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Eiichi Fukui: de Igaguri-kun al Kanzume

Igaguri

Nacido el 3 de Marzo de 1921, Eiichi Fukui fue un dibujante de manga con una carrera que bien podrías describir como una llamarada: intensa pero breve. Aunque Fukui tuvo una trayectoria trágica y breve, este dejó una huella que el paso del tiempo ha cubierto lamentablemente. No sólo fue pionero del género Spokon (tenacidad deportiva) sino al mismo tiempo fue una de las fuerzas que impulsaron las riendas visuales de la industria a través de la acalorada rivalidad que sostuvo con Osamu Tezuka durante los primero años de la década de los 50.

Después de graduarse de la escuela secundaria en 1938, Fukui se unió al departamento de animación de la Nippon Eiga (Compañia de Cine de Japón), conocida por sus obras propagandísticas durante la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente paso a trabajar para la Nihon Manga Eiga sha (Compañía de Cintas Animadas de Japón) hasta su colapso en 1949. Al igual que otros miembros de la compañía, Fukui decidió incursionar en el mundo del manga. Su primer paso en la industria fue sin duda un gran reto: retomar el popular manga de beísbol Bat Kid (Batto kun), tras la muerte de su autor Inoue Kazuo. De esta forma las historias de carácter deportivo se convertirían en el pan de cada de  día de Fukui.

En 1952, y motivado por el editor en jefe de la revista Adventure King de Akita Shoten, para crear una historia cimentada en un chico valiente y admirable que crea su propio camino en la vida, muy al estilo de las historias que existían durante la preguerra, Fukui crearía Igaguri-kun, un manga sobre un pequeñín huérfano que se convierte en luchador de Judo.

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La popularidad que llegaría a alcanzar Igaguri-kun no pudo haber sido prevista. No sólo empujó a la revista Adventure King a publicar cerca de 300,000 ejemplares mensuales, sino que las historias de Judo se esparcieron como el fuego a lo largo de las revistas para niños. Tal fue la popularidad del manga que incluso eclipsó a la obra que hasta ese momento reinaba en la mente de los lectores, me refiero a Jungle Emperor de Osamu Tezuka. Y fue a raíz de este manga que surgió una rivalidad entre Fukui y un Tezuka que tras haber dominado el mercado del Akahon en Osaka ahora era el rey de las revistas de manga en Tokyo.

De la misma forma que los demás dibujantes de la época, Fukui partió de las nuevas técnicas de la narrativa visual creadas por Tezuka, pero al mismo tiempo dio vida a su propio enfoque a la progresión dramática entre paneles, a la vez estableció un patrón de combates que bien podríamos decir es la fuente de los empleados por Toriyama para su mundialmente conocida Dragon Ball.

Pero al hablar de Fukui es imperativo hablar de su temprana muerte y las causas que la ocasionaron. Fukui murió en Junio de 1954 a la corta edad de 33 años, el motivo de su muerto fue especificado como karōshi (sobrecarga de trabajo). Su muerte a causa de karōshi conmociono a la industria y llevo a que la Tokyo jidō manga kai (Sociedad de Manga para Niños de Tokio) abriera un diálogo serio acerca de la en ese momento popular e infame práctica del “kanzume”.

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Viñeta en donde se retrata la práctica del Kansume (Osamu Tezuka, Manga Classroom 1953)

Dado que durante los primeros años de 1950 las revistas de manga se encontraban en un periodo de rampante crecimiento, los editores de las revistas se encontraban en la necesidad de lograr que los dibujantes de manga fueran capaces de producir más contenido en menor tiempo para cubrir la creciente demanda de las revistas mensuales y bi-mensuales.  Buscando una solución para lograr cumplir con los plazos los editores y editoriales empezaron a rentar apartamentos en los cuales encerraban, sí, encerraban a los artistas hasta que estos terminaran con su trabajo. A esta práctica se le denomino Kanzume.

Estrictamente hablando el Kanzume no era una práctica de confinamiento en solitario, ya que el editor usualmente permanecía junto al artista para asegurarse que este siguiera trabajando, a la vez que le proporcionaba alimento y pequeños descansos si eran necesarios, pero de no más de 15 minutos. Si bien el hecho de que Fukui padeciera sobrepeso y que a la vez tuviera un cierto gusto por la bebida influyeron en su temprana muerte, el Kanzume fue el último causante de su fallecimiento.

Tras la muerte de Fukui los artistas de manga empezaron a exigir —y en efecto obtuvieron— un aumento de salario del 50% de modo que pudieran tener una mejor calidad de vida sin necesidad de tomar tantos trabajos. Tal vez nos preguntemos el ¿por qué no rehusarse a realizar el trabajo si el Kanzume era una práctica tan infame? Bueno, Shōtarō Ishinomori  en su momento explicó que existía un compromiso de palabra de siempre decir “sí” a todos los nuevos encargos, de modo que la industria pudiera seguir creciendo, a la vez que para satisfacer a sus lectores.

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Lectura #16: Sakura Namiki

Sakura Namiki

Makoto Takahashi | 1957 | Shōjo – Shōjo-ai – Deportes

La creencia popular afirma que Ribbon no Kishi (1954) de Osamu Tezuka fue el primer manga shôjo de la historia. La verdad es que siendo estrictos esta afirmación es rotundamente errónea, y el pregonarla deja en el olvido el trabajo de algunos artistas que durante la preguerra trabajaron en el género, siendo el más conocido Katsuji Matsumoto autor de The Mysterious Clover (1934) y la muy popular Kurukuru Kurumi-chan, la cual estuvo en circulación de 1938 a 1940 en la revista Shōjo no tomo. Y sin olvidar a Shosuke Kurakane, quien durante los primeros años de la posguerra publicó Anmitsu Hime (1949 – 1955).

Ribbon no kishi, nacida como fruto de la influencia que el teatro Takarazuka ejerció en la vida de Osamu Tezuka, ciertamente significó un paso adelante en el desarrollo del género tanto en lo visual como en lo temático, emulando en cierta medida lo que años antes logró Shin Takarajima. Si bien Ribbon no kishi y el estilo Tezukiano dictaron el camino para algunos otros pioneros del género como Tetsuya Chiba, Leiji Matsumoto y Shotaro Ishonomori, los hechos son claros y la estética que hoy prevalece en el mundo shōjo no bebió de las fuentes de Tezuka, sino más bien de las provistas por Makoto Takahashi.

Fuertemente influenciado por el arte de Kashō Takabatake y Jun’ichi Nakahara, dos de los líderes artísticos de la cultura de chicas (Shōjo Bunka) durante las primeras décadas del siglo XX, Makoto Takahashi adoptó el estilo visual de las revistas para chicas de la preguerra para emplearlo en la construcción visual de sus mangas. De aquí que Takahashi sea reconocido como el inventor de esas páginas con paneles amplios y abiertos, y personajes de cuerpo completo lo cual sin duda evocaba a las portada de una revista para chicas.

Sakura Namiki nació en el seno de esa nueva cultura de chicas que surgió después del periodo Meiji (1868-1912) principalmente dentro del hermético mundo homosocial de las escuelas para chicas, y que tuvo su medio de expresión en las revistas shōjo de la época. Esto no sólo se ve reflejado en el aspecto estético del manga, sino que al mismo tiempo Takahashi emplea el argumento para explorar, y toma como eje central de su narrativa, uno de los elementos más importantes de la cultura de chicas: las fuertes relaciones emocionales entre colegialas. A diferencia de lo que realizó en una de sus anteriores obras, Paris-Tokyo, en donde los sentimientos de amor se enfocan en la relación padres-hijos, en Sakura Namiki estos sentimientos se canalizan en una relación entre chicas (S kankei). Este tipo de relaciones eran no sólo muy comunes durante la época, sino que incluso eran motivadas por los profesores y otras figuras de autoridad como una forma para canalizar y alejar los deseos heterosexuales de las chicas. Pero el amor entre féminas no se daba en una forma para nada sexual, sino en una forma totalmente espiritual (ren’ai).

En conclusión, Sakura Namiki no es sólo un manga que experimenta con la narrativa visual y que sienta las bases estéticas del género, sino al mismo tiempo es un viaje hermoso y sincero a través del inmaculado mundo de las chicas durante las primeras décadas del siglo pasado. Así que no tengan miedo si en algún momento gustan llamar “Padre del shojo” al señor Makoto Takahashi.

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Lectura #15: Major

Major

Takuya Mitsuda | 1994 – 2010 | Shônen – Deportes 

Si bien el Sumo ha sido, por años, llamado el deporte nacional de Japón, lo cierto es que cuando se refiere a popularidad el Béisbol no tiene rival dentro del país del sol naciente. Con ello en mente no sorprende la cantidad exorbitante de mangas que toman este deporte como el punto de partida para sus historias —de lo cual un tal Mitsuru Adachi sabe bastante—. Desde las que toman un enfoque totalmente fantasioso, pasando por aquellas que usan el béisbol como plataforma para narrar temas ajenos al deporte, hasta llegar a aquellas, tales como Major de Takuya Mitsuda, que tratan de presentan un escenario lo más apegado posible a la realidad.

Con unos kilométricos 78 volumenes, y con una secuela en publicación desde 2015, Major bien podría ser catalogada como el estandarte del manga de béisbol, y no hablo de ello por el realismo y verosimilitud que acompañan a la historia de principio a fin, sino más bien por la forma en que Mitsuda refleja el profundo fanatismo que el pueblo japonés tiene por este deporte. Tomando como vehículo al pequeño, y algo trágico, Gorô Honda, el mayor logro de la historia es como esta nos lleva a ser testigos de como se vive la pasión por el béisbol a través de los diferentes etapas escolares. De narrativa vibrante y realista, con toques dramáticos y momentos trágicos, Major es una obra obligatoria para todo aquel que se llame aficionado de este deporte.

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Lectura #1: Ashita no Joe

2018/04/02 5 comentarios

Ashita no joe

Tetsuya Chiba e Ikki Kajiwara | 1968 – 1973 | Shônen – Spokon – Drama

Concebida para representar la lucha que sostenían las clases menos favorecidas dentro de un Japón en plena transformación económica, Ashita no Joe traspasó la frontera de lo que podemos catalogar como “icono del manga” para convertirse en todo un fenómeno social y cultural. Una muestra de ello esta en el funeral que se realizó a raíz de la muerte de un de los personajes y al cual acudieron cerca de 700 personas.

Y es que no hace falta haber vivido en el Japón de finales de los 60’s para disfrutar del mar de emociones y sentimientos que entraña la incansable lucha de Joe, un joven huérfano y problemático, por llegar a lo más alto del mundo del boxeo.

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