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Géneros y Demografías II: Kodomo

2012/07/05 4 comentarios

Kodomo (子供) que en japonés significa “niño”, es la denominación que se les da a las series animadas y mangas cuyas temáticas están destinadas al público infantil, independientemente del género al que pertenezcan. Cabe aclarar que por infantil no hablamos únicamente de edad preescolar sino de cualquiera que todavía no esté en la pubertad y que por tal motivo aún no le atraigan temáticas propias de la “edad de la punzada”. A diferencia de lo que muchos creen, y como ya hemos hablado en la Introducción, las obras Kodomo no son un género, pero todas ellas presentan algunas características que, por decirlo de alguna forma, homogenizan el contenido, ritmo y estilo de dibujo, provocando con ello que la mayoría de las obras se parezcan.

Infantil no es inmaduro

Hablar de contenido destinado a los infantes nunca es fácil, los adultos suelen desdeñarlo por considerarlo una mera distracción y los jóvenes por lo general sólo nos interesamos en pasar un rato ameno recordando viejos tiempos. Escritores, animadores y músicos saben perfectamente que el público más difícil y exigente es el infantil, cuando algo les gusta lo piden hasta el hartazgo, pero cuando algo no es de su agrado difícilmente le dan una segunda oportunidad; quizás a algunos de ustedes les ha pasado que cuando ven un programa que de niños no les gustaba, ahora lo encuentran entretenido.

Que un anime o un manga sean Kodomo no significa que serán simples, corrientes o con un argumento extremadamente sencillo. Lo que significa es que serán fáciles de entender y digeribles a la primera, lo cual resulta realmente difícil pues muchas veces la estructura narrativa de la historia nos obliga a retorcer un poco el argumento con el fin de darle coherencia. Una obra Kodomo es directa, su mensaje es explicito y no requiere de una profunda reflexión para desmenuzar su contenido, contenido que por lo regular resulta útil para el niño. En otras palabras, la animación infantil puede llegar a ser tan compleja como la destinada a los adultos pero siempre será más fácil de entender.

Cuando una obra infantil está bien diseñada no se limita a entretener al niño, sino que busca inculcarle algún elemento cultural y educarlo sin que él lo note (de hecho sin que ningún espectador lo note a menos de que se meta a analizarlo). Con esto no me refiero a la televisión educativa, la cual suele ser aburrida y erróneamente cree que por estar animada resultará atractiva para los niños como por arte de magia. Una buena animación Kodomo suele presentar dentro de su historia ciertos problemas que los personajes deberán superar y de los cuales aprenderán algo positivo. Generalmente los personajes aprenden a trabajar en equipo, integrarse con los demás, distinguir lo correcto de lo incorrecto y respetar a sus mayores. Digimon resulta ser el ejemplo más evidente de esto.

Vender vs Enseñar

En la otra cara de la moneda tenemos a las obras Kodomo cuya única finalidad es posicionar un producto dentro del lucrativo mercado infantil. Actualmente muchos animes son refritos de los viejos clásico como lo fueron Pokémon, Digimon o Hamtaro (que son los ejemplos más genéricos —y de mis tiempos— que pude encontrar pero no por eso los únicos). Bakugan, Monsuno, Beyblade, YU-Gi-Oh!, Zoids, entre otros similares, pueden quizás hablar de compañerismo, perseverancia, confianza, amor, justicia, valentía y liderazgo, pero eso lo hacen porque hablar de valores es un aspecto que se ha vuelto extremadamente común dentro de la animación infantil y ha restado originalidad ha este tipo de obras. Pareciera que actualmente cualquiera puede hacer una obra Kodomo únicamente exagerando la presencia de valores.

Si bien Pokémon y Digimon terminaron posicionando un producto y viviendo a expensas del merchandising, no lo hicieron tan descaradamente como los monstruitos, robots y estampas de las otras series, que de hecho eran auspiciadas por marcas de juguetes. Para poner un ejemplo más laico podríamos mencionar al ya citado Hamtaro o Doraemon, en los cuales vemos los ahora estereotipos del anime Kodomo pero llevados de una manera original y enfocada en dejar un mensaje en los niños.

De niños y niñas

A diferencia del anime de jóvenes (Shônen, Shôjo) y el de adultos (Seinen, Josei) el de niños no presentan una distinción sexual del contenido y eso responde básicamente a que los temas de interés en las personas mayores no son los mismo. La atracción sexual, el dinero, problemas laborales y la vida sentimental son algunos temas típicos del anime de grandes, pero estos temas interesan de manera distintas a hombres y mujeres. Sin embargo, a los niños no les atrae lo mismo que a las niñas, principalmente por los estereotipos sociales y el papel que cada género juega en su sociedad.

En las obras destinadas a pequeñines tenemos algunos subgéneros/demografías que han surgido debido a la especialización de determinadas temáticas (las denominé así porque son subgéneros de un género principal, pero su distinción está dada en parte por el público al cual van dirigidas). El Mahô Shôjo (Chicas Mágicas) es quizás el ejemplo más claro de esto, pero no se restringe al público infantil ni al público femenino. El Spokon (Deportes) y el Kemono (Animales) pueden ser para niños o para jóvenes y al mismo tiempo para hombres o para mujeres. Con esto podemos concluir que el Shônen, el Shôjo y el Josei no sólo distinguen a su demografía por su edad, sino por su género (femenino/masculino), a diferencia del Kodomo que únicamente lo hace por la edad.

Como ejemplo de los subgéneros/demografías que distinguen entre público femenino y masculino tenemos a Doremi y Magical Heart Kokoro-chan (ova de School Days), ambas del subgénero Mahô Shôjo; la primera es para mujeres la segunda es para hombres. Como ejemplo de los subgéneros/demografías que distinguen entre público infantil y público joven tenemos a Los Supecampeones y Slam Dunk, ambas del género Spokon; la primera es para los chiquillos y la segunda para los jóvenes.

Colores, rizas y aventuras

Como resulta obvio, los diseños de personajes y escenarios en obras para niños suelen ser muy coloridos, amenos y sencillos. Sus tonalidades deben captar la atención de los chiquillos y sus trazos deben resultar amables para estos. Asimismo, se suelen asociar colores y formas para que los espectadores capten con mayor facilidad la forma de ser de cada personajes; tenemos a los buenos en colores vivo y a los malos en tonos oscuros.

Como la atención de los infantes se centra únicamente en aquello que les atrae, les resulta familiar o los divierte, no es de extrañar que la mayoría de los personajes en este tipo de obras sean igualmente niños, pues los pequeños se identificaran con ellos de manera inmediata y la forma en que se presentará el mundo estará a su escala y desde su perspectiva. Igualmente, vivirán aventuras que sin importar lo inverosímiles que luzcan tendrán cabida en la imaginación de los pequeños.

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Géneros y Demografías I: Introducción

2012/06/07 4 comentarios

Cuando empecé a escribir sobre géneros en mi blog lo hice por una manía un tanto compulsiva de catalogar las cosas. Sin embargo, con el paso del tiempo me fui apasionando por las características que distinguen y sitúan a una obra dentro de determinada clasificación. Me interesé por tratar de definir qué hace que una obra sea de tal o cual género y hasta dónde termina un género e inicia el siguiente. Con forme iba profundizando me di cuenta de que muchos de los que denominamos géneros en realidad no lo son, sino que son variaciones de un mismo género cuya temática y diseño visual son tan específicos que pareciera que se trata de algo diferente, pero que en realidad están sujeto a un género o subgénero principal.

Dentro del mundo del cine y la animación —y específicamente en los blogs y páginas que recomiendan este tipo de obras— hay muchos errores al momento de otorgar la clasificación a una película, yo mismo he cometido muchos de ellos, principalmente porque ser excesivamente puntual confundiría a los lectores. Uno de los errores más comunes y que a mí me disgusta mucho, a pesar de que también lo he cometido con la clasificación del anime japonés, es cuando leemos en el apartado técnico que dicha obra es del género “Animación”, “Acción” o “Infantil”. Pareciera algo obvio y tonto pero es más común de lo que parece. El primero de estos sustantivos es en realidad una técnica (ya sea que hablemos de cine o televisión), la Acción está implícita en todo tipo de obras por el simple hecho de tener movimiento, y la tercera es el público al que la obra está destinado, o como el buen Mike ha optado por llamarla, la demografía.

Cuando empecé a leer éste blog, me dio gusto que Mike hiciera la diferenciación entre el género y la audiencia (demografía) a la que va dirigida la obra, yo mismo no lo hago en mis reseñas. Por esta razón, cuando Mike me pidió que participara en Habitación Otaku hablando sobre géneros, consideré pertinente iniciar con un pequeño ensayo sobre la diferencia entre el tema principal de la obra y el público que supuestamente debería verlo.

Para quienes están muy metidos en este mundillo del anime y manga, les resultarán familiares los términos Seinen, Shôjo, Shonen, Josei y Kodomo. Los cuales muchos blogueros usamos de manera inadecuada como géneros, pese a ser en realidad la descripción del público al que están destinados. Sin embargo, cada uno de ellos posee características intrínsecas que permean en las obras adscritas a dichas demografías. Tales características han propiciado la confusión que trataré de aclarar (en lo que cabe y sin tratar de llegar a la definición absoluta) en futuros post. Lo que pretendo hacer en esta serie de entradas es puntualizar las características que una obra de cualquiera de las demografías antes citadas presentará independientemente del género al que pertenezca, por el simple hecho de ser aspectos que resultan atractivos para cada tipo de audiencia.

A pesar de lo anterior, no debemos olvidar que “en gustos se rompen géneros” y debido a esto resulta casi imposible delimitar cierto tipo de obras a una audiencia determinada, el hecho de que ciertas temáticas se consideren más apropiadas para un público con respecto a otro termina siendo algo subjetivo y determinado por el mainstream de la industria televisiva o cinematográfica, en otras palabras, nos han educado para creer que nuestro género y edad determina nuestros gustos. Como esto no es así, trataré de evitar una delimitación en extremo dogmática y me limitaré a puntualizar aquellas características que los productores integran en sus obras en función de los consumidores que esperan atraer.