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Reseña [Manga]: Baby Face

2012/10/20 2 comentarios

  Autor: Inoue Takehiko
  Revista: Shonen Jump
  Lanzamiento: 1992
  Géneros: Drama
  Demografía: Seinen
  Tomos: N/A (One-Shot)

A estas alturas, pocos son los aficionados que no conocen, o al menos que han escuchado, de la existencia de Takehiko Inoue, e incluso aquellos que hoy en día distan por completo de esta afición, muy posiblemente, durante su niñez o adolescencia, fueron tocados por la vibra y pasión de su trabajo más representativo: Slam Dunk (en su versión animada). Pero aunque Inoue es uno de los mangakas de mayor impacto y estima fuera del país del sol naciente —principalmente por su trayectoria en el género deportivo (Spokon)— y que se ha consolidado como uno de los grandes nombres de la industria en todas su épocas con su aún activa y fascinante adaptación de la novela de Eiji Yoshikawa sobre el mítico guerrero feudal, Musashi Miyamoto, también es muy cierto que algunas de sus obras menores —en cuanto a apuesta comercial— han escapado al ojo activo de la gran mayoría de los aficionados al cómic nipón.

Un claro ejemplo de este fenómeno se encuentra en Baby Face, un One-Shot publicado en 1992 a través de las páginas de popular revista Shonen Jump, y que a no ser por el distintivo y hermoso trazo de Inoue, podríamos acuñarlo a cualquier otro artista especializado en las obras de temática negra, o al menos con tintes de ella.

Sinopsis

En plena Nochebuena, un tímido e introvertido chico se debate entre una cita romántica, y el oscuro cumplimiento de su profesión…

Un joven-maduro Takehiko Inoue

Así, de entrada, el acercarse a un One-Shot del corte de Baby Face resulta en una experiencia fascinante que podemos expresar en dos formas. La primera de ellas, se alimenta del hecho de que durante años hemos visto a Takehiko Inoue como un gran maestro del manga deportivo, y que si bien el trabajo que desde 1999 ha estado realizando con Vagabond a roto en cierta medida con este encasillamiento, aún resulta difícil deslindar su figura de esos apasionantes argumentos de gloria y entrega deportiva, en donde el realismo y la intensidad son parte medular de la narrativa. Por tanto, y más que nada por el hecho de conocer a un Inoue ya consagrado dentro de la industria y con un rango de acción bastante claro, es que leer este trabajo que se aleja por completo de cualquier idea concebible sobre una posible historia de este mangaka —por lo claramente apreciable de su trayectoria— resulta un viaje sumamente atractivo; y no sólo limitándonos al hecho de tocar terrenos inusitados, sino sumar a ello la forma tan acertada con que Inoue se desplaza por las reducidas páginas propias de todo capítulo único, así como lo bien que construye al entorno que rodea al personaje central.

El otro punto al que me refiero al inicio de ésta sencilla reseña, son las referencias y evocaciones que Baby Face trae consigo, sobre aquellos artistas que se han sentado las bases narrativas de la temática negra en las viñetas niponas y potenciado a las mismas. Hablando de las claves referenciales que de una u otra forma permean la primicia de Inoue, tenemos un importante punto clave en el clásico guionizado por Koike Kazuo y dibujado por Ryoichi Ikegami, Crying Freeman, aunque limitándonos fuertemente a su personaje principal. Quienes han leído Freeman sabrán que el atractivo principal del manga es su personaje principal, Yo Hinomura, una hábil asesino, que posee la particularidad de romper en un llanto silencioso después de haber cumplido con sus encargos. Bueno, el personaje de Inoue no posee esta particularidad en su personalidad, sin embargo indagando más a profundidad en la psicología de ambos personajes y en la forma que se presentan ante la fría vida de asesinos a sueldo, nos topamos con grandes similitudes, ya que ambos son personajes con una personalidad, si bien no doble, con enormes matices al no abrazar por intención propia esa despiadada y sangrienta actividad, sino que son personajes claramente aprisionados por un fatídico destino dictado por las oscuras mafias que operan desde las sombras. En este punto, considero que el género negro dentro del manga se ha caracterizado precisamente por poseer personajes con personalidades contrastantes y desconcertantes.

Rosas manchadas de sangre

Prosiguiendo con las referencias, o más bien con lo que evoca este exquisito manga corto, tenemos que hacer una parada en el nombre del señor Ryoichi Ikegami; ya que si bien Inoue logra impregnar la obra con su estilo, este se siente más claramente en los puntos donde la comedia se mezcla con la inocencia del protagonista. Durante los momentos determinantes de la narración, es imposible no traer a la memoria el estilo desarrollado por Ikegami, tanto en estética como en atmósfera; esto no quiere decir, de mi parte, que éste sea un trabajo carente de escencia y personalidad propia, lo que quiero manifestar con estos párrafos es que existe un estilo base que caracteriza hoy en día a este género dentro del manga. Y ya que estamos hablando de concepto visual, no se puede pasar por alto el gran oficio, incluso siendo una obra surgida en lo prematuro de su carrera, que manifiesta este prolífico mangaka, y en donde la forma en que logra romper el cordial y amigable ambiente que cobija mayormente a la obra por una atmósfera fría, inquietante, sombría y bastante opresiva con el personaje central.

Además de la maestría con que se maneja la idea visual y que nos da una prueba fehaciente de los dotes innatos de Inoue para hipnotizarnos a través de su habilidosa plumilla, es de elogiar la madurez y crudeza del argumento, que para nada es algo sencillo de conquistar recordando que se trata de un One-Shot, y que como sabemos sirve muy bien para comunicar ideas simples y sin mayores trascendencias narrativas, pero que puede resultar un medio estrepitoso si se desea plasmar un argumento duro y de profundidad. Sin embargo sabemos por otras obras que esto es posible, y por tanto resulta elogiable como el joven artista que era en esa época logra sortear estos inconvenientes y brindarnos una historia impregnada por una profunda desesperanza y un estilo de dibujo que resulta un suculento manjar.

En definitiva, estamos ante una joyita pérdida en la carrera del afamado mangaka. Una historia que nos sitúa en la deshumana vida de los asesinos a sueldo, y que plasma con total realismo y la crudeza necesaria, que esto se trata de un camino sin retorno, un mundo que te aprisiona, que te borra por completo del mundo cotidiano y el cual te consume en todos los aspectos. Una obra imprescindible para cualquiera que se haga llamar fan de Takehiko Inoue.

Lo mejor:

  • Conocer los albores profesionales de este tremendo mangaka.
  •  La satisfacción que genera una obra impensada.
  • El precioso dibujo repleto de realismo y detalles (nunca está de más decirlo).

Lo peor:

  • Ser insanamente desconocida.
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Reseña [Manga]: Kirisuke and Johnny, The Slaying of 499

  Autor: Enomoto Shunji
  Revista: Afternoon
  Lanzamiento: 2010
  Géneros: Samurái
  Demografía: Seinen
  Tomos: N/A (One-Shot)

La mente creativa

El nombre de Enomoto Shunji estoy más que seguro es totalmente ajeno para muchos lectores de manga, y esto no es para menos, ya que no es ni de lejos un nombre que aparezca muy a menudo en el panorama que comprende los medios de difusión y recreación de esta afición, llámense revistas (impresas o digitales), foros, blogs, etc. Pero como en este espacio nos interesa de sobremanera dar a conocer autores que están muy fuera de los reflectores, es que aprovechando la ocasión y para matar 2 pájaros de un tiro(reseñar un manga y manifestar un nuevo mangaka), daremos un breve recorrido por la obra y trayectoria de este particular artista, a fin de encaminar y enriquecer la reseña.

Enomoto Shunji, nacido en la prefectura de Kanagawa (sí, esa a la que pertenece el equipo de Shohoku) en 1968, es un mangaka con más de 20 años de experiencia en el terreno profesional. Después de graduarse de la escuela de Cine de Yokohama, emprendió su carrera dentro de las viñetas; entre sus creaciones más conocidas se encuentran Golden Lucky (serializado en la Morning de 1989 a 1996), y su obra clave, Enomoto: New Elements that Shake the World, manga que estuvo en publicación de 1997 al 2003 con un total de 9 volúmenes a su espalda. Entre algunos otras de sus creaciones se encuentran la novela visual Curse of the Traitor, el manga de tomo único Enotic (1998), y el one-shot The Family Zoo. Lamentablemente ni sus nada despreciables años de transitar en el mundo del manga, ni el hecho de que algunos de sus trabajos han sido comentados en el famoso portal The Comics Journal, han bastado para acercarlo a los círculos más amplios de ávidos lectores, y ello se debe a que innegablemente, Enomoto, es un artistas concebido para las minorias, para aquellos que gustan de trabajos alternativos; la demencia, el humor sexual y escatológico, e incluso el voyeurismo y el exhibicionismo, son sus temáticas predilectas. Por esto no queda duda de que estamos ante un artistas muy poco asequible, que fácilmente puede impactar de manera negativa a aquellos que llegan a sus trabajos albergando un criterio totalmente cerrado.

El manga a diferencia del anime, es un medio que brinda muchas más facilidades para jugar con argumentos y temáticas, es así mismo un medio mucho más abierto y personal, razón por la cual es más fácil disfrutar de trabajos diferentes y con gran inventiva; y si bien gracias a ello existe manga para todas las edades, profesiones y estratos sociales, en cierta manera esta abundancia de contenido juega en su contra, ya que el ser tan amplio el abanico es fácil pasar por alto muchos títulos interesantes.

Sinopsis

Tras el secuestro de una mujer por un miembro de un grupo de bandidos, los representantes de la aldea a la que pertenece la fémina que ha sido privada de su libertad, lamentados por el hecho, contratan al dúo de ronins  (samuráis errantes) Kirisuke y Johnny para encargarse de la arriesgada y difícil empresa de arrebatarla de las manos de sus captores. Lo que se ignora es que la banda ostenta un número de 499 bandidos.

La hábil y violenta plumilla de Enomoto

Cuando buscamos consumir algún manga siempre rastreamos creaciones afines a nuestras preferencias, raramente salimos a terreno desconocido fuera de nuestro rango de habitual de acción, pero aún más escasamente es que solemos abandonar por un instante obras bajo los cánones y estructuras que han dado forma a esta arte secuencial. Kirisuke and Johnny, The Slaying of 499 es uno de esos trabajos poco alternativos, que rompen con muchos preceptos, principalmente narrativos (construcción de personajes, trasfondo, desarrollo de argumentos, etc.), para dar rienda suelta a la inventiva del artista y brindarnos un espectáculo muy personal e innovador, pero sin privarnos de pasar un agradable y ameno tiempo de lectura.

La mayoría de las ocasiones solemos hablar en términos generales para ir encaminando el terreno sobre el manga en cuestión, sin embargo por el estilo y en parte también por la cantidad de página (que es bastante mayor a la de los típicos one-shot), expresarnos a grandes rasgos sobre esta primicia de Enomoto Shunji, es prácticamente imposible, ya que el ritmo tal cual se nos presenta sin mayores reparos, dejándonos entrever las no intenciones de plasmar y resolver un historia en la medida de lo posible, o sorprendernos con alguna medida argumental; por tales motivos, tocar elementos generales o puntuales es exactamente lo mismo. De tal manera que hablar de Kirisuke and Johnny, The Slaying of 499, es remitirnos a un manga compuesto por un total y absoluto alarde visual de un estilo muy pocas veces desplegado en viñetas, pero encausado de magistral manera para llevarnos por una centelleante vorágine de sangre y muerte, por un vendaval de pericia con las mortales katanas, para brindarnos una amalgama perfecta entre sencillez y complejidad… Pero por encima de todo, es un manga formulado para sacar a flote una faceta completamente desconocida de tan interesante mangaka.

Dinamismo puro y muertes al por mayor, los ingredientes principales de esta inusual historia

En verdad digo que pocos, muy pocos trabajos alcanzan semejante plenitud y solidez dinámica dentro de las viñetas y en la transición de las mismas. Esto innegablemente lo convierte en un estimulo visual bastante importante, pero para aquellos que han tenido la oportunidad de leer a Enomoto en trabajos anteriores, más que el cambio de guión que lo aleja completamente de sus trabajos retorcidos, de un humor muy ofensivo, gamberro y hasta escatológico, lo que hace que este one-shot cobre mayor significación radica en el enorme contraste en el manejo de la plumilla. Enomoto Shunji nos había acostumbrado a un estilo de dibujo despreocupado, con personajes físicamente muy redondeados y con fondos jugando un rol mínimo, para dar vida a sus creaciones; sin embargo mediante este trabajo nos cambia por completo la pichada, dándonos una agradable sorpresa, que hace más elogiable el esfuerzo realizado para hacer converger de manera óptima la simpleza y sencillez de la mayoría de los personajes , con el atractivo de  los planos largos y la complejidad de la composición de las viñetas con vastas líneas de movimiento y un uso esplendido de las sombras. Sin duda una cinergia que no deja cabida para alguna duda sobre el gran oficio no sólo con la plumilla sino con la manera de diversificarse a si mismo.

Kirisuke and Johnny: The Slaying of 499 es en definitiva una lectura por la cual vale la pena invertir un poco de nuestro tiempo para deleitarnos la pupila y los sentidos con la brutal, vertiginosa y atrapante violencia de estos 2 ronins, que llevan hasta el límite las capacidades dinámicas que ofrece el cómic japonés. Por último es clave resaltar que la escencia del autor no se ve abandona por completo, y que si bien este trabajo es un guión completamente aparte de lo habitual, no se puede negar que en la personalidad exageradamente despreocupada, especialmente llegando a las páginas finales se hace presente regalándonos un momento de humor negro como el carbón.

Lo mejor:

  • Poder disfrutar plenamente de un trabajo de este corte y con una ejecución de esta índole.
  •  El tremendo oficio de Enomoto para embarcarse en un territorio totalmente ajeno y no sólo salir vivo con un trabajo de mediana calidad, sino concebir una pieza esplendida.
  • La tremenda sensación de movimiento y los gozadores planos largos.

Lo peor:

  •  No poder seguir acompañando a estos errantes samuráis.

Reseña [Manga]: Violence Becomes Tranquility

2012/05/06 2 comentarios

  Autor: Shinobu Kaze
  Revista: Heavy Metal (USA)
  Lanzamiento: 1980
  Géneros: Surrealista, sci-fi
  Demografía: Seinen
  Tomos: N/A (One-Shot)

Más por el hecho de que disto casi de cualquier conocimiento sobre la cultura del comic fuera de Japón, que por el hecho de haber declarado a este espacio como totalmente abocado a la animación y comic del país del sol naciente, es que resultaría casi imposible hacer un artículo en forma sobre algo relacionado con el mundo del comic europeo o americano. Pero para todo existen excepciones, y aprovechando que reseñaremos una obra surgida de un artista nipón, pero publicada en una revista Norteamericana, es que me he permitido dar un breve recorrido por la revista que vio publicado este trabajo, así como una miradita rápida a la trayectoria de este autor bastante único.

Heavy Metal, la Elegida

De la misma forma que revistas como Garo, la famosa COM del maestro Tezuka, o la misma revista Kage, brindaron y apostaron en todo momento por un espacio en donde lo poco convencional y la temática adulta eran ingredientes preponderantes, así mismo fuera de Japón existieron revistas que apostaron por esta misma fórmula; podemos destacar las siguientes: Metal Hurlat (Francia), Skorpio (Italia), Schwermetall (Alemania) y Heavy Metal (Estados Unidos).

La revista Heavy Metal nació en 1974 cuando el editor Leonard Mogel descubrió en París, Francia, una revista de nombre Metal Hurlat, dedicada a la fantasía y la ciencia ficción. Mogel quedó fascinado por el contenido de la revista, y al instante decidió re-editarla para su distribución en territorio Norteamericano. Si bien el título original de la versión francesa se traduce literalmente como “Howling Metal”, Mogel decidió editarla como Heavy Metal, siendo publicada en 1977 por primera ocasión, como una revista mensual a todo color y siempre apostando por una calidad estética muy alta y sugerente.

En sus inicios Heavy Metal se dedico simplemente a publicar las obras originales de su antecesora francesa, entre las que destacaban obras de Enki Bilal, Druillet Philippe, Milo Manara y el mítico Jean Giraud (mejor conocido como Moebius) fallecido recientemente. Con el paso del tiempo la revista se abrió a la publicación de obras creadas por artistas Norteamericanos, y así mismo brindo un escaparate para la colaboración del mangaka Shinobu Kaze.

Shinobu, cuyo verdadero nombre es Tomoaki Saito, nació en 1958 y llegó al terreno profesional en 1970 a través del estudio de manga, Dynamic Production, creada por Go Nagai y su hermano. Su primer trabajo fue One-Dollar Hospital, Inc., un “gag-manga” (historias de humor enfocadas al público infantil) y mientras él se dedicaba a crear mangas “gag”, sus compañeros de Dynamic Pro se enfocaban en apreciar las novelas gráficas del maestro francés, Philippe Druillet. Pero no pasó mucho tiempo antes de que Shinobu Kaze cayera rendido ante el esplendoroso arte de Druillet, comenzando así a crear su marca registrada que sin duda rinde culto a la influencia que generó el dibujante francés cuyos trabajos se pueden considerar un manjar visual gracias a sus intensos colores y la perspectiva en 4-D (pequeño artículo para hacernos una idea de las capacidades artísticas de este señor).

Es preciso mencionar que antes de publicar el trabajo que nos atañe en esta entrada, y específicamente en 1977, comenzó la serialización de la que justamente llamo “su obra maestra”, Ryū, Strongest Man on the Face of the Planet (del cual sigo pensando en si podré leerla antes de que estos ojos sean comidos por los gusanos). Pasando la cortina de este breve pasaje por la revista y el inicio de Shinobu en el manga, y antes de entrar en materia, tengo que decir que personalmente me gusta comentar una determinada obra apelando a recurrentes del estilo del autor (argumentos, personajes, dibujo, etc.), o ya sea a comparaciones con otros de sus trabajos; lamentablemente no siempre se puede este ideal, y en esta ocasión es de esa forma, ya que Violence Becomes Tranquility y Neo Devilman, son los únicos acercamientos directos que he tenido a sus trabajos; los otros son vagas referencias de imágenes y breves explicaciones de los argumentos que se pueden encontrar por la red.

Sinopsis

Violence Becomes Tranquility (La violencia se convierte en serenidad) es un compuesto de 10 páginas a través de las cuales se narra la búsqueda de un Yakuza por el arma definitiva.

LSD

Tomando como punto de partida los dos acercamientos —que valora bastante por el contraste que ostentan—, lo primero que nos encontramos al abrir un manga de Shinobu, no es otra cosa que a un maestro (en toda la extensión de la palabra) del arte visual, y un perfecto manejador de todas las bondades y capacidades que ofrecen los diferentes estilos de dibujo. Esto es palpable con tan sólo echar una hojeada a Neo Devilman o algunos otros de sus trabajos en blanco y negro, y posteriormente pasar a trabajos en Full Color. Mientras que en blanco y negro Shinobu muestra un magistral y realista dibujo cimentado en los finos trazos de su plumilla, en Violence Becomes Tranquility el atractivo no viene tanto derivado de trazos finos, sino de colores agresivos, sugerentes, diseños más allá de la perspectiva 2D, entremezclados en una profunda psicodelia y surrealista pieza de arte.

Sencillamente magistral el empleo de los colores y las profundidades

Cualquiera diría que de 10 míseras páginas no se puede comunicar nada más allá de meros mensaje estilísticos, sin embargo podemos considerar a esta obra corta como una alucinógena y anonadante excepción a esta posible regla. Ya que muy bien arropada por la composición visual, es que se nos narra el sueño —que más bien evoca a un delirio asistido químicamente— de este Yakuza con ansias de dominio… pero que mejor dominio que el de su propia mente. De aquí que el mayor logro del argumento es la forma en que rápidamente se construye todo este mundo de surrealismo y delirio, y la capacidad que tiene para darle sentido y sentimiento a esa invitación introspectiva, a la cual no resta más que aplaudir mientras nos dejamos arrastrar por el genio de Shinobu.

En conclusión, un manga corto ciertamente occidentalizado, muy poco convencional, pero que realmente no tiene desperdicio, y mucho menos cuando nos muestra una faceta totalmente inexplorada en el mundo manga. Además de que intenta dejar un aprendizaje aplicable a nuestra forma de ver la vida.

Lo mejor:

  • Brinda un viaje alucinante sin necesidad de gastar dinero en…
  • Poder disfrutar de uno de los pocos trabajos disponibles de este maravilloso autor.
  • Una composición visual muy bien cuidada, y una estética sumamente sugerente. Sin duda una experiencia tan refrescante como gratificante.

Lo peor:

  • Resulta prácticamente imposible encontrar sus obras.