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Lectura #12: Banana Fish

Banana

Akimi Yoshida | 1985 – 1994 | Shōjo – Thriller – Drama

Tomando como escenario principal la moderna y masiva urbe neoyorquina, Akimi Yoshida dibujó, de 1985 a 1994, uno de esas contadas obras que por su concepto y ejecución logran trascender las barreras que delimitan a las demografías. Originalmente diseñada para las chicas jóvenes y serializada en una revista Shōjo, el manga fue catalogado como seinen dentro del mercado Norte Americano.

Con una estética que recuerda al estilo occidentalizado de Katsuhiro Otomo (Akira), Banana Fish es una interesante mezcla de acción desbordante y una historia densa que se mueve entre el bajo mundo del crimen y las drogas. Al mismo tiempo Yoshida desarrolla, aunque de forma muy sutil, la temática de las relaciones homosexuales sin llegar nunca a lo sexual y limitándose a romances platónicos. En definitiva una lectura nacida como un shôjo pero que debido a su concepto, contenido y estilo narrativo puede fácilmente llenarle el ojo al hombre adulto. 

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Reseña [Anime]: Hipira-kun

  Director Shinji Kimura
  Estudio: Sunrise
  Lanzamiento: 2009
  Géneros: Vampiros, sobrenatural
  Demografía: Kodomo / Shonen
  Tipo: Serie (10 capítulos)

No hace mucho, y más específicamente en la reseña sobre la obra antológica, Memories, manifestamos la versatilidad e inventiva de un autor como el afamado Katsuhiro Otomo. En aquella ocasión pregonamos su genio para salir un poco de la ciencia ficción y temáticas afines, y jugar con el humor negro, la sátira y la crítica social. Pero el creador de Akira, en su trayectoria como director y mangaka, no sólo se ha diversificado temáticamente, sino que incluso a dado un giro radical saliendo de su área predilecta enfocada al público adulto y volcando su prodigio para llevar material a las audiencias más jóvenes.

De tal modo que para rendir tributo a esta encomiable labor de apostar por un sector que muchas veces olvidamos que existe, es que dedicamos este humilde espacio a la versión animada de Hipira: The Little Vampire, un libro ilustrado guionizado por Otomo e ilustrado por Shinji Kimura, que tuvo un éxito bastante aceptable dentro de los pequeñines. Y aunque para su adaptación no contó con la participación de Otomo, al menos tuvo la dirección de la otra mitad del binomio creador: Kimura, quien en su trayectoria ha dirigido historias para títulos como Ani*Kuri15 y Genius Party.

Sinopsis

La historia sigue a un pequeño vampiro llamado Hipira que vive en Salta, una ciudad de oscuridad eterna de vampiros. Él vivirá una serie de aventuras con el resto de los residentes de la ciudad.

El lado vampírico de Katsuhiro Otomo

Cuando pensamos en trabajos dirigidos al público infantil, se nos ha inculcado la errónea idea de que deben ser trabajos con cierto nivel de contenido edificante, mismo que pueda encaminar por el sendero correcto su personalidad a través de enseñanzas sencillas; sin embargo esto que creemos como una certeza, resulta no ser el pilar fundamental en la mayoría de las ocasiones, sino que este lugar lo ocupan temas como la comedia y las aventuras sencillas. Y en esté tenor se sitúa Hipira-kun, pero al igual que otros trabajos de manga y anime, esta creación de Katsuhiro Otomo no se limita exclusivamente a una sola audiencia… Es verdad que la demografía principal es el Kodomo, no obstante fácilmente puede ser agradable a niños de entre 12 y 14 años, esos que son el blanco más joven de la popular demografía Shonen. Aunque por otro lado no es un anime para niños muy pequeños, más bien se limita a un rango entre el final de la niñez y el inicio de la adolescencia.

Con un par de personajes más que entrañables, Hipira-kun sabe conducirse entre la delgada línea de entre ambas demografías: por un lado atrapa a los más pequeños recreando el espíritu aventurero que impera aún al final de una etapa como la infancia, mientras que para aquellos que inician la adolescencia, les permite compenetrarse con la historia a través de un personaje principal que desentona un poco con el ritmo de sus compañeros, muy bromista, que es el blanco predilecto de la peculiar maestra, y con unos bríos inquebrantables para descubrir el mundo circundante. Y si bien la obra no es como ya lo habíamos mencionando, “edificante”, a través de la relación entre nuestro pequeño vampiro y el brillante espíritu llamado Soul-kun, se busca que los pequeños espectadores entiendan lo importante que son las relaciones de amistad y que atesoren esos preciados momentos.

Al final, el sapo jamás fue un príncipe…

Desde mi perspectiva —que podría no ser la óptima— uno de los puntos que mejor despliega estos amenos cortos, es sin duda el tema del humor. Desde una óptica adulta el aspecto cómico de Hipira-kun es, en general, muy sano, agradable y muy accesible para los más peques, sin embargo tampoco se puede negar que en varias ocasiones el principal ingrediente humorístico viene derivado de la desgracia ajena (Hipira golpeándose en la ingle, o ya sea la desgracia del experimento fallido de viejo Chouro). Pero lo interesante no termina aquí, y en lo personal hay un par de momentos que disfrute enormemente, y que seguramente también lo hicieron aquellos que por algún motivo llegaron a este peculiar exponente del Kodomo. Ambos evidentemente son una parodia y una mofa al mismo tiempo; uno de ellos es cuando la historia nos presenta al mítico y primigenio vampiro creado por Bram Stoker, Drácula, como un vampiro tremendamente anciano y al cual los jóvenes estudiantes no le prestan ni una pizca de interés. El segundo es igual de divertido, y en este se parodia a las clásicas historias de los príncipes convertidos en sapos por un malvado hechicero.

Pero aunque en conjunto el anime es bastante compacto y todo encaja a la perfección, el ámbito visual se roba hasta cierto punto los reflectores. Como adaptación de un libro ilustrado, el trabajo de animación por parte del estudio Sunrise (padre de los “mechas”) se enfoca primordialmente a recrear el estilo pictórico que predomina en ese tipo de libros infantiles, y no podemos negar que lo logra satisfactoriamente, pese al empleó del estilo CG (Computer Graphics). Un punto clave de la animación estriba en la perfecta armonía con que se crea la estética gótica —con sus ambientes tétricos y tenebrosos— y que se empasta al 100%  con la abundante paleta de colores que apela en todo momento a una fuerte razón: “los niños son extremadamente visuales”. Aunque no voy a negar que en ciertos momentos la forma en que se utiliza el CG en los personajes me resultó un tanto desacertada.

En resumen, Hipira-kun es un conjunto de cortos bastante agradables, que cuentan con un lenguaje bastante accesible, y que está aderezado muy atinadamente por un personaje un tanto gamberro pero totalmente entrañable…  En fin, un anime que ni mandado a hacer para mantener entretenidos a los pequeñines.

Lo mejor:

  • Apreciar el genio de Katsuhiro Otomo en un trabajo completamente ajeno a todo lo hecho anteriormente.
  • Un espectáculo visual estimulante y muy singular.
  • Un personaje principal con el que muchos niños se sentirán identificados.

Lo peor:

  • Que nos deje unas fuertes ganas de seguir disfrutando de más sobre este universo vampírico.
  • En escasas ocasiones el CG no termina de cuajar.

Reseña [Anime]: Memories

2012/05/13 2 comentarios

  Director: Katsuhiro Otomo
  Estudio: 4ºC
  Lanzamiento: 1995
 Géneros: Drama, psicológico, sci-fi,   comedia y militar
  Demografía: Seinen
  Tipo: Película

Katsuhiro Otomo es, indudablemente, uno de los directores de animación más afamados no sólo dentro del país del sol naciente, sino también en el panorama global de la animación. Y no se puede negar que el sólo hecho de mencionarlo, trae consigo su mítica creación, Akira; sin embargo y a diferencia  de otros artistas que alcanza la cumbre del anime con un trabajo que se convierte en el único remarcable de su carrera, el oriundo de la prefectura de Miyagi no pasara a la historia sólo por la obra mencionada, que no podemos negar llego en un momento inmejorable manifestándonos que el anime no es sólo patrimonio de los niños y jóvenes, sino que por encima de esto, quedará en la memoria por ser un autor que ha sabido aplicar su genio no sólo en su área predilecta, la ciencia ficción; el humor negro y la crítica social que impregnan dos de los metrajes en este compilado nos muestran la versatilidad que Otomo alberga.

De igual manera que el argumento de Memories sirvió para dar a conocer la grandeza de Otomo, también la animación jugó un rol clave y de escaparate para que el poco conocido estudio 4ºC (que hoy en día es uno de los bastiones principales para la animación experimental y de vanguardia) demostrara su tremenda inventiva y magistral manejo técnico a la hora de dar vida a sus creaciones. Como dato resaltar que este es el segundo trabajo antológico en la carrera del director, ya que en 1989 dirigió The Order to Stop Construction para la película Neo Tokyo, formando una tercia magnifica junto a otros dos míticos directores: Rintaro y Yoshiaki Kawajiri.

Magnetic Rose

Historia inspirada en la vida de la exitosa soprano, María Callas, Rosa Magnética nos sumerge en el inhóspito y enigmático espacio, para narrarnos el infortunado destino con el que se topa una modesta nave recogedora de desechos interestelares al atender una misteriosa señal de auxilio proveniente de una estación espacial en aparente desolación.

Rosa Magnética, no es un entremés en esta serie de mediosmetrajes, sino la obra más representativa y completa; la composición visual que contrasta los prodigiosos avances tecnológicos con una decadente y ruinosa estación espacial, así como un argumento sólido, abundante y toques de carácter psicológico, abalan este pensar. Y es que esto no podría ser de otra manera, ya que en esta obra converge el trabajo de 3 grandes personajes de la animación nipona: el guión por parte del fallecido Satoshi Kon, la fascinante composición musical de Yoko Kano, y una idea original de Katsuhiro Otomo.

Un deleite visual en medio del inhóspito espacio

Una recurrente casi obligada para los trabajos de mediana duración, es la imposibilidad que representan el tiempo para plantear, desarrollar y resolver un argumento como debe de ser; sin embargo la primicia dirigida por Koji Morimoto sabe sortear estas dificultades, empezando por no gastar más del tiempo necesario en plantear un escenario idóneo para desplegar un ejercicio interesante en donde se conjunta la ciencia ficción, los tintes psicológicos y un híbrido que asemeja a los clásicos relatos sobrenaturales sobre seres no corpóreos. Todo el peso del desarrollo lo sostiene la cuidadosa forma en que se va construyendo una atmósfera inmejorable, que sirve de punto de inflexión para dotar de herramientas a esa narrativa que nos bombardea incesantemente con secuencias de una engañosa irrealidad y de un panorama desolador e inquietante, que poco a poco penetra y quebrante la estabilidad psicológica de los personajes al más puro estilo de Satoshi Kon.

Como es común en muchos trabajos de Otomo, Rosa Magnética nos muestra ciertos ecos de la realidad, el más claro nos habla sobre los posibles alcances de la inteligencia artificial. Así mismo podemos apreciar la vulnerabilidad de la mente humana y la incapacidad para conducirnos en la delgada línea entre lo real y lo imaginario. La obra confabula todos los detalles estéticos y la psicología de los personajes, en un ritmo a modo de una espiral de emociones totalmente creciente que nos deleita tanto visual como emocionalmente.

Stink Bomb

Segunda entrega de este compuesto, y que al igual que Magnetic Rose también está basada en hechos reales, según lo confirmó Otomo en una entrevista que se le realizó. Bomba Fétida nos baja de las profundidades del espacio, y nos traslada a una realidad de un Japón contemporáneo. La historia nos presenta a Nobuo Tanaka, un joven miembro de una corporación japonesa dedicada a la fabricación de fármacos, quien a causa de una gripe y por la insistencia de unos de sus colegas, toma unas extrañas píldoras que resultan ser parte de un plan de armas biológicas, convirtiendo al desafortunado individuo en una arma de destrucción masiva andante.

El humor surgido de la desgracia ajena

El tema de las armas biológicas ha sido tratado en reiteradas ocasiones, ya que queramoslo o no, es un peligro latente por parte de radicales terroristas, y por consecuencia uno de los miedos más actuales de una sociedad globalizada. Pero en Bomba Fétida no se aborda el tema desde el punto más lógico, que sería el de una seriedad y compromiso total, sino que se apuesta por indagar abordar la contingencia con un humor negro que ridiculiza a las fuerzas militares, tachándolas de una ineptitud mayúscula.

No es la primera comedia satírica que nos brinda Katsuhiro Otomo, ya que antes de esta obra Roujin Z nos hizo reír a más no poder, mientras se mofaba del sistema médico japonés. Aunque existe ese antecedente que sin duda brinda una experiencia en este ámbito, Stink Bomb me parece una obra menos hilarante y divertida. La naturaleza torpe y ridícula de nuestro protagonista, si bien es el punto sobre el que gira toda la narración,  llega al punto en que se vuelve un tanto chocante. Aún con ese percance el producto final no queda a deber ni por la sátira lanzada, ni en el rubro visual, que goza de secuencias trepidantes y vistosas.

Cannon Fodder

Relato a modo de metáfora, en el cual se nos muestra una sociedad completamente militarizada y aparentemente contenta con su único propósito: lanzar cañonazos aleatorios hacia un enemigo inexistente.

Visionar Carne de cañón trae intrínsecamente una referencia bastante clara a la mítica obra expresionista y distópica, Metropolis, creada por Frintz Lang, en los decadentes obreros que a modo de autómatas asisten a su monótono trabajo de servicio como fuerza militar ante un inexistente conflicto bélico. Pero en está ocasión me gustaría aventurarme e ir un poco más allá de lo evidente y decir que este mediometraje que da colofón a la antología, plantea una sociedad que puede catalogarse de Orwelliana. En la famosa obra de George Orwell, 1984, una de las consignas del llamado “Partido” dice: “La guerra es la paz”, con la cual se nos muestra a una sociedad obrera amedrentada por su vulnerabilidad ante los incesantes ataques de las incesantes y alterantes guerras que supuestamente se sostienen, que a la vez sirven para no permitir un hastío sobre su forma de vida en condiciones deplorables. De manera semejante en Carne de cañón  se nos plantea una sociedad completamente militarizada desde edad temprana, y que pese a sabiendas de la inexistencia de un enemigo y la inutilidad de sus trabajos, no se cuestiona el rumbo limbótico y sin sentido sobre el que transita toda su existencia; y estos cuestionamientos no afloran por un escrutinio o amedrentamiento voraz como en la novela de Orwell, ni tampoco por su moldeada mentalidad, sencillamente no son necesarios e indispensables, ya que su modo de vida en aparente paz justifica la supresión de todo lo humano por parte del estado. Lo cual nos lleva a pensar que una vida carente de esencia y libertad física y mental, es un precio justo para una sumisión que otorga una felicidad relativa.

Cannon Fodder y su animación totalmente contrastante nos preparó para los futuros trabajos del estudio 4ºC

No sólo en el argumento esta es la entrega más original, el aspecto técnico también hace su parte para darle una peculiaridad que lo diferencia de los otros dos. El estilo de animación es totalmente ajeno a lo que vemos comúnmente en la animación nipona; la contaminación y decadencia se enmarcan muy bien con ese trazo grueso y sucio. Pero pese al estilo poco prometedor, existen juegos de tomas bastantes bien conseguidas.

Sin duda la más profunda de las 3 entregas, y de la cual podemos desprender una crítica sobre lo belicosos del ser humano, sobre el sin sentido de la sociedad, o bien sobre la comodidad como último y primordial fin más allá de los medios

Lo mejor:

  • Cada mediometraje apuesta por una temática diferente.
  • Apreciar a Katsuhiro Otomo un poco fuera de su típica área de trabajo.
  • La composición musical de Rosa Magnética es toda una experiencia.

Lo peor:

  • Bomba Fétida deja un cierto sabor amargo. Se pudo haber hecho más.