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Reseña [Manga]: Shin Takarajima

  Autor: Osamu Tezuka
  Editorial: Ikuei Publishing
  Lanzamiento: 1947
  Géneros: Aventura
  Demografía: Kodomo
  Tomos: 1

Decir que mensualmente se publican alrededor de 900 Tankōbon (colección de capítulos, de unas 170-240 páginas, de una sola serie) diferentes, y que el 40% de la publicación editorial japonesa corresponde al manga, nos da una idea rápida y concisa de la inmensidad que representa la industria del cómic nipón en la actualidad. Pero muy posiblemente estos números no serían tan imponentes sin una figura como Osamu Tezuka; sin embargo, la mayor influencia del llamado “dios del manga” se encuentra en la forma que sus primeros trabajos impactaron a muchos jóvenes lectores que a la postre se convertirían en toda una generación que aportarían poco a poco las bases para la consolidación de esta arte secuencial. Pero sí ante de Tezuka ya existían mangakas, ¿cuál fue el aporte que él realizó para revolucionar la modesta industria del manga en la década de los 40’s?

Un poco de historia

Hasta antes del boom de Osamu Tezuka, el arte del manga se limitaba bastante a crear historias cortas de corte infantil compuestas por 3 a 6 viñetas por página, y con bastantes planos largos y alejados en los cuales la acción brincaba muchas veces de manera abrupta entre las viñetas. Tras la dolorosa derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, el manga emergió como uno de los principales medios de entretenimiento para despejar un poco las heridas del pueblo en la cruda posguerra. Durante estas fechas los libros y revistas eran poco asequibles para la población teniendo en cuenta la situación económica de Japón tras la Segunda Guerra Mundial. De tal manera que el manga hasta esas fechas tenía un éxito bastante reducido, por tanto crear historia largas era un viaje que pocos tomaban. Pero este terreno adverso no fue impedimento para que Osamu Tezuka, un joven que estudiaba para ser médico, se atreviera a romper con esta recurrente.

En 1946, y con sólo 17 años, un joven Tezuka publicó su primer manga como profesional, Maachan no Nikkichō (El diario de Ma-chan), para un año después romper la industria del manga con su segundo trabajo. Durante esas fechas Tezuka frecuentaba un club de mangakas en Osaka, y fue ahí donde conoció a Shinichi Sakai, un veterano mangaka, quien le propuso la nada desdeñable tarea de ilustrar un guión que le había encargado la editorial Ikuei Publishing. Lanzado en 1947, el nombre de este manga —y segundo de la carrera del gran maestro— fue Shin Takarajima (La nueva isla del tesoro); compuesto por aproximadamente 200 páginas (algo inusitado para la época), el manga se convirtió en un rotundo éxito al vender 400,000 copias,  iniciando la consolidación de las historias extensas, al mismo tiempo y  gracias a la implementación de técnicas cinematográficas en las viñetas, formulo un nuevo paradigma a la hora de concebir manga.

Sinopsis

La historia da inicio con una frenética conducción por parte de Pete, un joven que intenta llegar al muelle lo antes posible; debido a su veloz modo de conducir, Pete, por poco, se lleva entre las ruedas a un pequeño cachorro, pero tras un súbito frenar, el joven recoge al cachorro y lo lleva consigo rumbo al muelle. Debido a este infortunado suceso el barco al que Pete desea abordar acaba de partir, por lo cual,  el impetuoso joven y su reciente amigo toman una lancha para alcanzar al barco en medio del mar. Tras darle alcance se revela el desmedido interés por abordar el barco: “Pete tiene consigo el mapa de una Isla del Tesoro”. De esta manera es como da comienzo su trepidante aventura en la búsqueda del ansiado tesoro, que también es anhelado por un grupo de piratas que intentarán arrebatarles el mapa.

El nacimiento de la leyenda

Si hablar de mangas de hace unas tres o cuatro décadas implica, ya de por si, que la mayoría de las veces tengamos que remitirnos muy estrictamente al ambiente que se vivía durante la época de publicación, cuanto más si estamos por hablar de una autentica reliquia con 65 años a sus espaldas. Y aunque tras  leer Shin Takarajima resulta interesante contrastarla con respecto a trabajos bastante más actuales para comprender la evolución de la industria, también es muy cierto que si no somos estrictos y olvidamos el contexto en que surgió la obra, podemos terminar demeritando el contenido que acabamos de leer.

Cuando hoy en día estamos muy acostumbrados a disfrutar de mangas con dibujos muy complejos y detallados, es necesario no traer esto a la mesa y leer La nueva isla del tesoro con los ojos de un pequeñín para poder maravillarnos con la narración de esta aventura, pero sin olvidar por completo el contexto para también apreciar la inventiva y originalidad con que Tezuka marcó el futuro camino del manga. Y vista con estos ojos, la segunda obra profesional del “dios del manga” resulta una lectura divertida, agradable, de un ritmo trepidante que mantiene la atención en todo momento, pero lo más destacable es que resulta ser una historia anhelante de la cual cualquier infante desearía participar, motivo más que suficiente para captar por completo la fresca mentalidad de los más pequeños.

Pete, El Capitán, y el pequeño cachorro, corren peligro tras quedar a la deriva

Con la utilización de las viñetas a modo de cinta cinematográfica, Osamu Tezuka no sólo demuestra su gran genio y le da una nuevo sentido a la narrativa gráfica volviéndola mucho más divertida, dinámica y dotándola de una agilidad insospechada para su lectura, sino que mediante su implementación —que encamina muchísimo el sentido de lectura— busca no liar el seguimiento visual del lector, y con los acercamientos y alejamientos secuenciales busca asemejarse en la medida de lo posible a la sensación de estar disfrutando de una tranquila cinta. Por su parte el trazo evidencia la gran influencia de Walt Disney en el joven mangaka. Los personajes son muy sencillos, con rostros y físicos muy redondos, y con los ya comunes ojos grandes y expresivos; pero por encima de este estilo visual que parece no diferenciarlo de lo hasta esas fechas realizado, se encuentra la ambientación, que cuando se utiliza verdaderamente (ya que en muchas páginas es muy limitada) aporta un realce más que significativo. Aunque quizá hoy en día lo que más notaríamos del dibujo sería la forma en que Tezuka dibuja a los caníbales y enfatiza grandemente el color de su piel. De hecho no es raro oír replicas por parte de un sector de fanáticos, diciendo que Tezuka era un racista, lo cual después de conocer su carrera completa —en donde por encima de todo se dignifica a la vida— despeja cualquier tipo de duda (para muestra podemos remitirnos a leer su manga Bajo el Aire, y más específicamente la historia titulada “El hombre que busca a Joe”); no obstante tampoco podemos negar que la forma en que se plasma el color de piel en esta obra específica si resulta un tanto excesivo, pero que quizá obedece a la percepción que imperaba en esa época.

Ateniéndonos al contexto y como ya hemos hemos dicho, Shin Takarajima busca principalmente que los pequeñines se diviertan y compenetren con las vivencias de Pete, el joven protagonista, en este vibrante y mágico viaje. Pero esto es hablando de la versión original, la cual después de haber sido terminada por Tezuka con 250 páginas, fue reducida a sólo 200, y perdido algunos diálogos por orden de Sakai ya que los consideraba demasiado elevados para el público infantil. De igual manera el final tal como Tezuka lo había concebido fue cambiado, dejando un final en el cual, Pete y El Capitán, regresaban a casa después de haber vivido la asombrosa aventura. Este final evidentemente se apega más a lo que se podía realizar en aquellos entonces,  sin embargo la edición que podemos disfrutar hoy en día en lengua española, no es sino un “remake” en el cual Tezuka revindica un tanto el final apegandolo a la idea original, que como podemos constatar después de leerlo apuesta por una carga totalmente onírica. Dicho esto, resulta ciertamente discutible cómo hubiera sido la acogida del manga si se hubiera conservado la idea original que apostaba no sólo por deslumbrar a los pequeños lectores con la interesante empresa de buscar el anhelado tesoro, sino que además apelaba a una narrativa un tanto más compleja y ambigua, que innegablemente buscaba que los niños echaran a volar su imaginación y construyeran, al igual que el joven Pete, sus propias aventuras mágicas. Pero ahora esto es meramente anecdótico.

En definitiva estamos, muy probablemente, ante el manga capital más importante de la historia. Una obra revolucionaria en todos los aspectos, que quizá hoy en día veamos como arcaica y de técnicas muy evidentes, pero que para la época significo un tremendo paso hacia una narrativa visual mucho más compleja y atractiva.

Lo mejor:

  • No es sólo disfrutar de un manga clásico, clásico; es asistir a uno de los momentos clave del manga en general y de la carrera de la figura más significativa en la historia del manga.
  • Es una lectura ágil, trepidante, que no da respiro, y que aprovecha muy bien el dinamismo de las viñetas a modo de tira cinematográfica.
  • Tiene ciertos momentos cómicos bastante interesantillos aún para la época y la audiencia para la que fue planeado.

Lo peor:

  • Que Tezuka no utilizara en más páginas los fondos que tan bien le quedaron en reiteradas viñetas.
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