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Reseña [Manga]: Inugami

2014/04/12 3 comentarios
 Autor: Hideo Yamamoto  Revista: Young Sunday  Lanzamiento: 1992  Géneros: Drama, psicológico  Demografía: Seinen  Tomos: 1

  Autor:  Masaya Hokazono
  Revista: Afternoon
  Lanzamiento: 1997
  Géneros: Sobrenatural, psicológico, ..gore, folclore, thriller
  Demografía: Seinen
  Tomos: 14

Según el folclore japonés para dar vida a un Inugami, perro divino, se debe enterrar a un perro doméstico al hasta el cuello, y colocar comida y agua a una distancia cercana, pero no lo suficiente como para que pueda alcanzarla. Cuando, después de un largo tiempo de sufrimiento y agonía, el animal está a punto de fallecer, enloquecido por alucinaciones, se le debe dar muerte y cortar la cabeza. Posteriormente, ésta debe enterrarse en una calle especialmente ruidosa y bulliciosa. Pasado un tiempo, la cabeza – o la cabeza y el cuerpo, según otras versiones – debe ser colocada en un santuario preparado al efecto. A partir de ese momento, el Inugami puede ser invocado.

Otra versión nos habla de que debemos reunir varios perros y encerrarlos a todos en la misma habitación sin agua ni comida. Una vez que solo quede uno de los perros que ha sido encerrados, se debe tomar a este y cortarle la cabeza. De esta forma queda sellada la creación del perro divino.

Con este ritual conseguimos sacar el lado maligno de los perros y convertirlos en Yokais, ya sea por la rabia contenida de no poder alcanzar el alimento o por la desesperación y rabia de tener que enfrentarse contra sus congéneres. El humano que creaba un Inugami era llamado Inugami-mochi (poseedor de Inugami) y eran etiquetados como brujos. Hubo una época que la creación de Inugamis era muy extendida ya que son seres con grandes poderes y están al servicio de los humanos.  Si bien el uso de estos espíritus-perro podía proporcionar buena fortuna y riqueza a sus osados invocadores, sobre todo, eran usados como instrumentos sobrenaturales para venganzas, asesinatos y otros actos de maldad.

Sinopsis

Fumiki Shimazaki, un estudiante de instituto, tiene un sueño de vida: convertirse en un poeta. Pasando más tiempo dedicado a sus poemas que atendiendo sus menesteres escolares, es reñido tanto por sus profesores como por su mejor amiga, Mika… Para escapar de su entorno, el encuentra refugio en una antigua fabrica abandona.

En ella, Fumiki encuentra a un misterioso y enorme perro. Un perro que es capaz de entender el lenguaje humano y que además tiene la espeluznante capacidad de poder sacar afiladas cuchillas de su frente. En una de sus orejas este extraño animal tiene marcado el número “23”. Y pese a que existen muchas interrogantes la amistad entre Fumiki y el misterioso perro es forjada rápidamente. Sin embargo, lo que Fumiki no sabe, es que este encuentro está muy lejos de ser algo meramente fortuito, y que la conexión entre ambos va mucho más allá, y que existe una misteriosa organización que desea obtener los secretos de “23”, y aspirar al control del Tokoyonokuni, la tierra más allá del océano de la muerte, los ancestros y el alma humana. El paraíso de la vida eterna.

La furia de los Inugami

Inugami representó mi tercer encuentro con Masaya Hokazono. Aunque quizá sería más correcto decir que es un segundo y medio encuentro, ya que después de Emerging —que represento la primera ocasión en que leí algo de su autoría—, la segunda ocasión en que confluimos no fue en un manga en entero de su mente y manos, ya que fue Girlfriend, en donde Hokazono participa únicamente con la historia y guión, delegando la responsabilidad del arte al educado y hermosísimo trazo de Court Betten. Lo que sí, es que Inugami, por voces que había escuchado a través de la vasta red, simbolizaba mi más esperado encuentro con dicho autor, y con el cual esperaba llenara el vacío que Emerging me había dejado.

Independientemente del nivel de calidad de Inugami, este es un manga que se encuentra dentro de ese selecto y singular grupo de obras que poseen de forma innata la capacidad para despertar interés en el lector e incluso llegar a hechizarlo con tan sólo leer la idea general, degustar el arte que da vida a su portada y recorrer unas cuantas páginas. Y es que no es para menos, las credenciales con las que se presenta este manga forman una bizarra y enigmática mezcla que inequívocamente levanta mucha expectación para cualquier asiduo lector de Seinen: elementos del folclore japonés como tema central, violencia y gore, magia negra, elementos de thriller, organizaciones secretas, personajes desequilibrados y con delirios de grandeza, un dibujo prolijo y descriptivo, entre otros elementos que vienen a cerrar este atrayente círculo temático.

La trama de Inugami, cobijada por el corpus de temas y elementos antes descritos, no tiene necesidad de empezar de a poco, de llevar un ritmo cauto e ir desarrollando poco a poco un tema como ocurre en obras que no se erigen sobre una diversidad temática. Dicha situación se encuentra perfectamente presente en las ideas de su creador,  que sin pestañear, y prácticamente desde el primer capítulo, nos deja ver que estamos ante un manga nacido para circular a un ritmo voraz y ser narrado de una forma salvaje y poderosamente visual. Hokazono abre la puerta hacía su historia apoyándose en el gore, usando esta violencia gráfica para estimularnos visualmente y acelerar nuestros sentidos de modo que estemos en la sitonía perfecta con el ritmo de narración. En este aspecto las relaciones más directas y esenciales no tardan mucho en ser entabladas, y de forma muy apremiante para el lector desde muy temprano se empiezan a tejer los elementos fundamentales del manga. Aunque claro, sin tampoco ir demasiado de prisa ni filtrar demasiada información, sino sólo la necesaria para mantener el ritmo ágil y voraz, a la par que se involucra al aficionado a formular sus conjeturas y relacionarse más con el trasfondo.

Inugami Thu

La potencia visual de Hokazono  proyectada a través de los Inugami.

Durante casi todo lo que comprende la primera mitad —que vienen siendo siete tomos—, Inugami mantiene una curva creciente en todo su conjunto, y especialmente en los elementos temáticas, que se van abordando a buen ritmo y, especialmente, poseen un sentido, hasta ese momento, claro y digerible. Sin embargo, a medida que la obra va pasando de su etapa de desarrollo y se va haciendo adulta, se comienza a percibir que algunos elementos principales comienzan a perder credibilidad dentro de la medida en que estamos hablando de un manga que cimenta sus argumentos en elementos de mitología y elementos sobrenaturales. Ello viene originado consecuencia de que el autor intenta evolucionar demasiado sus argumentos, los toca demasiado a lo largo del recorrido que los distorsiona y los lleva a niveles desproporcionados que para nada son agradables para cualquier paladar que guste de argumentos sólidos y que evolucionen en forma coherente.

Cuando se esta en este mundo del cómic japonés por un buen tiempo y de una forma completamente seria, el nombre de un autor pasa de ser simplemente algo que acompaña a la portada, para convertirse en el más claro referente sobre que tipo de manga y que características tendrán más allá de los elementos puramente temáticos. Y son estos detalles lo que, por supuesto, lleva a que exista una complicidad entre un autor y un grupo de lectores, no olvidando que la mayoría de las veces este tipo de detalles aportan cosas ciertamente favorables para cualquier historia. Sin embargo, esto no siempre fluye en sentido positivo tal como en lo que respecta a Hokazono, quien como más tarde lo confirmaría con Emerging, tiene una fijación muy marcada por los lazos afectivos y situaciones tendencia romántica. Si bien en Inugami estos elementos no son los que dan el cerrojazo a la historia, como si lo son en Emerging, su aparición mina casi pro completo la atmósfera salvaje y despiadada que el autor había creado, además de que no sacan de ese estado de exaltación e intensidad en que es inevitable caer página a página. La incursión de este profundo sentimentalismo en una obra con mucha violencia visual, evidentemente es una prueba de que una obra puede echarse a perder de forma inconsciente a medida que las ideas más personales del autor rebasan su control sobre la historia y sus elementos.

El apartado visual con el que Hokazono cobija a su argumento es claramente un punto que se encuentra libre de estos vaivenes que terminan convirtiéndose en nocivos para la salud del manga; este consiste en una extraña mezcla entre un estilo tranquilo y sobrio, y por otro lado nos encontramos con un dibujo de alto impacto, altamente detallado y cargado hacia la violencia. A lo largo de los catorce tomos que la componen, asistimos a un magistral espectáculo de domino de los tiempos narrativos en donde no podemos más que quedar extasiados al presenciar esta alternancia entre ambos estilos que vienen a dar vida a la situación actual de la historia. Dentro del apartado técnico otro elemento que se maneja con maestría es la utilización de las sombras, iluminaciones y los fondos detalladísimos, y no olvidar lo bien que los personajes proyectan los sentimientos que están viviendo, especialmente la angustia y el terror. Quizá lo único que podría empañar la construcción visual es si vemos a esto en conjunto con la trama, lo cual convierte al espectáculo de violencia y muerte, en gore completamente gratuito, ya que el naufragio que sufre la historia en la segunda mitad no justifica esta oda a los desmembramientos que supuestamente obedece al plan de exterminación humana.

En definitiva, Inugami es como esta reseña: en primera instancia levanta mucha expectación, presenta cosas y fórmulas muy interesantes y originales; más sin embargo, a medida que la cosa se va haciendo adulta, empezamos a presenciar un cambio completo de guión que niega todo lo bueno que lo precedió. Lo que inicia como una historia de múltiples matices y vértices muy frescos y estimulantes, termina por convertirse en una burbuja que crece sin sentido y sin control. Es una obra de esas que decepcionan enormemente, y no por ser simplemente humo o no tener pies cabeza, sino por perder el piso e ilusionar con algo de gran magnitud. Un manga completamente agridulce… aunque eso sí, completamente estimulante visualmente.

Lo mejor:

  • La mayor parte del manga se lee con una velocidad ágil y constante. No hay mucho diálogo innecesario.
  • Satisface los más básicos gustos de cualquier fanático del gore. E incluso puede llegar a provocar más.
  • El autor arma un experimento visual con la mezcla de estilo bastante interesante y gratificante.

Lo peor:

  • La historia se infla demasiado, tomando proporciones insanas que distorsionan todo sentido.
  • Hokazono deja que su sentir más profundo invada la temática de la obra.
  • Levanta muchas expectativas y a final de cuentas no cumple la mayoría de ellas… especialmente el desarrollo de la historia.
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