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Eiichi Fukui: de Igaguri-kun al Kanzume

Igaguri

Nacido el 3 de Marzo de 1921, Eiichi Fukui fue un dibujante de manga con una carrera que bien podrías describir como una llamarada: intensa pero breve. Aunque Fukui tuvo una trayectoria trágica y breve, este dejó una huella que el paso del tiempo ha cubierto lamentablemente. No sólo fue pionero del género Spokon (tenacidad deportiva) sino al mismo tiempo fue una de las fuerzas que impulsaron las riendas visuales de la industria a través de la acalorada rivalidad que sostuvo con Osamu Tezuka durante los primero años de la década de los 50.

Después de graduarse de la escuela secundaria en 1938, Fukui se unió al departamento de animación de la Nippon Eiga (Compañia de Cine de Japón), conocida por sus obras propagandísticas durante la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente paso a trabajar para la Nihon Manga Eiga sha (Compañía de Cintas Animadas de Japón) hasta su colapso en 1949. Al igual que otros miembros de la compañía, Fukui decidió incursionar en el mundo del manga. Su primer paso en la industria fue sin duda un gran reto: retomar el popular manga de beísbol Bat Kid (Batto kun), tras la muerte de su autor Inoue Kazuo. De esta forma las historias de carácter deportivo se convertirían en el pan de cada de  día de Fukui.

En 1952, y motivado por el editor en jefe de la revista Adventure King de Akita Shoten, para crear una historia cimentada en un chico valiente y admirable que crea su propio camino en la vida, muy al estilo de las historias que existían durante la preguerra, Fukui crearía Igaguri-kun, un manga sobre un pequeñín huérfano que se convierte en luchador de Judo.

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La popularidad que llegaría a alcanzar Igaguri-kun no pudo haber sido prevista. No sólo empujó a la revista Adventure King a publicar cerca de 300,000 ejemplares mensuales, sino que las historias de Judo se esparcieron como el fuego a lo largo de las revistas para niños. Tal fue la popularidad del manga que incluso eclipsó a la obra que hasta ese momento reinaba en la mente de los lectores, me refiero a Jungle Emperor de Osamu Tezuka. Y fue a raíz de este manga que surgió una rivalidad entre Fukui y un Tezuka que tras haber dominado el mercado del Akahon en Osaka ahora era el rey de las revistas de manga en Tokyo.

De la misma forma que los demás dibujantes de la época, Fukui partió de las nuevas técnicas de la narrativa visual creadas por Tezuka, pero al mismo tiempo dio vida a su propio enfoque a la progresión dramática entre paneles, a la vez estableció un patrón de combates que bien podríamos decir es la fuente de los empleados por Toriyama para su mundialmente conocida Dragon Ball.

Pero al hablar de Fukui es imperativo hablar de su temprana muerte y las causas que la ocasionaron. Fukui murió en Junio de 1954 a la corta edad de 33 años, el motivo de su muerto fue especificado como karōshi (sobrecarga de trabajo). Su muerte a causa de karōshi conmociono a la industria y llevo a que la Tokyo jidō manga kai (Sociedad de Manga para Niños de Tokio) abriera un diálogo serio acerca de la en ese momento popular e infame práctica del “kanzume”.

Igaguri 4

Viñeta en donde se retrata la práctica del Kansume (Osamu Tezuka, Manga Classroom 1953)

Dado que durante los primeros años de 1950 las revistas de manga se encontraban en un periodo de rampante crecimiento, los editores de las revistas se encontraban en la necesidad de lograr que los dibujantes de manga fueran capaces de producir más contenido en menor tiempo para cubrir la creciente demanda de las revistas mensuales y bi-mensuales.  Buscando una solución para lograr cumplir con los plazos los editores y editoriales empezaron a rentar apartamentos en los cuales encerraban, sí, encerraban a los artistas hasta que estos terminaran con su trabajo. A esta práctica se le denomino Kanzume.

Estrictamente hablando el Kanzume no era una práctica de confinamiento en solitario, ya que el editor usualmente permanecía junto al artista para asegurarse que este siguiera trabajando, a la vez que le proporcionaba alimento y pequeños descansos si eran necesarios, pero de no más de 15 minutos. Si bien el hecho de que Fukui padeciera sobrepeso y que a la vez tuviera un cierto gusto por la bebida influyeron en su temprana muerte, el Kanzume fue el último causante de su fallecimiento.

Tras la muerte de Fukui los artistas de manga empezaron a exigir —y en efecto obtuvieron— un aumento de salario del 50% de modo que pudieran tener una mejor calidad de vida sin necesidad de tomar tantos trabajos. Tal vez nos preguntemos el ¿por qué no rehusarse a realizar el trabajo si el Kanzume era una práctica tan infame? Bueno, Shōtarō Ishinomori  en su momento explicó que existía un compromiso de palabra de siempre decir “sí” a todos los nuevos encargos, de modo que la industria pudiera seguir creciendo, a la vez que para satisfacer a sus lectores.

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Lectura #16: Sakura Namiki

Sakura Namiki

Makoto Takahashi | 1957 | Shōjo – Shōjo-ai – Deportes

La creencia popular afirma que Ribbon no Kishi (1954) de Osamu Tezuka fue el primer manga shôjo de la historia. La verdad es que siendo estrictos esta afirmación es rotundamente errónea, y el pregonarla deja en el olvido el trabajo de algunos artistas que durante la preguerra trabajaron en el género, siendo el más conocido Katsuji Matsumoto autor de The Mysterious Clover (1934) y la muy popular Kurukuru Kurumi-chan, la cual estuvo en circulación de 1938 a 1940 en la revista Shōjo no tomo. Y sin olvidar a Shosuke Kurakane, quien durante los primeros años de la posguerra publicó Anmitsu Hime (1949 – 1955).

Ribbon no kishi, nacida como fruto de la influencia que el teatro Takarazuka ejerció en la vida de Osamu Tezuka, ciertamente significó un paso adelante en el desarrollo del género tanto en lo visual como en lo temático, emulando en cierta medida lo que años antes logró Shin Takarajima. Si bien Ribbon no kishi y el estilo Tezukiano dictaron el camino para algunos otros pioneros del género como Tetsuya Chiba, Leiji Matsumoto y Shotaro Ishonomori, los hechos son claros y la estética que hoy prevalece en el mundo shōjo no bebió de las fuentes de Tezuka, sino más bien de las provistas por Makoto Takahashi.

Fuertemente influenciado por el arte de Kashō Takabatake y Jun’ichi Nakahara, dos de los líderes artísticos de la cultura de chicas (Shōjo Bunka) durante las primeras décadas del siglo XX, Makoto Takahashi adoptó el estilo visual de las revistas para chicas de la preguerra para emplearlo en la construcción visual de sus mangas. De aquí que Takahashi sea reconocido como el inventor de esas páginas con paneles amplios y abiertos, y personajes de cuerpo completo lo cual sin duda evocaba a las portada de una revista para chicas.

Sakura Namiki nació en el seno de esa nueva cultura de chicas que surgió después del periodo Meiji (1868-1912) principalmente dentro del hermético mundo homosocial de las escuelas para chicas, y que tuvo su medio de expresión en las revistas shōjo de la época. Esto no sólo se ve reflejado en el aspecto estético del manga, sino que al mismo tiempo Takahashi emplea el argumento para explorar, y toma como eje central de su narrativa, uno de los elementos más importantes de la cultura de chicas: las fuertes relaciones emocionales entre colegialas. A diferencia de lo que realizó en una de sus anteriores obras, Paris-Tokyo, en donde los sentimientos de amor se enfocan en la relación padres-hijos, en Sakura Namiki estos sentimientos se canalizan en una relación entre chicas (S kankei). Este tipo de relaciones eran no sólo muy comunes durante la época, sino que incluso eran motivadas por los profesores y otras figuras de autoridad como una forma para canalizar y alejar los deseos heterosexuales de las chicas. Pero el amor entre féminas no se daba en una forma para nada sexual, sino en una forma totalmente espiritual (ren’ai).

En conclusión, Sakura Namiki no es sólo un manga que experimenta con la narrativa visual y que sienta las bases estéticas del género, sino al mismo tiempo es un viaje hermoso y sincero a través del inmaculado mundo de las chicas durante las primeras décadas del siglo pasado. Así que no tengan miedo si en algún momento gustan llamar “Padre del shojo” al señor Makoto Takahashi.

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Walt Disney: Ídolo de Osamu Tezuka

Walt Disney

Osamu Tezuka siempre describió su niñez como un periodo lleno de afección paternal y riqueza material. Y dentro de los bienes materiales que su familia (bastante acomodada) el que mejor recuerda es el proyector de 9.5mm que poseía su padre. Un joven Tezuka tuvo acceso desde temprana edad a la animación occidental, especialmente a los films animados de Diseny quien ya desde inicios de 1930 era conocido en Japón.

Tezuka rápidamente se convirtió en un aficionado y adicto a la animación de Dinsey, llegando incluso a ver la película de Bambi un ciento de veces en pocos meses. Así que Walt Disney se convirtió en su grande inspiración y motivó al hoy llamado “Dios del Manga” a soñar con hacer sus propias películas de animación.

Lamentablemente el Japón de la posguerra no contaba con los medios para realizar animación, así que Tezuka tuvo, en ese entonces, conformase con lo que tenía a la mano para poder expresar sus ideas: el manga.

Pero Tezuka nunca perdió el interés en realizar aniamción y a finales de los 50’s tuvo su oportunidad de colaborar con el recien fundado estudio Toei. Un poco después él mismo comenzó su propio estudio de animación llamado Mushi Pro, a través del cual Tezuka dió vida a la primera serie animada semana de la historia: Tetsuwan Atom (Astroboy).

En 1964 Tezuka viajó a los estados unidos para asistir a la “Feria Mundial” celebrada en Nueva York, y ahí él tuvo la oportunidad de conocer, e incluso intercambiar algunas palabras, con su más grande ídolo, Walt Disney.

A través del libro de ensayos de Tezuka (Tezuka Osamu Essay-shū) él describe el encuentro e incluso comparte la breve conversación que sostuvieron.

– “Hola, soy el jefe de un estudio de animación japonés”, dije.

– “Vaya, bienvenido”, me respondió Disney sin demasiado entusiasmo.

– “Nosotros hemos hecho Astroboy (Tetsuwan Atom).“

– “Oh, Astroboy.”

Por primera vez mostró algo de interés.

– “Lo conozco, lo vi en Los Ángeles. Es una obra excelente.”

– “Gracias, mi equipo se alegrará mucho. Por cierto, ¿podría decirme qué le parece?”

– “Es una historia científica francamente interesante”, me dijo Disney.

– “A partir de ahora, las miradas de los niños se dirigirán hacia el espacio. Estoy pensando en crear algo por el estilo. Si alguna vez tiene tiempo, acérquese a Burbank.”

Fuente: MangaLand

Lectura #11: Pluto

Pluto

Naoki Urasawa | 2003 – 2009 | Seinen – Ciencia Ficción – Thriller

Conocido por su densa narrativa multi-nivel, la cual a menudo se desarrolla en historias complejas y con grandes dosis de suspenso, Naoki Urasawa es uno de los artista más prominentes de la industria en los últimos 20 años. Aunque gracias a Monster y 20th Century Boys es que Urasawa a alcanzado el olimpo del manga, la verdad es que Pluto es una obra que tiene un sabor y significado especial en la carrera del autor.

Pluto es un manga mediante el cual Urasawa rinde tributo a Osamu Tezuka a través del personaje más popular del llamado “Dios del Manga, Astro Boy. Tomando como punto de partida el arco titulado “El mayor robot en la tierra”, Urasawa muestra su gran genio al transmutar este clásico del manga para niños, en una obra adulta con todas las de la ley. Un thriller de ciencia ficción cargado con grandes dosis de suspenso como sólo el autor puede proveer.

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Lectura #3: Vampires

Vampires

Osamu Tezuka | 1966 – 1967 | Shônen – Misterio – Sobrenatural

Hay una frase muy cierta que dice: “Leer la obra de Osamu Tezuka es leer la historia del manga”. El problema es que dicha frase puede ser entendida como que Tezuka fue la gran mente tras toda la evolución temática y visual de la industria y eso es mayormente falso. De hecho la mayor virtud del llamado Dios del Manga fue su impresionante forma de adaptarse a las nuevas corrientes creadas por sus colegas más que inventarlas.

Vampires es una de las obras que marcó un notorio punto de inflexión en la carrera de Tezuka al empezar a incursionar de forma seria en el manga para público más adulto —para el cual ya había dibujado un par de historias cortas en 1955—. Pero esto no hubiera sido posible sin la influencia de la corriente Gekiga (imagen dramática) la cual nació en las bibliotecas de Osaka a través del Kashi-hon (servicio de renta de libros). Dicha corriente apelaba a un tipo de historias más experimentales y liberales tanto en lo temático como en lo visual, y cuyo público objetivo eran los adulto y adultos jóvenes.

Un elemento característico de la obra es que los vampiros de esta historia son muy diferentes a lo que apriori conocemos. Aquí los vampiros son criaturas capaces de transformarse en diferentes tipos de bestias, entre ellas, sí, los lobos. Así que ya se imaginaran al protagonista vampiro transformándose en hombre lobo…

Como dato curioso resaltar que el mismo Tezuka y su estudio de animación, Mushi Productions, forman parte de la historia. Sí, cosa muy clásica en este autor.

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Reseña [Manga]: Brave Dan

  Autor: Osamu Tezuka
  Revista: Shonen Sunday
  Lanzamiento: 1962
  Géneros: Aventura, acción
  Demografía: Shonen
  Tomos: 1

Llevamos un añito blogueando con todos ustedes, y estoy seguro que aún no lo he dicho, pero soy un fanático incondicional y apasionado de la obra de Osamu Tezuka, aquel mangaka imperecedero conocido por el apelativo de “Mangaka no Kami-sama”. Y entonces quizá se pregunten ¿por qué si soy tan aficionado de él, sólo he realizado una reseña sabiendo lo prolífico e influyente de su carrera? Bueno, ya sea que se lo pregunten o no, la respuesta es simple: este espacio tienen objetivos y lineamientos. No voy a ocultar que hay ciertos momentos en donde me gustaría echar por la ventana esos objetivos, y volcarme a hablar de las obras y autores que más me gustan; sin embargo al final recapacito seriamente para no abandonar la senda que propusimos desde un inicio, y que permite a este blog ser un espacio incluyente, plural y preocupado por mantener siempre una diversidad de contenido. Si no hiciera caso de ello, sin duda este sería un espacio monopolizado por un grupo muy selecto de autores y géneros temáticos y demográficos, lo cual no deseamos, ya que es primordial plasmar en lo posible lo vasto y denso que es el universo del manga.

Lo que si me había dado el tiempo para comentar en anteriores ocasiones, es que pese a tener esos objetivos claros, que espero siempre mantener para salud de este espacio, y en cuanto no abuse de ello, me daré un gusto y le dedicaré algunos párrafos a trabajos y autores que me gustan profundamente, y que estoy seguro también pueden llegar a gustarles a ustedes que nos visitan. Tal como la  que hoy nos compete, que si bien no es una de las obras mayores y determinantes del “dios del manga”, una vez que termine de leerla, apenas hace unos días, no pude sacarme de la cabeza la idea de hablar de esta obra de manera más tendida.

Sinopsis

La historia nos sitúa en un bosque de Hokkaido, en donde Gen, un padre de familia y miembro de la tribu Ainu, trabaja arduamente en la tala de árboles bajo las ordenes de un déspota jefe. Tras una acalorada discusión, Gen es insultado por su jefe y se lanza ferozmente sobre él, a lo cual su jefe responde amenazándolo con una arma de fuego. Gen se defiende hiriéndolo con su hacha, y posteriormente toma a su familia y escapan a lo profundo del bosque.

Para librarse de sus perseguidores provocan un incendio, lamentablemente este se sale de control, lo que ocasiona que un tren que circulaba cerca de ahí sufra un terrible accidente y permita escapar de su jaula a un feroz tigre. El tigre se dirige rápidamente hacia el bosque, pero súbitamente es aplastado por un árbol a causa del incendio;  el pequeño Kotan, hijo de Gen, al ver el suceso se compadece del pobre tigre y ruega a su padre para que lo salve; el padre accede y por hacerlo la familia es alcanzada por el grupo perseguidor quien deja el trabajo en sus perros de caza. En medio de la fiera batalla, Dan, el tigre que acaban de ayudar, les devuelve el favor y ayuda al padre de Kotan a acabar con los fieros perros. Habiendo pasado esta contingencia, Dan se encarga de llevar a la familia hasta la aldea Ainu, pensando que ahí todo estará tranquilo. Sin embargo, lo que ni Dan ni la familia sospecha, es que esto es apenas el principio.

Tezuka, los niños, la naturaleza, la vida… y la muerte

Como ya es bien sabido, Tezuka revoluciono el reducido mundo del manga con dos ideas: el uso de una narrativa visual de modo que se emularan los fotogramas de una película y dejará de ser tan estática, y la apuesta por historias de tirada larga para esa época. Y como algunos expertos en la materia ya lo han puntualizado, analizando la carrera de este emblemático mangaka es posible ser participes de la evolución progresiva que ha dado lugar al manga como hoy lo conocemos, aunque siempre dejando en claro que no a causa de que él haya dado a luz a todas las tendencias, sino porque desde que sentó las bases del manga moderno fue adoptando los nuevos estilos que sus compañeros de profesión fueron ideando, creando así una obra muy diversa tanto en la argumental como visual y narrativo. Por tales motivos, y como yo siempre he pregonado que el primer acercamiento de un lector con un manga siempre vendrá del lado de lo visual, cuando nos sumergimos en Brave Dan, y teniendo en mente las obras más tempranas del autor, no resulta complicado identificar una constante y notoria mejoría en la técnica y destreza visual: ya las viñetas no son paneles en vertical de cuatro o más, sino que se vuelven mucho más diversos, existe además un juego y mayor libertad con las viñetas, y estas se  tornan determinantes para el desarrollo y comunicación de la historia hacia el lector. También nos topamos con un mayor sentido del dinamismos, una narrativa visual con mayor profundidad, con más volumen, que termina en una lectura más gratificante; y es importante mencionar que especialmente en el diseño de los personajes se notan carencias, más que nada en el detalle y los rasgos. Pero bueno, esto ya vino a mejor con el paso de los años.

El peligro acecha en todo momento

El peligro acecha en todo momento

En vida Tezuka siempre pregonó un humanismo sincero, un profundo amor y respeto por la naturaleza y todos sus seres vivos, y de ello impregno toda su obra. Este poderoso y sincero mensaje es lo que logra que su obra, aún ha muchos años de su creación e incluso aquellas concebidas para el público infantil, sea totalmente leible y productiva para el público en general. Remitiéndome a sus trabajos creados antes de su incursión en temáticas de corte más adulto, Brave Dan es uno de los que más destaca gracias a que su discurso humano y naturalista nace de las raíces del apartado visual, y tratándose de un manga para público joven y por la época de lanzamiento —en donde la relación con esta audiencia era más natural y mejor tratada—, todos los mensajes corporales expresados por los personajes en las viñetas cobran un mayor peso específico. De aquí que no sorprende que los personajes tengan una transparencia superior para proyectar sentimientos, especialmente aquellos de empatía y dolor por la pérdida de los seres queridos.

En la lectura de Shônen no es muy raro encontrarnos con mangas de décadas más recientes que cuenten en su trasfondo con un mensaje semejante al de esta obra; sin embargo, en muchas ocasiones estos mensajes son fácilmente identificados y comprendidos por los lectores de mayor edad en esta demografía, y tristemente no así por los de menor edad. Es por este motivo que este manga me resulto tan agradable; me capturo por completo esta preocupación por dotar a la historia de un discurso transparente, que fuera accesible aún para los más pequeños en el rango de edad. No cabe duda de que en ese entonces se tenía una relación más directa con los pequeños lectores.

Para todo el peso de la historia y para comunicar el mensaje deseado, Tezuka selecciona con gran tino la pequeña figura del valiente Kotan. Digo atinado ya que en este tipo de obras, por el público que es la primera apuesta, se debe escoger un personaje central mediante el cual los lectores se puedan conectar y a través de esta conexión poder seguir más de cerca la narrativa y los sucesos. A diferencia de Shin Takarajima, y aunque ambas narran las aventuras de un pequeñín, Brave Dan no sólo buscar llevar a los pequeños lectores a vivir una magnífica aventura en la espalda de un amigable pero fiero tigre, sino que busca conectarnos con la naturaleza y también con el valor de la vida. La sincera y cercana relación de amistad entre un niño y un tigre, Kotan y Dan, simboliza la relación del hombre con la naturaleza, con ello el autor nos invita a reconsiderar la forma en que interactuamos con la madre naturaleza, y a su vez la figura del tigre, y el que Kotan pueda comunicarse con él, sirve para recordarnos que ella y todo lo que la compone también se encuentra viva.

Kotan y Dan se lanzan a la aventura

Kotan y Dan se lanzan a la aventura

Apreciar la naturaleza, verla como algo hermoso, respetarla, cuidarla y estar en comunión con ella, son elementos importantes que intenta inculcarnos este manga. Pero no todo se limita a la relación del ser con la naturaleza, y lo edificante que esto puede ser en fanáticos de pequeña edad. Sumando a ello, y como elemento más relevante y atractivo para la óptica de la evolución temática, está el hecho de que en diferentes ocasiones y formas, la obra busca acercar a los pequeños con la crudeza de la vida, y quizá por primera vez, con lo doloroso de la muerte. Por otro lado, y aunque el joven Kotan desde una edad muy temprana fue testigo de la crueldad y sadismo que puede albergar el ser humano como para arrebatarles la vida a sus congéneres, en todo momento el se niega a matar a aquellos que lo persiguen incesantemente, mostrando un profundo amor y respeto por la vida y el derecho a vivir.

A lo largo de las más de 200 páginas el autor construye una amistad como pocos artistas pueden; con una gran muestra de tacto, delicadeza y sinceridad; la relación entre Kotan y Dan se vuelve en una de las amistades más entrañables que me haya toda leer. Ambos personajes poseen una fuerza muy particular, quizá sea la comprensión entre ellos, o posiblemente el respeto y sinceridad que mutuamente se profesan, o tal vez otra cosa que no se puede ver a simple vista… Lo que si sé, es que no resulta complicado encariñarse profundamente con ambos de una manera tan orgánica y natural que al llegar a las últimas páginas, es inevitable no bajar el vertiginoso ritmo de lectura, y leer lento y pausado ese último golpe narrativo que poco a poco va dejando un vacío profundo y sumamente amargo. Este giro argumental, que inequívocamente genera un impacto —para muchos positivo por el atrevimiento de transgredir esquemas autoimpuestos, y para otros doloroso y muy sentido— es la pieza clave que hace de este manga, uno de los más interesantes de la etapa temprana del “dios del manga”.

Como en otros trabajos de Tezuka y de la demografía, la historia transcurre en una clara rivalidad entre el bien y el mal. Tenemos a los clásicos personajes malvados que dirigen ejércitos de fieles seguidores dispuestos a realizar cualquier cosa para cumplir sus ambiciones; Kotan y Dan siguen la senda clásica de volverse más hábil, adquirir experiencia, valentía y coraje para ponerle un alto a los malvados planes. Y como reflejo de la sociedad —lo que tanto le gusta a este autor—, también nos encontramos con personajes que tratan de mantenerse al margen de la situación, y evitan incluso ayudar a quien lo necesita para evitar una posible implicación o involucrarse. Pero también tenemos algunos de mayor complejidad, y que demuestran que nunca es tarde para arrepentirse y enderezar el camino para redirigirlo en un sentido provechoso para los demás.

Un manga que rompe barreras temporales, culturales y demográficas. Un clásico cómic japonés con una historia tan típica y entretenida, como diferente y arriesgada. Sin duda una obra en la que vale la pena invertir unos momentos de nuestro tiempo para deleitaremos los sentidos con su ágil y emocionante narrativa visual; para disfrutar de una lectura con sentido, comprometida e incluyente para con el público infantil. Pero sobre todo, un manga para ahuyentar fantasmas y borrar estigmas sobre la calidad del cómic que se realizaba en aquellas épocas.

Lo mejor:

  • La mezcla entre la transparencia y complejidad de su trasfondo, que no deja indiferente a todo aquel que se deslinda de prejuicios para leer este interesante trabajo.
  • La duración del manga es la justa, y basta una sentada para leerlo y disfrutarlo al máximo.
  • Es un excelente acercamiento no sólo a la carrera del hombre a quién debemos el manga actual, sino también a la historia y evolución del manga.

Lo peor:

  • Tengo sentimientos encontrados sobre este punto. Porque como lector que aprecia todos los pequeños aspectos que han ido permeando este arte, el amargo y crudo final me resulta un experimento, si bien arriesgado y ha saber si acertado, necesario para la salud del manga en general. Pero por otro lado, y como alguien que se encariñó con los personajes (cosa que difícilmente sucede), la magnitud y la forma de como llega a un final esta sincera y noble amistad, terminó por dejarme una mezcla de sensaciones bastante extraña. Mezcla que me hace pensar la decisión de desenlace.

Reseña [Manga]: Shin Takarajima

  Autor: Osamu Tezuka
  Editorial: Ikuei Publishing
  Lanzamiento: 1947
  Géneros: Aventura
  Demografía: Kodomo
  Tomos: 1

Decir que mensualmente se publican alrededor de 900 Tankōbon (colección de capítulos, de unas 170-240 páginas, de una sola serie) diferentes, y que el 40% de la publicación editorial japonesa corresponde al manga, nos da una idea rápida y concisa de la inmensidad que representa la industria del cómic nipón en la actualidad. Pero muy posiblemente estos números no serían tan imponentes sin una figura como Osamu Tezuka; sin embargo, la mayor influencia del llamado “dios del manga” se encuentra en la forma que sus primeros trabajos impactaron a muchos jóvenes lectores que a la postre se convertirían en toda una generación que aportarían poco a poco las bases para la consolidación de esta arte secuencial. Pero sí ante de Tezuka ya existían mangakas, ¿cuál fue el aporte que él realizó para revolucionar la modesta industria del manga en la década de los 40’s?

Un poco de historia

Hasta antes del boom de Osamu Tezuka, el arte del manga se limitaba bastante a crear historias cortas de corte infantil compuestas por 3 a 6 viñetas por página, y con bastantes planos largos y alejados en los cuales la acción brincaba muchas veces de manera abrupta entre las viñetas. Tras la dolorosa derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, el manga emergió como uno de los principales medios de entretenimiento para despejar un poco las heridas del pueblo en la cruda posguerra. Durante estas fechas los libros y revistas eran poco asequibles para la población teniendo en cuenta la situación económica de Japón tras la Segunda Guerra Mundial. De tal manera que el manga hasta esas fechas tenía un éxito bastante reducido, por tanto crear historia largas era un viaje que pocos tomaban. Pero este terreno adverso no fue impedimento para que Osamu Tezuka, un joven que estudiaba para ser médico, se atreviera a romper con esta recurrente.

En 1946, y con sólo 17 años, un joven Tezuka publicó su primer manga como profesional, Maachan no Nikkichō (El diario de Ma-chan), para un año después romper la industria del manga con su segundo trabajo. Durante esas fechas Tezuka frecuentaba un club de mangakas en Osaka, y fue ahí donde conoció a Shinichi Sakai, un veterano mangaka, quien le propuso la nada desdeñable tarea de ilustrar un guión que le había encargado la editorial Ikuei Publishing. Lanzado en 1947, el nombre de este manga —y segundo de la carrera del gran maestro— fue Shin Takarajima (La nueva isla del tesoro); compuesto por aproximadamente 200 páginas (algo inusitado para la época), el manga se convirtió en un rotundo éxito al vender 400,000 copias,  iniciando la consolidación de las historias extensas, al mismo tiempo y  gracias a la implementación de técnicas cinematográficas en las viñetas, formulo un nuevo paradigma a la hora de concebir manga.

Sinopsis

La historia da inicio con una frenética conducción por parte de Pete, un joven que intenta llegar al muelle lo antes posible; debido a su veloz modo de conducir, Pete, por poco, se lleva entre las ruedas a un pequeño cachorro, pero tras un súbito frenar, el joven recoge al cachorro y lo lleva consigo rumbo al muelle. Debido a este infortunado suceso el barco al que Pete desea abordar acaba de partir, por lo cual,  el impetuoso joven y su reciente amigo toman una lancha para alcanzar al barco en medio del mar. Tras darle alcance se revela el desmedido interés por abordar el barco: “Pete tiene consigo el mapa de una Isla del Tesoro”. De esta manera es como da comienzo su trepidante aventura en la búsqueda del ansiado tesoro, que también es anhelado por un grupo de piratas que intentarán arrebatarles el mapa.

El nacimiento de la leyenda

Si hablar de mangas de hace unas tres o cuatro décadas implica, ya de por si, que la mayoría de las veces tengamos que remitirnos muy estrictamente al ambiente que se vivía durante la época de publicación, cuanto más si estamos por hablar de una autentica reliquia con 65 años a sus espaldas. Y aunque tras  leer Shin Takarajima resulta interesante contrastarla con respecto a trabajos bastante más actuales para comprender la evolución de la industria, también es muy cierto que si no somos estrictos y olvidamos el contexto en que surgió la obra, podemos terminar demeritando el contenido que acabamos de leer.

Cuando hoy en día estamos muy acostumbrados a disfrutar de mangas con dibujos muy complejos y detallados, es necesario no traer esto a la mesa y leer La nueva isla del tesoro con los ojos de un pequeñín para poder maravillarnos con la narración de esta aventura, pero sin olvidar por completo el contexto para también apreciar la inventiva y originalidad con que Tezuka marcó el futuro camino del manga. Y vista con estos ojos, la segunda obra profesional del “dios del manga” resulta una lectura divertida, agradable, de un ritmo trepidante que mantiene la atención en todo momento, pero lo más destacable es que resulta ser una historia anhelante de la cual cualquier infante desearía participar, motivo más que suficiente para captar por completo la fresca mentalidad de los más pequeños.

Pete, El Capitán, y el pequeño cachorro, corren peligro tras quedar a la deriva

Con la utilización de las viñetas a modo de cinta cinematográfica, Osamu Tezuka no sólo demuestra su gran genio y le da una nuevo sentido a la narrativa gráfica volviéndola mucho más divertida, dinámica y dotándola de una agilidad insospechada para su lectura, sino que mediante su implementación —que encamina muchísimo el sentido de lectura— busca no liar el seguimiento visual del lector, y con los acercamientos y alejamientos secuenciales busca asemejarse en la medida de lo posible a la sensación de estar disfrutando de una tranquila cinta. Por su parte el trazo evidencia la gran influencia de Walt Disney en el joven mangaka. Los personajes son muy sencillos, con rostros y físicos muy redondos, y con los ya comunes ojos grandes y expresivos; pero por encima de este estilo visual que parece no diferenciarlo de lo hasta esas fechas realizado, se encuentra la ambientación, que cuando se utiliza verdaderamente (ya que en muchas páginas es muy limitada) aporta un realce más que significativo. Aunque quizá hoy en día lo que más notaríamos del dibujo sería la forma en que Tezuka dibuja a los caníbales y enfatiza grandemente el color de su piel. De hecho no es raro oír replicas por parte de un sector de fanáticos, diciendo que Tezuka era un racista, lo cual después de conocer su carrera completa —en donde por encima de todo se dignifica a la vida— despeja cualquier tipo de duda (para muestra podemos remitirnos a leer su manga Bajo el Aire, y más específicamente la historia titulada “El hombre que busca a Joe”); no obstante tampoco podemos negar que la forma en que se plasma el color de piel en esta obra específica si resulta un tanto excesivo, pero que quizá obedece a la percepción que imperaba en esa época.

Ateniéndonos al contexto y como ya hemos hemos dicho, Shin Takarajima busca principalmente que los pequeñines se diviertan y compenetren con las vivencias de Pete, el joven protagonista, en este vibrante y mágico viaje. Pero esto es hablando de la versión original, la cual después de haber sido terminada por Tezuka con 250 páginas, fue reducida a sólo 200, y perdido algunos diálogos por orden de Sakai ya que los consideraba demasiado elevados para el público infantil. De igual manera el final tal como Tezuka lo había concebido fue cambiado, dejando un final en el cual, Pete y El Capitán, regresaban a casa después de haber vivido la asombrosa aventura. Este final evidentemente se apega más a lo que se podía realizar en aquellos entonces,  sin embargo la edición que podemos disfrutar hoy en día en lengua española, no es sino un “remake” en el cual Tezuka revindica un tanto el final apegandolo a la idea original, que como podemos constatar después de leerlo apuesta por una carga totalmente onírica. Dicho esto, resulta ciertamente discutible cómo hubiera sido la acogida del manga si se hubiera conservado la idea original que apostaba no sólo por deslumbrar a los pequeños lectores con la interesante empresa de buscar el anhelado tesoro, sino que además apelaba a una narrativa un tanto más compleja y ambigua, que innegablemente buscaba que los niños echaran a volar su imaginación y construyeran, al igual que el joven Pete, sus propias aventuras mágicas. Pero ahora esto es meramente anecdótico.

En definitiva estamos, muy probablemente, ante el manga capital más importante de la historia. Una obra revolucionaria en todos los aspectos, que quizá hoy en día veamos como arcaica y de técnicas muy evidentes, pero que para la época significo un tremendo paso hacia una narrativa visual mucho más compleja y atractiva.

Lo mejor:

  • No es sólo disfrutar de un manga clásico, clásico; es asistir a uno de los momentos clave del manga en general y de la carrera de la figura más significativa en la historia del manga.
  • Es una lectura ágil, trepidante, que no da respiro, y que aprovecha muy bien el dinamismo de las viñetas a modo de tira cinematográfica.
  • Tiene ciertos momentos cómicos bastante interesantillos aún para la época y la audiencia para la que fue planeado.

Lo peor:

  • Que Tezuka no utilizara en más páginas los fondos que tan bien le quedaron en reiteradas viñetas.