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Reseña [Anime]: Fumiko no Kokuhaku

2012/08/05 1 comentario

  Director: Hiroyasu Ishida
  Estudio: N/A (Hiroyasu Ishida)
  Lanzamiento: 2009
  Géneros: Comedia
  Demografía: Shoujo
  Tipo: ONA (1 episodio)

Desde sus inicios y durante mucho tiempo, el anime era concebido gracias a grandes equipos de personas que se encargaban de dibujar a mano cada fotograma (entre dibujos fijos y los que ayudan a crear el movimiento), para después recibir los colores correspondientes, lo que aún bajo la técnica de animación limitada —en donde se emplea la menor cantidad posible de fotogramas— lo hace una tarea ardua y extenuante. Pero gracias a los continuos avances de la tecnología, que han venido a solucionar, o al menos hacer más llevaderas, muchas de las actividades tanto cotidianas como profesionales, es que hoy en día las casas productoras de anime han podido amainar esta ardua labor, dándole un nuevo significado al proceso de producción.

Pero no sólo las grandes casas productoras se han beneficiado de la animación por ordenador, sino que este “boom” abrió la puerta para que todos los entusiastas de la animación tuvieran la oportunidad, apelando a una gran pasión y una encombiable constancia, de dar rienda suelta a su imaginación y  plasmar en fotogramas estos pensamientos. Aunque en la actualidad la llamada “animación independiente” se ha vuelto más común y popular, principalmente porque han llegado a crearse trabajos de una calidad bastante importante, tanto en lo visual como en lo argumental. Y de estos trabajos han surgido nombres que se han vuelto referentes, tales como Makoto Shinkai, Kunio Kato, Yasuhiro Yoshiura, por citar algunos. Pero en esta ocasión vamos a ir un poco más allá de los grandes nombres de la animación independiente, para internarnos en un peculiar trabajo.

Fumiko no Kokuhaku (La Confesión de Fumiko) es un corto creado por Hiroyasu Ishida (cuyo pseudonimo es “Tete”), un estudiante de la Universidad de Kyoto Seika, específicamente del Departamento de Animación en la Facultad de Manga. Este joven entusiasta realizó su creación empleando softwares de Adobe, tales como After Effects, Soundbooth y Audition. En 2010, Ishida, ganó el Premio a la Excelencia que se entrega a estudiantes durante el TAF (Tokio Anime Fair).

Sinopsis

Fumiko es una chica tímida y muy enamorada de Takashi, un chico que aspira a convertirse en beisbolista. Observa sus aventuras de cómo declara su amor y el devenir que le espera.

La pendiente del despecho amoroso

La adolescencia, esa etapa complicada en la cual se presentan cambios físicos, pero sobre todo grandes cambios psicológicos, que nos hacen enfrentarnos ante un laberinto de incomprensión que sorteamos en el momento que logramos definir nuestra identidad propia, ha sido el escenario de un sinnúmero de creaciones principalmente enfocadas al público femenino. Y el detonante más común en este tipo de trabajos siempre ha sido una de las situaciones que pueden hacer más llevadero, o más tortuoso, el proceso de la adolescencia: el descubrimiento del primer amor y la declaración ante el mismo.

Aunque es precisamente bajo este tenor que Fumiko no Kokuhaku se presenta ante los espectadores, no es la intención de su autor postular algún discurso sobre la situación en cuestión, tal como lo hacen muchos otros cortos que apuestan por manifestar un determinado mensaje a través de sus corta existencia. Aquí estamos ante un trabajo ciertamente con bastante personalidad, pero que más allá de eso, está creado sin mayores pretensiones que las de brindar a todo aquel que lo vea un momento divertido, ameno, que le pesque una que otra sonrisa y, como no, que lo haga remembrar un poco esa complicada pero maravillosa etapa.

Primer rechazo amoroso de Fumiko…

Con un diseño de personajes bastante sencillo, y ambientes más trabajados, todo cobijado bajo una paleta de colores bastante agradable y muy suave, el contraste visual sencillamente resulta hermoso. Y esto se acentúa con el magistral ejercicio dinámico que Ishida nos presenta a través del vertiginoso e inexorable  descenso de Fumiko por la pendiente. A todas luces una secuencia como pocas, y que realza el genio que se alberga en este joven animador. En este punto quiero mencionar que esa fabulosa secuencia de la pendiente, que innegablemente rompe con todo indicio de la tradicional animación limitada, que ha sido un sello del anime, me hace evocar en cierta medida a otro corto de un corte visual bastante semejante llamado Jump, creado por el gran maestro Osamu Tezuka.

Una de las maravillas que nos brindan los trabajos independientes más convencionales, es decir, aquellos que no buscan asemejarse a las grandes producciones, es la que nos lleva a apreciar estas creaciones sólo por el significado de  esfuerzo y pasión que implica crear animación por gusto, por cumplir el más personal de los sueños, sin pensar en aspectos comerciales o cosas que puedan viciar el sentido intimo de la creación.

Lo mejor:

  • Es una obra de una esencia totalmente especial.
  • Aunque tenemos a los protagonistas por unos lapsos muy limitados, no puedes sino quedar encantado con ellos.
  • Poner de manifiesto que el anime independiente es un nicho para todos aquellos que busquen trabajos diferentes y realizados con una profunda pasión.

Lo peor:

  • La pobre Fumiko siendo rechazada en 2 ocasiones en 2 minutos.
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Reseña [Anime]: Tsumiki no Ie

2012/04/29 2 comentarios

  Director: Kunio Kato
  Estudio: Robot
  Lanzamiento: 2008
  Géneros: Slice of Life, drama
  Demografía: Seinen
  Tipo: Película

Para muchos los tan mencionados Premios Oscar, siempre han sido en demasía “localistas” o “populistas”, no pasando casi nunca de premiar a obras muy apegadas a los cánones que ha autoimpuesto la propia industria Hollywoodense. Y de aquí se desprende que para muchos aficionados a los trabajos de origen Japonés, las obras más prestigiadas de los autores de esta procedencia no han sido bien ponderadas por los críticos.

Sería un tanto absurdo aseverar que el segundo de estos cuestionamientos fue resuelto cuando el afamado animador Hayao Miyazaki, del estudio Ghibli, se hizo con el galardón de Mejor Largometraje Animado por su obra, El Viaje de Chihiro, ya que en 2002 año en que fue premiada la cinta, la categoría acababa de ser creada un año atrás. En 2005 Miyazaki tendría una nueva incursión con, El Castillo Ambulante, que tristemente no pudo emparejar lo hecho tras años antes. Pero no sería sino hasta 2009 cuando no sólo el segundo cuestionamiento se olvidara de las mentes de los aficionados, sino también fue el año en que se disiparon un poco las dudas sobre la tendencia a premiar obras muy encajonadas dentro de ciertos esquemas, y el artífice no fue alguno de los miembros del mítico Ghibli, ni tampoco de algún otro afamado director nipón, sino que vino de la mente de un desconocido animador independiente llamado Kunio Kato. Tsumiki no Ie (La mansion en petit cubes), es el título de la creación con la cual Kato se convirtió en el segundo Japonés en ganar un Oscar por un trabajo de animación, y a diferencia de lo ocurrido en 2002 en esta ocasión fue en la categoría de Mejor Cortometraje.

Trabajos como el que se nos presenta mediante este cortometraje, son los que mantienen en nuestra memoria que cuando existe la imaginación y el amor por lo que se hace, no es necesario estar rodeado de un amplio grupo de trabajo para concebir una fantástica y conmovedora pieza de animación.

Sinopsis

Un anciano vive en una ciudad casi inundada; así que continuamente debe construir una planta más sobre su apartamento debido al incesante crecimiento del nivel del agua. Al realizar la última mudanza, se le cae su preciada pipa y decide bajar a rescatarla. Cuando logra recuperarla, inicia un viaje retrospectivo a través de los mejores momentos de su vida.

La poesía audiovisual de Kunio Kato

Rica, evocadora, entrañable, emotiva, pictórica, metafórica, sobria, melancólica… Podrías continuar acuñando calificativos y, aún así, resultaría infructuoso el intento por retratar en su totalidad esta magistral pieza de Kunio Kato que resulta fascinante y sumamente brillante en muchos aspectos. Podemos hablar de la maestría y naturalidad con que se manejan los hilos del flujo narrativo; podemos pregonar la armoniosa y delicada composición musical; nos podemos maravillar con el particular y revitalizante estilo de animación empleado para acompañar tan conmovedor relato. Pero sin restarle una pizca de importancia a ninguno de los aspectos anteriores, lo más extraordinario de este ganador del Oscar a Mejor Cortometraje Animado en 2009, estriba en la riqueza argumental que doblega las restricciones temporales que representan 12 minutos de animación. Dicho esto, partiremos de esa abundancia temática para adentrarnos a este pieza de arte.

La mansion en petit cubes, esta pequeña obra maestra, nos proyecta en las primeras tomas un muro, pero no un muro atiborrado de fotografías, sino un muro atiborrado de recuerdos… atiborrado de vida. Y es que los recuerdos siempre serán, para el ser humano, la más perfecta máquina del tiempo, la máquina que le permite revivir momentos que no pueden mas que ser añorados con eterna nostalgia. ¿Cuántas veces no hemos oido la frase que dice: “recordar es vivir”? Pues de estas sencillas palabras es que Kunio Kato se vale para brindarnos esta poesía visual, que nos invita entre muchas otras cosas, a reflexionar sobre los momentos verdaderamente importantes de nuestra vida, a la par que nos invita a disfrutar lo más posible de ellos y a atesorarlos con toda el alma; porque al igual que el personaje central de esta historia, nosotros. algún día, nos veremos en la triste situación de ver en los recuerdos nuestro último refugio.

Llegará un día en que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza. (Paul Géraldy)

Un aspecto envidiable del que goza este trabajo independiente, son lo ingeniosas y bien construidas de las metáforas que se emplean para comunicar múltiples intenciones. Ya que si bien Kunio Kato nos plantea en 12 minutos a los recuerdos como un tesoro de valor incalculable, y posible último vinculo con nuestros seres queridos antes de la inevitable partida, esto no nace fortuitamente, sino que viene antecedido de la metáfora sobre el inexorable paso del tiempo. Y siguiendo la línea del proceso de la vida, también nos topamos en este corto, con lo que a mi parecer es un eco imprevisto de una realidad tan latente y devastadora como lo es la soledad que embarga a la gran mayoría de los ancianos de nuestra sociedad, que pasan sus últimos días en el olvido de sus seres queridos, con el único confort de las remembranzas de lo que fue una vida llena de gratos momentos.

Hermoso y pictórico viaje a las profundidades de la memoria

El inquietante cambio climático en últimas fechas es un tema muy tocado en los diferentes medios de expresión artística, de aquí que gracias a la riqueza temática podemos fácilmente separar de la metáfora sobre el proceso de la vejez, otra sobre las consecuencias que este cambio ejerce sobre la vida de las personas. Y si este trabajo le valió a Kato unirse a Miyazaki como un ganador del Oscar, también esta metáfora audio visual nos hace recordar la versión más ambientalista del genio del estudio Ghibli.

La animación por su parte, también bebe de esa propuesta sobre las remembranzas del pasado, y lo hace llevando al espectador un estilo de animación que hace recordar a la clásico animación hecha con papel, tinta y una cámara fotográfica; resaltar a su vez el parentesco con la pintura al oleo. Aunque hay que dejar en claro que la animación está elaborada totalmente por ordenador, con lo cual esta incursión de estilos totalmente contrastantes con lo que habitualmente surge de las obras de ordenador, nos da una muestra de que el señor Kato tiene claro que una película es, por encima de los aspectos visuales, una historia que se comparte al espectador con gran intimismo. Y esta congruencia también se palpa en la narrativa y su total ausencia de diálogo, que permite a los sentimientos tocar fibras sensibles del espectador sencillamente a través de lo que evoca las secuencias de marcado valor artístico.

La mansion en petit cubes son 12 minutos que tocan con sutileza el lado más sensible del espectador; 12 minutos que nos deleitan con un ritmo narrativo cargado de un profundo valor sentimental, y que invita a reflexionar sobre la importancia de nuestros recuerdos; 12 minutos de metáforas ingeniosas y bellas; 12 minutos para adentramos en la triste soledad que algún día nos alcanzara; 12 minutos de una estética atiborrada de nostalgia; y, 12 minutos de los cuales es imposible prescindir.

Lo mejor:

  • Metáforas accesibles, hermosas, ingeniosas y tan reconfortantes como inquietantes.
  • Es un corto que nos hace voltear la mirada al pasado y darnos cuenta de los hermosos recuerdos que siempre estarán ahí para apacentar nuestra soledad.
  • Un estilo de animación poco usual, pero que resulta muy atractivo y refrescante, cuando hoy en día la animación gira en torno a personajes estilizados, tonos suaves y efectos 3D.
  • La banda sonora armoniza y aviva la compenetración entre el espectador y la triste y grata historia.
  • El personaje del anciano es totalmente entrañable.

Lo peor:

  • ¿Acaso hay algo malo? ¡ Díganmelo!