros: Drama, psicológico  Demografía: Seinen  Tomos: 1

  Autor: Yoshihisa Tagami
  Revista: Shônen Captain
  Lanzamiento: 1985
  Géneros: Sci-fi, acción, militar
  Demografía: Shônen
  Tomos: 2

La Ciencia Ficción como género cinematográfico y literario, nos plantea una sociedad futura o presente que ha recibido el impacto de numerosos avances científicos y tecnológicos. Dicho esto, la ciencia ficción es, pues, una narrativa eminentemente especulativa que, de la mano de los nuevos mundos y sociedades que plantea, incorpora, de forma inherente a ella misma, un poderoso elemento de asombro. Este elemento de asombro ha hecho que la ciencia ficción sea, mayormente, encajonada como un medio puramente de entretenimiento, olvidando así, que a lo largo de su historia, la ciencia ficción se ha constituido como uno de los más poderosos vehículos para desarrollar la critica social y la reflexión profunda sobre el sentido y los alcances de la técnica.

La temas que rodean a la ciencia ficción son, al igual que el universo, vastos, cautivadores y, muchas veces, atemorizantes. Dentro de esa inmensidad de temas y mundos diversos, uno de los más explorados, es aquel que plantea una sociedad en donde el dominio a pasado del hombre a la máquina. Desde las máquinas divinas y esclavizantes de la ciudad de Metrópolis, pasando por el HAL homicida de 2001: Una odisea espacial y llegando hasta la mortal Skynet de Terminator, la preocupación del hombre por perder el control de la sociedad ha quedado marcada en la línea de tiempo de la ciencia ficción. Y Grey, como no podría ser de otra manera, es una obra que trae dichas preocupaciones a terreno del cómic.

Sinopsis

Grey nos sitúa en un futuro lejano y distópico, en donde el océano azul se ha convertido en un mero recuerdo de lo que antes fue un mundo que ahora se rinde ante un desierto interminable. Los pocos asentamientos humanos que sobreviven a la hostilidad de este nuevo mundo se encuentran numerados, y cada uno de ellos es controlado por súper ordenadores bautizados bajo el nombre de “Little Mamas”, los cuales a su vez se encuentran interconectados a un ordenador central… “Big Mama”.

Dentro de las sórdidas ciudades, los pocos individuos que las habitan viven vidas al límite, sin ningún privilegio ni beneficio, y cuyo único método para desligarse de su desdichada vida consiste en enlistarse en las tropas de la ciudad y tratar de ascender en el estricto e inflexible sistema de rangos creado por “Big Mama”. Bajo dicho sistema los soldados son catalogados en rangos que van de la F, como el más bajo, hasta llegar a la A, lo cual significa convertirse en ciudadano y obtener una vida con privilegios antes impensados. Pero la tarea no es sencilla, sólo un reducido 3% de los solados lo logra, y es que no estamos ante un sistema de rangos común. Para poder ascender es necesario obtener créditos, y para ello hay que matar, matar tantos enemigos como sea posible en cada misión.

Cada combatiente obtiene 50 créditos por regresar de una misión, y 30 extras por cada enemigo que haya asesinado. Una vez que un soldado alcanza 1,000 créditos este asciende de categoría, acercándose al sueño de la ciudadania. Pero, ¿realmente vale la pena luchar por dicho objetivo?

La máquina sobre el hombre

No hace falta ser un genio para saber que el pueblo nipón posee una impresionante predilección por la ciencia ficción, misma que fue detonada a mediados del siglo pasado, y específicamente a partir de la cruda posguerra que tuvieron que vivir. Por ello no es de sorprender que prácticamente desde el nacimiento del llamado “manga moderno”, la ciencia ficción  ha formado parte medular del cómic japonés. Metropolis (1949) y Astroboy (1952) ambas creaciones de Osamu Tezuka, así como Tetsujin-28 (1952) de Mitsuteru Yokoyama, serían los ejemplos más claros e inmediatos.

Para cuando dio inicio la década de los 80’s, la ciencia ficción ya había sido explorada y desarrollada lo suficiente a través de los remarcables aportes de autores como Shotaro Ishinomori, Go Nagai, Leiji Matsumoto, Moto Hagio y Keiko Takemiya, sólo por nombrar algunos, y se había convertido en un género pujante y en plena madurez. Y a lo largo de sus 10 años, encumbraría a dos autores, no sólo al olimpo de la ciencia ficción, sino del manga en general. Por supuesto, me refiero a Katsuhiro Otomo, que a lo largo del periodo maravillo a la industria con Akira (1982), y de igual forma a Shirow Masamune, quien, con Ghost in the Shell (1989), dio el cerrojazo final a la década y a una evolución en su carrera tras haber desarrollado Black Magic (1983) y Appleseed (1985). Además, recordemos que el género “Mecha” tuvo su máximo apogeo en la industria de la animación precisamente en este periodo de tiempo. Así, bajo tal coyuntura es que Yoshihisa Tagami concibe Grey.

Al igual que otros artistas que incursionaron en la ciencia ficción con interesantes propuestas durante los 80’s, Tagami tuvo a su disposición una biblioteca amplía y de calidad como soporte inmejorable para construir este trabajo. A grandes rasgos, Grey es una historia completamente de género, una obra que toma no sólo referencias directas del manga, sino también de la cinematografía más pujante. Así mismo, representa una apuesta más que interesante, pero a la vez arriesgada, por dar vida a una obra que intenta caminar el estrecho sendero entre el shônen más adulto y el seinen más ligero.

El mundo bajo el que gira este manga de mediados de los 80’s, claramente bebe de las fuentes de la ciencia ficción distópica y post-apocalíptica, a la vez que toma elementos directos de un clásico como Terra E…, de Keiko Takemiya. Además, como buen Sci-fi que nos proyecta bastante adelante en el futuro, la relación entre el argumento y el concepto visual es elemento primordial para adentrarnos y entender esta compleja proyección.

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Grey adentrándose en el propósito de las máquinas.

Arriba, en la introducción, dimos la pista de que Grey es una obra que trae a territorio del cómic la latente preocupación del hombre por perder el control de la sociedad que ha forjado. Y en el sentido más profundo de la obra así lo es, sin embargo el planteamiento y desarrollo difícilmente nos acercan formalmente a dicho terreno temprano en el encuentro. En la primera mitad de la trama Tagami se centra en desarrollar la mecánica bajo la cual operan los pocos asentamientos humanos, realizando especial hincapié en la interacción entre los miembros de las tropas , a la par que va desgranando de primera mano el insano funcionamiento del sistema de rangos ideado por “Big Mama”. Durante este periodo el ritmo narrativo es ágil y brutal, los enfrentamientos inevitables entre los diferentes bandos acaparan casi por completo el sentido de la trama, pero la crueldad del combate también sirve para ir descubriendo como esta sociedad decadente a moldeado el frío y distante corazón del personaje central. Y dado que estamos ante uno de esos extraños trabajos en donde el personaje protagonista se encuentra a años luz en importancia sobre aquellos que los rodean, la lectura se convierte en una fiel proyección del interior del mismo: fría, distante y mecánica.

En la segunda mitad se abandona la narrativa centrada en los soldados, el ferviente deseo de ascender rangos y la cruel lucha entre individuos, para darle paso al tema de la dominación de la máquina sobre el hombre. A diferencia de lo que nos ofrece una obra como Terminator en el cine, Grey no construye su argumento sobre la tecnificación desmedida presentando una lucha encarecida y directa entre el hombre y la máquina, sino que su autor es, por así decirlo, un poco más elegante e infinitamente más estremecedor. La visión de Tagami de esa ominosa posibilidad es, pues, una en donde la máquina no necesita mancharse con la sangre de los individuos, sino que sólo se siente y observa como la raza humana se aniquila a ella misma victima de una especie de juego enfermo. Así pues, la promesa de la ciudadania y sus privilegios, no es más que un mero señuelo para motivar la masacre entre los pueblos. Y es precisamente la inclusión de esta visión muy diferente a lo que sería un shônen convencional sin mayores trasfondos, que la obra termina por colocarse en la senda de dos audiencias y cautivarlas por igual. Aunque claro, si nos vamos un poco más allá del seinen ligero, sería preciso recalcar que el autor peca demasiado al no desarrollar mucho más su propia creación y dejarla simplemente como la visión de una posibilidad más.

Si el argumento y desarrollo es bastante bueno e interesante, el concepto visual se vuela completamente la barda. El autor nos demuestra que no hace falta un dibujo súper estilizado o realista para potenciar una historia, sino que lo importante es como empleas los recursos que posees. Una de las primeras cosas que llega a la vista del lector es el hecho de que Tagami construye este mundo distópico y en clara decadencia con un marcado estilo retrofuturista, especialmente en lo bélico. La recurrente es esa: mezclar el armamento actual con el futuro. A lo largo de la historia vemos armas actuales tales como rifles de asalto, tanques, jeps y cazas al estilo F-15, que se entremezclan con armas surgidas de la ficción como trajes robóticos, armas láser, motos jet, drones de batalla y enormes fortalezas flotantes. Y el sentido retrofuturista que baña a la obra se cierra magistralmente con claras referencias al estilo de arquitectura propia de las civilizaciones precolombinas.

Lo referente al diseño de personajes, estos son de trazo extremadamente sencillo, sin importancia en los rasgos faciales o algún otro elemento distintivo. Los fondos son mucho más trabajados que los personajes, y amplían el sentido de decadencia que evidentemente se vive en dicho futuro, y mayormente se trata de construcciones actuales o de siglos pasados, dejando los ambientes futuristas para muy escasos lugares. Otro de los puntos muy frescos e interesantes de la idea visual, es este abandono del estilo más cargado a lo monocromático, y optar por darle prioridad a los altos contrastes dibujando dejando la utilización de tonos grises, y que da la sensación de siempre estar bajo los rayos de un sol inclemente.

Concluyendo… bueno,  que mejor que concluir con lo que Harlan Ellison, escritor americano de ficción especulativa, redacto para la edición Norteamericana de Grey:

GREY is a wonderful adventure story that uses ideas in the best possible fashion: as motivational impetus for a crackling good tale of survival and development of a fascinating character. And if Grey himself is less than loveable, it is  an important comment on how a society mad for war can debase and chill its citizens. GREY is also a powerful statement about the demeaning caste systems we create to keep other “in their place”.

Lo mejor:

  • El estilo retrofuturista en lo bélico y las construcciones le da un toque nostálgico y especial.
  • Es una manga que te hace reflexionar sobre los alcances de la tecnología.
  • Tiene buena sustancia y las referencias son claras.

Lo peor:

  • El autor se precipita demasiado hacia el final. Fácilmente se pudo extender la duración y llevarse con más calma el argumento.
  • Es un tanto exagerada la atención hacia el personaje central.

Reseña [Manga]: Densha Otoko

  Historia: Hitori Nakano
  Arte: Hidenori Hara
  Revista: Young Sunday
  Lanzamiento: 2006
  Géneros: Drama, romance
  Demografía: Seinen
  Tomos: 3

Es bien sabido por todos ustedes que el inagotable carrusel de obras que van formando el mundo del manga, y que representan un buen porcentaje de la producción editorial japonesa, da la pauta para que tanto niños de jardín, como altos empresarios, encuentren una obra a su medida e intereses. Y gracias a la inmensidad y solides de la industria, es que esta se convierte en un nicho atractivo y fértil para plasmar historias fuera de lo habitual, ya sean desde las más experimentales y retorcidas, hasta aquellas que simplemente son peculiares.

Mi gusto por leer obras que en determinada medida rompan con las temáticas y narrativas imperantes, y que permitan redondear un círculo de intereses principal, fue lo que me llevo como misil tele-dirigido a las páginas de Densha Otoko, manga que en su momento y por la singularidad que existe tras la historia que da le da vida, se convirtió en un fenómeno social en el país del sol naciente, y que debo admitir me era desconocido por completo. El secreto tras esta gran fiebre que dio lugar a cuatro obras de manga, una novela, así como una serie de televisión y una producción cinematográfica, se encuentra en que lo plasmado en este conjunto de creaciones es la narración directa de acontecimientos verídicos construidos a partir de una colección de mensajes publicados por un otaku en un popular foro japonés. Aunque es preciso mencionar que hasta el día de hoy no se ha logrado comprobar la completa veracidad de los acontecimientos, e incluso se han logrado encontrar inconsistencia de los mismos a través de la lectura de los mensajes originales.

Sinopsis

El 14 de marzo de 2004, a las 9:55 pm, un usuario anónimo abrió un tema en el popular foro 2channel; en su primer mensaje el usuario, quien posteriormente será apodado “Densha Otoko” narra como hizo frente a un ebrio que molestaba a una hermosa chica en el tren. Además explica como ella le pidió su dirección para poder agradecerle con algún presente en el futuro.

A partir de ese simple mensaje sobre las vivencias de un otaku común y corriente, una serie de usuarios del mismo foro se interesan por lo acontecido y piden a Densha que invite a salir a la chica tras haber recibido el presente. De esta forma, y durante cada noche, el foro de 2channel se convierte en un perfecto consultorio del amor, en donde Densha posteara su día a día, y el grupo de interesados aportarán experiencias, ánimos y consejos para que todo salga a la perfección en este peregrinar romántico y desconocido para nuestro protagonista.

Abandonando la vida Otaku

Densha Otoko es uno de esos mangas que para apreciarlos en su totalidad no sólo debemos limitarnos a lo que se narra en cada viñeta. Esto porque no es un manga común y corriente, y no me estoy refiriendo a aspectos subjetivos, sino porque como ya lo he dicho, la obra nace de hechos verídicos. Es vital tener esto muy presente ya que de ser así, a medida que la obra va caminando, estamos asistiendo a un experimento narrativo, experimento que tiene su centro en como el mangaka hace una construcción gráfica a partir de una colección de conversaciones por diversos, y que poco a poco va tomando forma y sentido. Haciendo caso a esto Densha se vuelve una lectura más rica y gratificante. Pero tampoco debemos encajonarnos por completo en ello, porque de esa forma estamos ante una historia que no nació como tal para encajar o no encajar en los estándares actuales que existen en el mercado para trabajos de corte semejante.

El elemento más sencillo de pillar y que sin dudarlo es el que ha hecho optar por esta lectura a la mayoría de las personas, no es otro que ese lado romántico que se extiende de principio a fin, y que representa el hilo conductor y sentido de todo lo acontecido. En esta  oda al amor, a ese amor sincero y transparente que se impone por encima de estratos sociales, de intereses diversos y apariencias físicas, nos encontramos con una narrativa ligera, noble y sencilla que se deslinda de muchas otras historias semejantes al no llevarnos a un mundo de sentimientos exacerbados, de sentimentalismos desaforados y situaciones en extremo melosas. Esto hace que incluso aquellos lectores que no son muy afines a este tipo de temáticas puedan sin mayores problemas avanzar a paso firme por las páginas de este manga, sin tener que sufrir con situaciones empalagosas que hacen titubear a más de uno.

Densha empieza a sucumbir ante sus propios cuestionamientos

Densha empieza a sucumbir ante sus propios cuestionamientos

Si bien la fórmula de abordar la vida de los Otakus se ha convertido, con el paso de los años, en un tema que causa cada vez menos interés a causa de que se ha tocado en demasía, el que Densha sea una adaptación de eventos reales, a priori jala muchos lectores interesados seriamente en todo aquello que les describa como opera la sociedad nipona en realidad. Pero entonces aquí la cuestión es la siguiente: ¿a qué se debe toda esta fiebre? Bueno, se debe de que a diferencia de otros trabajos este no busca hablar sobre como es la vida de los otakus, y como se vive desde adentro, sino que es, a todas luces, un aliciente muy fuerte para invitarlos a reintegrarse a la dinámica social que consideramos común y saludable. Y aunque también se ha hablado mucho y con muy buenos ojos sobre la habilidad que muestran para desenvolverse como pez en el agua a través de los medios electrónicos, y que contrasta con lo introvertidos y reservados que son físicamente, más que puntos positivos o para alegrarse, considero que esto conlleva más puntos preocupantes e inquietantes considerando que la obra refleja la realidad.

A lo largo de la obra se tocan dos temas fundamentales sobre la red: la no privacidad, y la carencia de controles adecuados que nos permitan evitar que las cosas se salgan de proporciones a medida que gente comienza a congregarse y que tal vez no posean intenciones adecuadas. Otro punto, y que llamo mi atención por completo, fue ver como casi todos los participantes del hilo van creándose una dependencia exagera a las publicaciones, y peor aún es que prácticamente intentan vivir a través de Densha y sus logros amorosos. De igual manera Densha Otoko también representa la total conversión no sólo interior sino exterior, prueba de ello es como nuestro chico empieza a gastarse cantidades importantes para impresionar a la chica, apodada por los usuarios como Hermes; esta adopción de los hábitos de consumo actuales son lo que termina por redondear la incitación para salir si bien no por completo de la antipatía, sino busca hacer reflexionar a las personas sobre sus costumbres y nos muestra la importancia de la interacción social para una mejor salud interior. Porque a fin de cuentas somos series sociales, y el vivir aislado no sólo nos perjudica a nosotros mismos, sino que también a los que nos rodean y a la sociedad como tal.

De las versiones existentes sobre la historia de “El Hombre del Tren”, la guionizada por Hitori Nakano y dibujada por Hidenori Hara fue la que capturo mi atención no tanto por haberla encontrado bajo la cobija de seinen, sino gracias a su particular y distintivo estilo de dibujo. Y esta decisión se respalda gratamente con la atinada forma de presentar la interacción entre los foreros, y su experimento para narrar la publicación de los mensajes. En más el diseño no es fastuoso o muy detallado, pero su simpleza impacta y agrada. En suma un manga para un público muy amplio; una obra ligerita de leer, pero sobre temas no tan ligeros de digerir.

Lo mejor:

  • Sirve bastante bien para aprender más sobre la sociedad japonesa.
  • Es encomiable que existan trabajos que intenten servir como puente para alentar a las personas a relaciones socialmente.
  • Muchos lectores se sentirán profundamente conectados con la situación del protagonista.

Lo peor:

  • Puede leerse como si la vida otaku, incluso en su mínima expresión, no puede subsistir con la vida de pareja.
  • Habrá a quien lo ahuyente el tema por ser algo demasiado tocado.