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Reseña [Manga]: Human Clock

 Autor: Hideo Yamamoto  Revista: Young Sunday  Lanzamiento: 1992  Géneros: Drama, psicológico  Demografía: Seinen  Tomos: 1

  Autor: Seiichirô Tokunan
  Revista: N/A
  Lanzamiento: 1962
  Géneros: Psicológico
  Demografía: Seinen
  Tomos: 1

En la actualidad Japón posee la industria de cómic más grande del mundo, y el repertorio que la compone es uno que satisface todos los paladares no sólo existentes en el pueblo nipón, sino más allá de las barreras geográficas y los rasgos culturales. Sin embargo, esto no siempre fue así, y si bien Osamu Tezuka fue la figura determinante para el vertiginoso ascenso del manga como un medio comercial rentable, es gracias a que, a través del sistema de bibliotecas públicas de Osaka, se gestó, a finales de los años 50’s, una corriente que se contraponía al manga infantil que acaparaba las páginas de todas las revistas y del cual Tezuka era la cabeza.

Dicha corriente , bautizada como Gekiga por Yoshihiro Tatsumi, representaba una poderosa transición hacía un tipo de historias mucho más elaboradas, dirigidas al público adulto, y en donde los temas fueran mucho más diversos y profundos apoyados por una narrativa visual enfocada al realismo anatómico y estético. Pero a través de esta corriente, que alcanzó su apogeo en los años 70’s, la industria no sólo se fortaleció por la llega a las páginas de temas como la sexualidad, la crítica social, la política y economía, los conflictos bélicos, el horror, etc., sino que fue gracias a los autores Gekiga que el cómic japonés empezó a nutrirse de influencias externas por parte de medios como la literatura, el cine, la música, etc. Esto terminó por convertir al cómic nipón en algo más que un mero entretenimiento… permitió proyectarlo como un medio artístico.

Sinopsis

Narra la historia de un joven, que vive con sus padres, los cuales se dedican al negocio de la relojería, un día nuestro protagonista sufre un accidente en su trayecto a casa, desde ese momento su vida comienza a cambiar, comienza a observar más los relojes que le rodean hasta que gradualmente se convierte en uno de ellos.

El Expresionismo en viñetas

Si me pidieran describir a Human Clock en una sola frase, no dudaría en definirla como “un golpe a la conciencia”. Apelo a esta frase por que no deja de resultarme completamente paradójico como una industria tan fuerte y consolidada como el manga, y que se ha nutrido de la naciente era digital para traspasar fronteras de una manera bestial ha engendrado una legión de aficionados, que pese a la diversidad temática que se encuentra ante ellos, aún la siguen pensando como una exclusivamente dedicada a brindar simple y llano entretenimiento.

Desde que leí Human Clock he tenido la oportunidad de toparme con comentarios sobre dicha obra tales como: “no quiero decirlo, pero este es el peor manga que he leído…” o “no sé que demonios acabo de leer…”. Especialmente con el último comentario es que se ratifica mi pensar sobre que, como un único conjunto de aficionados fuera del país del sol naciente, se nos ha formado bajo una idea muy rígida de lo que puede o, mejor dicho, ofrece el cómic nipón. Esto invariablemente lleva a que, en contadas ocasiones, no encontremos en la penosa situación de no saber como afrontar una determinada obra, o bajo que parámetros ponderarla o apreciarla, y pasamos a considerarla una creación penosa y un cero a la izquierda dentro de nuestro camino.

Existen ocasiones en que para entender, disfrutar y apreciar una obra es necesario conocer el contexto o coyuntura que las engendro; para otras, como en este caso, es necesario entender la influencia que motivo al artista para dar vida a su creación. No se necesita indagar mucho en esta añeja obra de  Seiichirô Tokunan para darnos cuenta que estamos ante una rareza tanto para su época como para la nuestra. Aunque sea un manga casi único en su tipo, la fuente que inspiró semejante creación no es difícil de rastrear, y evidentemente no se encuentra en el cómic. Human Clock es una pieza claramente intima y personal, en donde los sentimientos y sensaciones que a lo largo de su lectura se generan en el lector son el elemento fundamental para conectarnos con lo más intimo de su creador, y en donde la historia o el sentido lógico de los acontecimientos carecen de completa importancia. Con esto queda más que claro que una de las fuentes de las que Tokunan bebió para construir tan sensorial primicia es el Expresionismo; la otra, por supuesto, es la filosofía materialista y mecanisista de Julien Offray de La Mettrie, aunque nos centraremos exclusivamente en la primera.

La sorpresa de Seiichirô Takunan

El miedo de Seiichirô Tokunan.

A grandes rasgos la corriente artística bautizada como Expresionismo, y surgida en la Alemania de inicios del siglo XX, se define como aquella en la cual el autor busca fervientemente plasmar su sentir interior anteponiéndolo a la realidad objetiva. Para ello los artistas del movimiento Expresionista se caracterizaron por realizar obras con formas distorsionadas, contornos bruscos y colores contrastados exagerando la magnitud de los temas. Y aunque en el panorama mundial del cómic, Human Clock no es ni de lejos la única que ha recurrido a dicho sustento, si es de los pocos trabajos que denotan una influencia tan marcada y evidente hacía dicha corriente.

La primera serie de páginas, todas ellas a color, innegablemente simbolizan un tributo a la pintura del movimiento Expresionista de la República de Weimar. En ellas nos encontramos con las composiciones de colores agresivas y muy contrastadas, con formas y sombras completamente deformadas, expresiones faciales alteradas y con ciertas facciones muy destacadas y fondos confusos que forman un ambiente de desorientación. En el momento en que entramos en el terreno de la narración manga, es decir, en las páginas a blanco y negro, la influencia deviene más específicamente del cine; el discurso estético tiene como motor a la angustia existencial que persigue al personaje protagonista. A lo largo de estas páginas abundan los personajes de rostros cadavéricos, las anatomías son deformadas de una página a otra, los fondos son casi inexistentes y se limitan casi por completo a mostrar el constaste total entre negro y blanco.  Además, el autor echa mano de escenas surrealistas y altamente bizarras como elemento para acrecentar el tormento y la angustia del protagonista. Con dicho mar de elementos se formula una atmósfera muy opresiva, completamente desconcertante que evoca sensaciones indeseables e incomodas en los lectores. Y toda esta realidad deformada, o carente de lógica y sentido, es reforzada por detalles como las alteraciones ortográficas que se presentan a lo largo de la obra,  o los personajes con psicología distorsionada o paranoide, y no digamos de las posiciones corporales imposibles en las que se presenta por ocasiones a los personajes.

Con todo este repertorio de elementos gráficos y sensoriales, Tokunan logra exteriorizar esta tragedia interior que se gesta viñeta a viñeta y que se compone de miedos, fantasías, sueños, deseos, angustias, etc., e impactar con gran fuerza en los sentidos del espectador. Sentidos y sentires que quizá cambien de lector a lector, pero que innegablemente son despertados gracias al poder de la imagen.

La base para el surgimiento del movimiento Expresionismo fue la decadencia moral, política y social que sufrió la Alemania de posguerra, y aunque para la época en que fue lanzado este trabajo Japón se encontraba en los albores del llamado “milagro económico”, quizá no es tan descabellado en pensar a esta obra como un elemento para plasmar esa cruda posguerra que el pueblo japonés tuvo que pasar a finales de los años 40’s.

En definitiva, y simple y llanamente, Human Clock es un arte… una bella y profunda obra de arte. Una prueba que pese a su longevidad se presenta como latente para comunicar que el manga puede engendrar trabajos de carácter totalmente artístico.

Lo mejor:

  • Una obra que pese a sus años resulta una experiencia única y sensorial, la cual muy pocas ocasiones podemos disfrutar.
  •  Pone de manifiesto que el manga también puede ser arte.
  • Por el carácter de la obra su autor no se excede en el número de páginas y todo queda perfecto.

Lo peor:

  • No ser apreciada en la forma que se debería.
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