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Reseña [Anime]: Noiseman Sound Insect

2013/08/24 2 comentarios
Director: Masaki Watanabe Estudio: Palm Studio Lanzamiento: 2006 Géneros: Slice of Life Demografía: Seinen Tipo: Serie (11 capítulos)

  Director: Kôji Morimoto
  Estudio: Studio 4ºC
  Lanzamiento: 1997
  Géneros: Experimental, Sci-fi 
  Demografía: Shônen
  Tipo: Cortometraje

A grandes rasgos el mundo de la animación nipona se encuentra en un constante ciclo de expansión y globalización, lamentablemente dicho proceso no se presenta de forma uniforme, y si bien terrenos como la animación independiente completamente canónica comienza, poco a poco, a ganar peso e importancia, no sucede lo mismo cuando nos referimos al tema de lo experimental o de vanguardia, que tristemente sigue siendo territorio sumamente inexplorado y no digamos infravalorado.

El tema de la escasez de trabajos en el rubro de lo experimental no es para nada un hecho menor, y mucho menos uno de reciente aparición, sino que estamos ante una problemática tan añeja y enraizada como la llegada del anime a los hogares nipones. De aquí que no es de extrañar que el mismísimo dios (Osamu Tezuka), en determinado momento de su carrera, haya expresado su consternación ante semejante situación, canalizando la misma hacia las series de televisión principalmente. Y es que no es para menos: el anime se torna, con el paso de los años, en un medio que gira en torno a cada vez menos cantidad de temáticas, ritmos narrativos y estilos gráficos. Así que, tomando la batuta dejada por el conocido blogger “Capitán Urías” (creador de la arcadia más culturalmente dispersa de toda la blogosfera) en su artículo Garabatos orientales 2 – Madurad, otakus, madurad publicado en el portal de cómics Zona Negativa —aunque extrapolando dicho argumento a la animación— es preciso mencionar que el panorama totalmente sombrío que se cierne sobre las muestras experimentales seguirá tal cual ha permanecido desde siempre. Y si existe una remota posibilidad de revertir dicha situación, no puede venir de otro lado más que de la fanaticada; ya que sí, seguirán existiendo animadores y estudios que en determinado momento se atrevan a romper con los cánones establecidos y realizar trabajos en donde nos conecten directamente con su imaginación, sin embargo estos seguirán siendo sucesos aislados como hasta el día de hoy debido a que no existe un público suficiente y definido que consuma con avidez dichas creaciones.

La influencia que cualquier fanaticada extranjera puede ejercer sobre la industria del anime, si bien ha ido creciendo conforme la industria se va expandiendo y globalizando, aún permanece siendo reducida o prácticamente nula; pero mucho peor sería si volteamos la mirada en otra dirección y esfumamos toda preocupación por dicha situación, en lugar de brindarle la importancia que este tema posee a la par que invitamos a los nuevos y viejos aficionados a otorgarle una oportunidad a lo experimental, que por naturaleza no clama y apunta por grandes masas de público, pero que innegablemente requiere un grupo de soporte mucho mayor del que actualmente posee.

Sinopsis

En una ciudad llamada Champon, un científico crea una forma de vida sintética llamada Noiseman, que borra las ondas hertzianas de la música transformándolas en cristales. Un grupo de jóvenes bikers se rebelan contra Noiseman para poder controlarlo.

Exaltando los sentidos

Si Makoto Shinkai es el estandarte del anime independiente apegado a los cánones comerciales, Kôji Morimoto, principal mente creativa tras Noiseman Sound Insect, es uno de los pilares fundamentales y máximos impulsores de la experimentación visual y narrativa en el arte del anime. Morimoto es, además, una muestra de que para hacer aquello que más nos mueve se necesita tomar al toro por los cuernos, esto se expresa con la fundación del estudio 4°C, que al día de hoy se ha vuelto uno de los refugios predilectos para aquellos que gustamos de disfrutar algo diferente. Su carrera lo ha encumbrado como uno de los máximos directores de corto y mediometrajes, pero si algo nos ha regalado, y nos sigue regalando con cada nueva aparición, es una revolucionaria forma de entender y apreciar el mundo de la animación.

La animación experimental apela, fundamentalmente, a la libertad… la libertad artística, la libertad narrativa y la libertad visual en pro de contraponerse a lo establecido dentro del ámbito comercial. Aunque la idea es romper convencionalismos al proveer vía libre para que el artista plasme sus ideas, esta no se encuentra en conflicto con las clásicas características de seguir una estructura lineal de sucesos entrelazados. Esta estructura de inicio, desarrollo y final existe y da forma a los acontecido en Noiseman Sound Insect, sin embargo dicho concepto es mezclado con todo lo experimental que Morimoto puede ser.

¿Cuántas obras literarias, producciones cinematográficas o series televisivas, conocemos cuyo argumento surge de la confrontación entre fuerzas malignas y aquellas que intenta preservar el bien y la paz? Bueno, la respuesta para dicha pregunta es que podríamos comenzar a enumerar creaciones y jamás terminaríamos sencillamente porque estamos hablando de uno de los argumentos más antiguos y universales que existe. Y lo que es aún más sorprendente es como pese a ser tocado en innumerables ocasiones y formas, continua siendo un tema central ampliamente funcional. De este argumento especialmente se ha nutrido el mundo del anime, en donde este a su vez se ha mezclado gloriosamente con ingredientes como la magia, la fantasía, los poderes sobrenaturales, el horror, las artes marciales, etc. Evidentemente, Noiseman Sound Insect, se suma a este barco de influencias, pero para deleite de todos nosotros, lo hace tratando este tema de confrontación de fuerzas contrarias desde una perspectiva completamente novedosa, interesante y con gran concepto. Morimoto toma este argumento antiquísimo y lo transmuta en 2 conceptos análogos, como son la música (en este caso representando el bien o lo armonioso) y por otro lado el molesto ruido (representando el mal o la perturbación de la armonía). El incluir una historia que se desarrolla y concluye en los pocos minutos de duración es un acierto, ya que por un lado no lo vuelve un trabajo que sería completamente ajeno a todo el público no cómplice, mientras que para aquellos que están relacionados con lo experimental notarán este movimiento en los conceptos y la inventiva que suponen.

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Noiseman, el singular villano creado por Kôji Morimoto

La mayor aportación que este genial cortometraje ofrece al mundo del anime estriba en todo lo comprendido por su particular universo. Es normal encontrarnos con trabajos que construyen un universo propio para dar vida a una historia determinado, sin embargo es igual de común encontrarnos con cadencias en cuanto detalles que terminan por no redondear la idea general que se quiere transmitir con dicho universo. Y he aquí el gran mérito de este trabajo que, con tan sólo 15 minutos de animación, formula un universo que se encuentra respaldado por un cuerpo de detalles referentes a la mecánica que rige la vida en este mundo muy bien descritos, y esto nos habla del cuidado que el director y su equipo pusieron para entregarnos el mejor trabajo posible. Entre algunos de estos detalles que podemos puntualizar se encuentran, primeramente, el diseño del antagonista de esta pequeña historia, Noiseman, cuya naturaleza y objetivos se representan fielmente por las distorsiones que sufre su cuerpo tal como lo hace el ruido electrónico sobre cualquier onda de sonido pura y armoniosa. Por otro lado nos encontramos con cómo jamás se pierde el peso que tiene la música en dicho universo y esta incluso se muestra de forma muy clara como simboliza el alma de los seres que habitan en ese universo la cual es convertida en cristales; y no olvidar como el ruido actúa de ente perturbador para alienar el actuar y pensar al contaminar la esencia vital de los personajes que, como hemos dicho, es la pureza de la música.

Para terminar de redondear el particular universo que se gesta en este trabajo Morimoto aporta su gran sentido visual, mientras que la emblemática compositora Yôko Kanno completa el experimento encargándose del apartado musical. Empezando por lo referente al soundtrack, considero que Kanno nos demuestra que es una de las más grandes en el mundo del anime, y así mismo nos demuestra que no se necesitan muchos elementos para crear un gran cuerpo sonoro, sino solamente lo justo y adecuado. Hago hincapié en esto ya que el soundtrack se compone en su totalidad por sencillas mezclas de sonidos un tanto techno y tribales, pero el timing con el que se van colocando resulta perfecto para deleitar al oído y exaltar nuestro sentidos para experimentar nuevas sensaciones a la hora de disfrutar la animación.

Cuando analizamos la trayectoria del estudio 4ºC posterior a la realización de este corto, podemos notar una clara semejanza entre la animación de una máxima del estudio como lo es Tekkon Kinkreet a la expuesta en este trabajo. Esto evidentemente nos habla de que la idea visual funcionó para cerrar una muestra de virtuosismo artístico; y no deja de sorprenderme como es que esa paleta de colores en tonos totalmente pasteles, muy discretos, sin grandes prestaciones funcionan para empatarse con una ambientación futurista muy sórdido y saturado. Yo hubiera esperado una composición de colores completamente cargada hacia los tonos eléctricos, fuertes, con grandes secuencias de luces, ya que a final de cuentas estamos tratando el tema de la música, del ruido, de lo electrónico, sin embargo el riesgo en apostar por algo poco convencional resulta todo un éxito y aporta un buen nivel de deleite visual para nuestro ojos fanáticos.

Lo mejor:

  • Un concepto muy original tanto en argumento, narrativa visual y composición musical.
  • Es como una droga para todos nuestros sentidos.
  • Muchos detalles sobre el universo y todo ellos muy cuidados por su creador.

Lo peor:

  • El ambiente se prestaba para darle un poco más secuencias de acción al corto.
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Reseña [Anime]: Docchi ni Suru

 Director: Masaki WatanabeEstudio: Palm Studio Lanzamiento: 2006 Géneros: Slice of Life Demografía: Seinen Tipo: Serie (11 capítulos)

  Director: Koji Yamamura
  Estudio: Dentsu
  Lanzamiento: 1999
  Géneros: Comedia
  Demografía: Kodomo
  Tipo: Cortometraje

Si han seguido las esporádicas publicaciones de este espacio, al menos desde el mes de diciembre, sabrán que mencione una muy posible disminución en la actividad a partir de febrero por motivo de la realización de mis prácticas profesionales fuera de mi ciudad natal. Bueno, esto se cumplió, pero de una manera mucho más severa de lo que pude haber imaginado. Pero aunque la incursión en la vida labor, las responsabilidades de vivir de forma independiente y los hermosos reportes y formatos que me dedico a llenar con gran esmero, han recortado de manera bestial mi tiempo libre, prometimos continuar actualizando este espacio y vamos a cumplirlo.

Con mi actual y mezquino tiempo libre, embarcarme en reseñas de trabajos de mediana y larga duración equivaldría al suicidio: no disponemos del tiempo para repasar la obra en cuestión, y como se podrán dar cuenta por la periodicidad de las publicaciones, no somos unos genios con la ideas, y mucho menos unas gacelas escribiendo parrafos. De tal modo que para tratar de evitar desaparecer más de lo que ya lo hacíamos cuando disponíamos de tiempo para invertir, el enfoque de reseñas se encausará en obras cortas que nos exijan aquello de lo que lamentablemente carecemos.

Lo positivo de llevar al sitio hacia este nuevo enfoque, radica en que podremos reavivar la relación con la animación y ser más constantes con este tipo de contenido que a últimas fechas tenemos un poco abandonado. Y de la mano de la filosofía del blog, priorizaremos el contenido de aquello que llaman “animación independiente” y que tanto merece ser comentada en todos los sectores de esta afición. Para arrancar este ciclo por llamarlo de una manera que no privará al blog de la publicación de manga, aunque claro que igual será sobre obras cortas lo haremos ocupándonos de una de las creaciones de Koji Yamamura, director de un estilo muy único y personal, mismo que lo ha encumbrado como uno de los máximos estandartes del anime independiente.

Sinopsis

Raoul, un pequeño caimán, sufre de dolor en una de sus muelas, pero a la vez requiere urgentemente un corte de cabello. ¿Debería ir al dentista o visitar al barbero? Por su parte, Madillo, una armadillo, se debate entre llevar una sombrilla consigo o no a causa de las amenazantes pero intermitentes nubes.

What is your choice?

Aunque en 2002 formó parte del quinteto nominado a Mejor Cortometraje Animado por su trabajo con Mt. Head, y pese al impulso que ello supuso para darse a conocer dentro de las filas de la crítica especializada, la figura de Koji Yamamura aún permanece muy desconocida para los círculos más numerosos de aficionados —cosa completamente contraria a lo que ocurre con otros animadores independientes tales como Makoto Shinkai o Yasuhiro Yoshiura—. Sin contar con ninguna referencia del trabajo de este magnifico director, Docchi ni Suru a priori resulta un corto surgido como parte de una faceta experimental por parte de su creador, sin embargo es todo lo contrario.

A lo largo de su multipremiada trayectoria, Yamamura se ha encargado de construir un universo de la animación que difícilmente comparte semejanza con directores anteriores a él mismo. Y como bien lo evidencia Docchi ni Suru, su obra nace de temas simples e incluso, como en esta ocasión, completamente insípidos y cotidianos, para a lo largo de los escasos pero suficientes minutos, dotarlos de un sentido completamente diferente, llegando en ocasiones a convertirlos en temas que invitan a pensar en nuestra forma de ver la vida y el anime. Por el lado de la estética, esta apunta mayormente al despliegue pictórico y minimalista, y ambos, tanto temática como estética, se han nutrido del intimismo con que Yamamura realiza su labor.

Nuestro joven caimán, su terrible dilema... y un rostro a través de dos árboles.

Nuestro joven caimán, su terrible dilema… y un rostro que se forma en los árboles.

Si con sólo haber leído la sinopsis me preguntaran sobre el público al que va dirigida, no dudaría en decir que es exclusiva para los más pequeños. Sin embargo una vez vista no resulta complicado llegar a la conclusión de que estamos ante un corto casi universal, fácilmente disfrutable por el público infantil, y leible por adolescentes y adultos. Quedaría a consideración si fue premeditado, porque evidentemente el argumento de la toma de decisiones a mi parecer carece casi por completo de relevancia si eres un pequeñín, ya que toda tu atención es absorbida por los exóticos personajes, la música, el diseño  y el surrealismo agradable.  En el caso del público adulto, el tema de las decisiones es lo fundamental. Es lo esencial porque expresa la otra idea que yo entiendo del autor: el poner de manifiesto que decisiones tan simples como elegir entre ir al doctor y después a cortarnos el cabello, o cargar un paraguas en días en donde amenaza la lluvia, no tienen mayor complicación si eres un niño, pero a medida que nos hacemos grandes, este tipo de situaciones comienzan a convertirse en auténticos dilemas, que no llevan a otra cosa que a complicarnos la existencia.

En sus obras más determinantes, Yamamura nos ha deleitado la pupila con un estilo visual casi poético y pictórico que sin duda ha inspirado a personjaes como el ganador del Oscar, y también animador independiente, Kunio Kato. Aún así, la idea visual que cobija al cotidiano argumento resulta muy degustable e interesante, especialmente por el toque infantiloide que trata de asemejarse a los clásicos dibujos realizados con crayones en los jardines de infantes. De este universo visual, que ha sido procreado con un tono muy amigable, me ha parecido harto interesante los toques surrealistas que bañan ciertos aspectos del apartado y que ayuda a dar una estética más incluyente a la par que nos hace evocar los trabajos de alguien como Shigeru Tamura. Sin olvidar mencionar que existe un juego de perspectivas sutil y escaso, pero que le aporta más detalles para apreciar y comentar.

Como era de esperarse, aún en un trabajo menor, Yamamura no deja ningún aspecto sin cubrir, y en lo referente al reparto de personajes su genio sale a relucir para ofrecernos un conjunto de personajes muy originales y de rasgos antropomórficos con bastante sentido de originalidad y que redondean un discurso visual completamente diferente y atractivo. En definitiva, una muestra de los territorios inexplorados a los que nos puede llevar la otra cara de la animación japonesa, así como las ideas que la nutren y que nos invitan a sumergirnos dándole una merecida oportunidad.

Lo mejor:

  • Un concepto muy original de hacer animación.
  • Es una buena manera para acercarse a la carrera de uno de los más grandes de la animación independiente.

Lo peor:

  • La música es un tanto enfadosa.